Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

Las ovejas perdidas están perdidas; no tienen, ni mucho menos, el sentido de la orientación de los perros, y hay que ir en su busca si se las quiere recobrar. Lo sabe muy bien el pastor. Para él, una sola oveja no es una cantidad despreciable, y no puede desentenderse de su suerte. Las monedas perdidas están perdidas, y no vuelven por sí solas a la hucha, la caja o el cofre en que se guardaban. El juego de las diez arras solo está completo cuando se ha barrido la casa y se ha encontrado la extraviada. Y la alegría de la mujer, como la del pastor, se vuelve contagiosa. La acucia contar su hallazgo, como la ha acuciado la búsqueda afanosa de la moneda.
Las parábolas de hoy nos hablan de una de las fuentes de la alegría de Jesús. Cuando regresan los discípulos de la misión, en la que han curado enfermos y expulsado demonios, él se siente lleno de la alegría del Espíritu Santo: ve caer del cielo a Satanás, percibe la expansión del Reino de Dios. Otro momento en que lo inunda la alegría es justamente la conversión de los pecadores, a los que, ejerciendo su “dulce locura de misericordia”, rehabilita ante Dios. Ahí está la clave de su conducta de acogida y de la comunión de mesa.

En cada uno de nosotros, cuando nos alejamos del Padre, ve Jesús una oveja perdida; él, el buen pastor, sale en nuestra busca, porque le importamos. Él sabe también que Dios nos ha hecho monedas de buena ley, que estamos formados a imagen y semejanza de Dios mismo y que llevamos acuñada en nosotros su imagen. Y quiere limpiar en lo más hondo del corazón esa imagen empañada por la culpa.
Hace 11 días celebrábamos la memoria de san Antonio María Claret. Se sentía acuciado por el estado y la suerte de los pecadores. Decía: “Están como delirantes. Por lo mismo, son más dignos de compasión, no los puedo abandonar, sino trabajar por ellos para que se salven y rogar a Dios por ellos, diciendo con Jesucristo: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen ni lo que dicen’”.

Vuestro amigo
Pablo Largo

Comentarios

Deja tu mensaje:

Padre Hugo
Padre Hugo

el 4/11/10
La alegría de Cristo por nuestra conversión, me parece importante insistir en este aspecto. De ahí deriva la alegría de ser cristiano y prolongación de Cristo al seguir edificando su Reino.
Me gusta 0
vicente condori
vicente condori

el 4/11/10
Los escribas y fariseos se consideran a sí mismos como el verdadero pueblo de Israel y descalifican a los publicanos y pecadores como gente con la que no vale conversar ni mucho menos compartir la mesa. Jesús ve la cosa de otro modo. Su misericordia es tan grande que va al encuentro para sanar, para curar, para perdonar, ...Todos, cristianos o no, hemos pecado más de una vez; pero Dios, el buen pastor, nos busca y nos encuentra para perdonarnos. Demos gracias al Señor por darnos la oportunidad de pertenecer a su rebaño.
Me gusta 0
juan jose
juan jose

el 4/11/10
muy buen comentario...muchas gracias...
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.