Comentario al Evangelio del

Pablo Largo

Queridos amigos:

Esta vez los cálculos son al revés. El terrateniente se prometía larga vida, y solo le quedaba un mezquino puñado de horas; ahora los criados desean la llegada temprana del amo, y quizá solo aparezca de madrugada. Las primeras comunidades cristianas aguardaban con impaciencia la llegada inminente del Señor; y en algunos casos la espera pudo ser espasmódica, azuzada por la certeza de que la venida se produciría de un momento a otro. En esos casos, el deseo juega malas pasadas y se sufren alucinaciones: uno cree oír los pasos del Señor, a otro le parece que ya ha llamado a la puerta. Pero el tiempo pasa y el Señor no vuelve; la espera se hace larga y la tensión se afloja; el criado empieza a dar cabezadas, o a desmandarse.

Sucedía en las primeras comunidades y sucede también en las nuestras. Nos pasa como a los impacientes del proverbio chino: “vemos un huevo y ya queremos oírlo cantar”. El latifundista era un iluso; nosotros podemos ser unos impacientes de manual, acuciados por ver el cumplimiento inmediato de lo que deseamos. El párroco querrá, no solo que sus planes pastorales se cumplan a golpe de calendario, sino que la gente madure precozmente; la maestra, que los alumnos díscolos cambien de actitud a la segunda semana; el comerciante, que el número de ventas crezca cada día de modo exponencial; el cristiano, llegar en dos trancos al tercer grado de humildad y a las séptimas moradas (y acaso cree gozar ya de experiencias místicas cuando, en realidad, lo que le pasa es que sufre trastornos alimenticios). La cultura actual nos orienta en ese sentido: queremos ritmos rápidos, procesos vertiginosos de maduración, resultados inmediatos y tangibles. El tiempo, la duración, pone a prueba nuestros deseos, nos somete a su dura ascesis, a su exigente reto. Esto significa que muchas veces habrá que dar tiempo al tiempo y que es bueno hacer las paces con la duración, y quizá también leer el libro “Elogio de la lentitud”, de Carl Honoré.

Hoy podemos pedirle al Señor que nos conceda la sabiduría de vivir la duración, ese tiempo que es muy lento para los que esperan y muy corto para los que gozan (Shakespeare).

Con mi saludo
Pablo Largo

Comentarios

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Eduardo. Mex.

Eduardo. Mex.


el 19/10/10
Caro Pablo: muy atinada reflexión. Nuestro Padre te siga bendiciendo.
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Octavio

Octavio


el 19/10/10
Se me ha hecho interesante la reflexion que has dado. El dia de manana tendre una celebracion de la Palabra y me ha dado muchas luces para poder compartir la palabra de una manera sencilla y entendible. Dios te siga iluminando, guiando y fortaleciendo en tu respuesta diaria a Dios. Dios te Bendiga
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juan Fernando

juan Fernando


el 19/10/10
gracias por tus comentarios, es una ayuda para mi reflexion diaria. Dios te bendiga
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Javier

Javier


el 19/10/10
Hay una parabola muy padre que circula en e-mails en diapositivas, sobre el liquen y en bambu. Como una crece rapidamente y como la otra tiene que pasar un largo tiempo para que forme sus raices y su estructura resistente salga en el tiempo apropiado, creo que se pudiera añadir a la reflexión que da Pablo Largo, la cual la veo bastante oportuna, esperto tomar algunos elementos que comparte para mi reflexión que daré como octavio en una celebración por la tarde. Saludos!!
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Azucena

Azucena


el 19/10/10
Cierto. Tenemos un proyecto pastoral y queremos que se realice, que se haga realidad ¡ya! que los objetivos se cumplan en este mismo curso. Sí, tienes razón Pablo, la cultura actual nos está contagiando su ritmo vertiginoso. Y no sólo al párroco sino a los laicos/as que programos como si la iglesia no fuera una comunidad fraterna, sino una empresa de beneficiios unicamente materiales. Gracias por la profunda y realista reflexión.
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Méder

Méder


el 19/10/10
Hola. Gracias por el comentario. Hay que difundir más a su pagina q es muy buena. Yo me comprometo a haceles un poco de publicidad con las personas que conozco. Saludos desde Argentina.
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macadenen

macadenen


el 20/10/10
´Dichosos los que esperan porque serán bien recompensados en la eternidad de los cielos.´
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