Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

 

La fe, don y salvación nuestra 

 


 

      Hay dos aspectos en las lecturas de este domingo que pueden hacer que centremos la atención en uno y nos olvidemos del otro. Tanto en la primera lectura como en el evangelio aparece la figura del leproso. En las dos se produce la curación. Ese es un primer punto en el que fijarnos: Dios cura al que está enfermo de lepra. Pero hay un segundo aspecto no menos importante: en las dos lecturas se subraya que uno de los curados da las gracias por el favor recibido. Curación por parte de Dios o de Jesús y acción de gracias por parte del que ha sido curado. Y una conclusión sorprendente de Jesús: “Vete, tu fe te ha salvado.”

      Lo primero es el milagro, la curación. No es casualidad que Jesús cure a unos leprosos. Es muy importante ver los tipos de enfermedad que cura Jesús. En este caso, curar a un leproso significa devolver a la sociedad al que había sido marginado y apartado. La lepra era entonces una enfermedad temida por lo contagiosa que se suponía que era. Eso hacía que las personas enfermas de lepra fuesen apartadas de la vida social y condenadas a la marginación total. Tanta era la marginación que en el lenguaje actual se dice de una persona que es como un leproso para expresar que esa persona es despreciada por las demás, que nadie quiere tener trato con ella.

 

Más allá del milagro físico

      Jesús, al curar a los leprosos, va mucho más allá de hacer un puro milagro físico. Los reintegra en la sociedad, los convierte en miembros activos de la sociedad. Les indica que se presenten al sacerdote –era el que certificaba la curación y su vuelta a la normalidad– con el fin de que su curación sea también una curación “social”. Lo mismo se puede decir de Naamán, el sirio. También él, a pesar de ser un personaje importante en su país, corre el riesgo de perderlo todo, de dejar de ser alguien, por haber contraído la odiada enfermedad. La curación le devuelve a su posición social, le hace volver a ser persona, sujeto de derechos y deberes. 

      No sé si nosotros podemos curar la lepra de un plumazo, mediante un milagro. No tenemos ese poder. Pero sí podemos hacer del esfuerzo por integrar, por acoger, por luchar contra cualquier forma de marginación, una de las actitudes principales de nuestra vida cristiana. Entonces, nos pareceríamos a Jesús que acoge todos, que integra, que no margina a nadie, que con todos habla, con todos se sienta y dialoga, que no tiene miedo de frecuentar las malas amistades porque a todos ofrece el reino, la presencia viva del amor de Dios que quiere sentar a todos sus hijos e hijas en torno a la única mesa del banquete de la vida, sin excluir a nadie, sin que nadie, por ninguna razón, se quede fuera. 

 

Agradecidos

      Pero hay otro tema en estas lecturas que también es importante para nuestra reflexión y para llevarlo a la práctica en nuestra vida cristiana. Es el agradecimiento. Naamán, el sirio, se siente curado y de su corazón brota la necesidad de volver a presentarse ante el profeta y ofrecerle un regalo, un signo no sólo de lo bien que se siente sino de su reconocimiento a lo que el profeta ha hecho por él. La respuesta del profeta le lleva a darse cuenta de que ha sido Dios mismo, su gracia, su fuerza, quien ha obrado el milagro. Y a él se vuelve agradecido: en adelante no reconocerá a otro Dios más que al Señor. Naamán se ha dado cuenta de que la vida, y todo lo que ella conlleva, es don de Dios. 

      Lo mismo se puede decir del leproso, sólo uno de los diez, que vuelve a Jesús para darle gracias. Ha experimentado igualmente que su curación ha sido un don gratuito de Dios, que le ha recreado y le ha devuelto a la vida, a la sociedad, a ser una persona como los demás. Dice el evangelio que volvió “alabando a Dios a grandes gritos”. Debía pensar que Jesús era un gran profeta pero su punto de referencia estaba centrado en Dios, el creador, el todopoderoso, que en lugar de destruir y aniquilar se goza en regalar vida y esperanza, amor y misericordia. El mismo Jesús lo confirma en sus palabras finales. Este leproso es el único que ha vuelto “para dar gloria a Dios”.  Ante él, ante Dios, no hay pago posible. No se pueden comprar los dones de Dios. Sólo queda la acción de gracias, vivir agradecidos.

      Y para concluir, las últimas palabras de Jesús. La salvación no es fruto del milagro. El milagro es la acción de Dios que transforma a la persona. Pero la salvación no se produce automáticamente. Necesita de la colaboración de la persona. Necesita que la persona acoja la acción de Dios y reconozca en él al que le ha dado la vida y todo lo que tiene. La salvación se produce en esa misteriosa complicidad entre la acción de Dios y la respuesta de la persona. Ahí brota la fe y la salvación. Ni es sólo acción de Dios ni es sólo fruto del compromiso o esfuerzo humano. Son los dos, Dios y cada persona, mano a mano, los que obran la salvación.

Comentarios

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Federico
Federico

el 5/10/10
Resulta muy conmovedor la manera como Jesus realiza los milagros, un hombre siempre lleno de ternura , que no se fija nunca en apariencias humanas sino que dirije su mirada al interior del hombre y con esto sabe si la persona puede recibir la gracia del milagro. y ahi esta esta gracia maravillosa de este leproso de naaman el sirio brota este hermoso sentimiento de gratitud. !ojala que con milagros y sin milagros seamos siempre agradecidos y que nunca defraudemos la confianza de DIOS ¡.
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eusebio
eusebio

el 6/10/10
solo inspirado por Dios se puede hacer una reflexion tan profunda felicitaciones
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MAguico
MAguico

el 7/10/10
Nuevamente el Señor nos invita a tener amor por nuestro prójimo y ha estar siempre agradecidos por todo lo bello que nos ha entregado, no debemos olvidar que la Fe, es la que nos hace llegar a tener ese encuentro con Jesucristo y todo lo que pidamos con verdadera Fe se puede cumplir, debemos reflexionar cada dia sobre nuestras acciones.
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Christian
Christian

el 9/10/10
Todo encuentro con Jesus es transforamdor, sanador, liberador. No es posible estar en contacto con el Maestro y continuar siendo el mismo. Su mirada cautiva, su palabra fascina, su presencia embeleza, pero sobre todo su amor, misericordia, bondad y generosidad re-crea el ser humano. Por lo tanto, como consecuencia de esta experiencia ha de brotar una plegaria espontanea de gratitud y alabanza al Dios omnipotente.
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arquimedes
arquimedes

el 9/10/10
Gracias por esta bella y conmovedora reflexión.
Sólo aquel que reconoció la acción de Dios pudo la liberación total y definitiva: La salvación. Abramos nuestra mente, nuestro corazón para maravillarnos de la acción de Dios en nosotros y en nuestra comunidad, y vivamos agradecidos.
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Cecilia
Cecilia

el 9/10/10
"El milagro es la accion de Dios que transforma la persona". Que maravilloso es descubrir la accion de Dios en mi vida y en la vida de las personas que se han sentido tocadas, sanadas por el amor y la misericordia de Dios. Yo puedo dar testimonio del amor de Dios en mi; El cambio mi vida, el transformo todo mi ser y mi actuar. El llena mi vida !
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Antonio
Antonio

el 10/10/10
Que grande es ser agradecido, sólo volvió uno y era un "samaritano". Ojalá seamos como él que sepamos decir: gracias Señor,gracias, todo lo de más puede esperar menos el agradecerte por todo lo que me das, no te olvides nunca que hay muchas personas que están esperando que regreces con palabras de agradecimiento, que esto se cumpla por tu fe.
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ana mercedes
ana mercedes

el 10/10/10
El señor es grande y misericordioso, por eso debemos seguirlos siempre y amar al projimo como elo no ha amado a nosotros mismo. y no perder la fe .
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German Retana
German Retana

el 10/10/10
Jesùs es el Dios misericordioso, que esta siempre atento a lo que necesitamos, y nos regala muchos dones sin esperar nada a cambio nuestro, puesto que de nosotros debe salir el ser agradecidos por todo lo que recibimos a cada instante, debemos poner nuestra FE en el Todopoderoso, en El que es el Caminoo, la Verdad y la Vida. Nosotros debemos participar de este reino de justicia, amor y verdad no excluyendo a nadie por su condiciòn ya que ante Jesùs todos somos hermanos y valemos igual, ante El no existen pobres ni ricos, solo hijos de un mismo padre, por eso debemos de ver a nuestros hermanos (as) con ojos de amor, misericordia y orar por todos, ayudar con una sonrisa, un saludo, un pequeño servicio, pero sobre todo con una humildad y entrega que solo Dios nos pueda dar y sin esperar n » ver comentario
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jose.mexico
jose.mexico

el 10/10/10
en esta mi patria tan enferma de la lepra de la violencia y la complicidad, debe haber muchos que como los personajes de las lecturas vuelvan a dar gloria a Dios con su compromiso y su servicio por la sanación-salvación de los demás. Gracias por las ecxelentres reflexiones.
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Angeles
Angeles

el 10/10/10
En encuentro con Jesús transforma y enriquece siempre. Tanto Naaman como el ciego del Evangelio pertenecen a un pueblo diferente al Judío y los dos son sanados, el amor de Jesús es para todos y El no mira las diferencias a todos nos acoge y nos sana.
El agradecimiento brota del corazón que acoge la salvavión como don y al que es diferente como regalo de Dios.
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Aida Rolon
Aida Rolon

el 11/10/10
Muy lindas enseñanzas del gran Maestro Jesús , un camino , personas y la FE. Gracias desde Formosa - Argentina. Pedimos oración por nuestro Hijo Carlos Ignacio que nacerá Dios mediante en Diciembre 2010. Gracias a Todos.
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anghela
anghela

el 14/10/10
Siempre que tengas a jesus en tu corazon tu vida enriquece de cosas maravillosas.
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 nathalia
nathalia

el 15/10/10
porque no aparece el evangelio ejemplo
san lucas 12 del2-36
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