Comentario al Evangelio del

CiudadRedonda

Este Natanael es un buen modelo de discípulo. Tiene sus prejuicios, como cualquier hijo de vecino. Probablemente no los ha sometido todos a un examen riguroso. De hecho, la pregunta “¿de Nazaret puede salir algo bueno?” casi parece una negación. Pero Natanael deja un resquicio a lo inverosímil, no vaya a abrirse paso la verdad justo por esa pequeña e improbable hendidura; hay que explorarlo todo, aun lo que, en mi mayor o menor mundo mental, parece poco menos que imposible, si no imposible del todo. Así que Natanael hace caso a Felipe (que es una figura importante en el cuarto evangelio) y se deja conducir por él.?El segundo paso de este camino de Natanael es una segunda pregunta. Esta no revela desconfianza, sino sorpresa. Jesús, que sabe lo que hay en los corazones de los hombres, los conoce también cuando se sientan o se levantan. Es probable que Natanael, sentado bajo la higuera, estuviera leyendo el Libro de la Ley, quizá algún pasaje de contenido mesiánico. Ahora, de golpe, el hombre que escrutaba las Escrituras se encuentra con ese Mesías que lo sabe todo “y lo enseñará todo” (Jn 4).?Ha bastado ese signo para que Natanael confiese que Jesús es el Hijo de Dios, el Rey de Israel. Quedan otros pasos que dar, porque la verdad de Jesús no se agota en esos títulos, que casi pertenecen a una cristología alta. Pero, en realidad, el nuevo discípulo sólo está al comienzo de una historia de revelaciones de la gloria de Jesús, que dilatarán y ahondarán su fe. Así va haciendo camino; así se va adentrando más y más en la verdad de Jesús, en su misterio insondable.

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