Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz. Misionera Claretiana (rosaruizrmi@yahoo.es)

Venimos comentando esta semana, de la mano de Pablo, el proceso que todo ser humano está llamado a vivir: de ser simples criaturas (seres vivos como los peces o los árboles, ligados a un ciclo vital más o menos determinado, dentro de lo esperable, de lo necesario…) a ser personas de espíritu, personas libres que viven de pie, que eligen, que disciernen, que dicen sí y dicen no, que van haciéndose una sola cosa con el Padre poco a poco, creciendo cada vez más. Hoy Pablo nos da una clave clara para saber por dónde andamos en este recorrido vital: Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo humano. La división, las envidias y enfrentamientos no proceden de Dios, como no procedía la cizaña en el campo aunque Dios la deje crecer también.
El mismo Jesús, si somos fieles a la fe que profesamos en el Credo, tuvo que ir haciendo humanamente este proceso. Era verdadero hombre y verdadero Dios. El hombre Jesús fue creciendo en edad, en estatura y en gracia, en sabiduría... es decir, fue aprendiendo a vivir según el Espíritu de Dios, según sus criterios y prioridades. Getsemaní lo muestra con toda claridad: no se haga mi voluntad sino la tuya…

Y llegar aquí no fue cosa de un día ni se improvisó. Los evangelios nos muestran a un Jesús cotidiano y oculto (¡la mayoría de su vida!); un Jesús que se retiraba a orar, que buscaba el silencio y la escucha del Padre; un Jesús que se dejaba conmover ante cualquier dolor y sufrimiento, ya fuera una mala fiebre como en la suegra de Pedro, ya fuera el drama de un endemoniado. Iba con su madre y sus amigos a las bodas (al menos la de Caná), comía y bebía cuando tocaba hacerlo porque le llamaban comilón y borracho. Era amigo de sus amigos, comía y cenaba en sus casas disfrutando de la conversación y el encuentro. Corregía sin temor y decía lo que el Padre quería que dijese, aún sabiendo que muchos se le echarían encima.

Y no creo que nada de esto sea casual o accesorio. Todo lo que vivimos cada día, en lo pequeño y en lo grande, va haciendo que crezcamos o nos quedemos estancados; que seamos gente de espíritu o gente sin criterio, traídos y llevados por lo que toca, por lo que apetece o no apetece; gente fría e impasible o gente que se deja conmover por los dolores y alegría de los demás. La decisión y el deseo de vivirlo de un modo u otro, es nuestra. Dios ya pone su gracia.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz. Misionera Claretiana (rosaruizrmi@yahoo.es)

Comentarios
Hija de Dios. Hija de Dios.
el 1/9/10
Querida Rosa...deacuerdo estoy contigo en que hemos de ser todos, sensibles como Jesús ante cualquier dolor y compasivos ante cualquier defecto o error, incluso con nosotros mismos...pero hay álgo que he descubierto, que no es cosa mía y que me gustaría mucho compartir contigo...
Es la sorpresa de ver cómo Jesús quiere parecerse a nosotros en todo, porque es como nosotros en todo aunque no fuera un hombre tan sólo porque tenía la Divinidad de todo un Dios.
Fíjate bién en esos pasajes que ya conocemos y que sólo hay que repasar con todo el Amor que Dios nos da a todos...
En Getsemaní...no sólo Cristo dijo se haga tu voluntad, sino también, pase de mí éste cáliz...porque no lo quería, porque no lo merecía, pero tuvo que aceptarlo por caridad...
En Las bodas de Caná... » ver comentario
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raquel raquel
el 1/9/10
soy misionera de la provincia del chaco, y me gusta todo los comentarios q hace la hermana, xq me ayuda a crecer y ver mas claro las cosas, y ponerlas en practica en la mision. gracias
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