Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Nos cuesta creernos algunas cosas. Nos termina resultando más fácil rezar muchos rosarios o hacer muchos sacrificios o ir muchas veces a misa que tomarnos en serio en nuestras vidas el mensaje que hoy se repite en la primera lectura y en el evangelio. 

      El mensaje se repite prácticamente aunque use diferentes términos. Para Pablo en la primera lectura es claro que la salvación viene de la fe y no del cumplimiento de una ley que pertenecía a una tradición cultural concreta. Esa salvación es para todos los hombres y mujeres porque en Cristo se ha manifestado el amor de Dios para todos sin excepción. A partir de esa afirmación Pablo concreta que ya no hay distinción entre “judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres.” Todos somos uno en Cristo, todos somos herederos de la promesa. 

      Lo mismo se puede concluir del evangelio. La mujer que grita a Jesús quiere subrayar la importancia de los lazos de sangre. Pero Jesús está en otra onda, está en la línea del reino. Y el reino es para todos los hijos e hijas de Dios. El reino nos descubre otra realidad más verdadera y más profunda que cualquier otra: la relación de familia con Dios es la verdadera relación que fundamenta la comunidad humana. En definitiva, lo mismo que decía san Pablo. Jesús, y Pablo con él, rompe todas fronteras, supera todas las divisiones. Hoy podríamos decir que no hay ni gitanos ni payos, ni nacionalistas ni no-nacionalistas, ni izquierdas ni derechas porque cuando reconocemos a Cristo como el centro de nuestra vida, todos nos sabemos pertenecientes a la misma familia. 

      Claro que una cosa es decirlo y otra hacerlo. Nos da miedo a veces tender la mano al que es diferente. Nos sentimos más cómodos en nuestra casa. Lo otro se nos presenta como una amenaza. A la hora de rezar el Padrenuestro damos sin problema la mano a la esposa/esposo/hija/hijo/padre/madre... que está a nuestro lado. Pero nos cuesta dar tender la mano al desconocido y mucho más al mendigo que se ha refugiado en la iglesia durante la misa porque es el único lugar donde puede estar caliente. Vamos a tener que cambiar nuestra forma de relacionarnos para hacer verdad las palabras de la Palabra. 

Comentarios

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veronica
veronica

el 9/10/10
es cierto, nosotros los que nos llamamos catòlicos, dentro de la misma iglesia somos selectivos, cuando estamos en misa me fijo que la paz se da entre la misma familia o amigos, con una sonrisa y un abrazo, y a veces al extraño que está a la par lo ignoramos, en la iglesia que yo visito hay muchos méndigos que se refugian como dice el Padre mientras la iglesia está abierta, ayer estando en misa a la hora de la consagración, se acercò una señora méndiga, y se puso a la par mía, había espacio para que ella se sentara y se lo cedí, pero no se sentó, en ese momento comencé a decirme a mi misma, ayudame Señor para no ser discriminativa e ignorar a la señora, un día yo también voy a ser anciana, y no se como me irá economicamente, si terminaré en esta misma situación de la s » ver comentario
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