Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Lo que dice la primera lectura de hoy nos parece que es de justicia elemental. En nuestras sociedades modernas donde creemos en el imperio de la ley y en la igualdad de todos ante esa misma ley nos parece una aberración absurda que los hijos vayan a sufrir una pena por los delitos cometidos por sus padres. A ningún juez se le ocurriría imponer una condena al hijo por algo que haya cometido su padre o su madre. Perdería su cargo. 

      Pero la vida va más allá de los tribunales de justicia. Y no deja de ser cierto que los hijos penan por las culpas de sus padres. Y también es cierto lo contrario: que los hijos disfrutan de los aciertos de los padres. Por mucho que nos empeñemos no somos seres individuales, del todo aislados y separados de los otros. Nuestra individualidad está transida de relación. No se entiende la vida de la persona sin la relación familiar y social. Vivimos en gran medida de los aciertos y errores de nuestros padres, de nuestros antepasados, de la sociedad en que vivimos. Hasta lo que sabemos, nuestras ideas, nos vienen como de un río a través de las generaciones. 

      Los hijos terminan pagando, pues, en muchas ocasiones los errores de sus padres. Pero no debería ser así. A las personas se nos debería dar siempre la oportunidad de comenzar de nuevo, con nuestro saldo en positivo. La sociedad es a veces cruel y los hijos pagan un alto precio sin que hayan tenido nunca ninguna responsabilidad personal. 

      Jesús deja que se le acerquen los niños, los bendice. ¿De quién eran hijos aquellos niños? ¿Eran todos de buena familia? A Jesús le da lo mismo. “De los que son como ellos es el reino de los cielos”. Los niños no saben nada de lo que les puede caer encima, de lo que es posible que ya les esté cayendo encima. No tienen responsabilidad. Viven en una cierta inocencia. Jesús les impuso las manos y se marchó de allí. Para nosotros nos queda el mensaje de que no debemos hacer ninguna distinción entre las personas. Lo nuestro es mirar al corazón, allí donde Dios fija su mirada en cada persona, y descubrir la inocencia del hijo, de la hija, que es amado/amada por Dios. Todo lo que recubre ese centro es, muchas veces, casi siempre, el fruto de los errores y las equivocaciones de la sociedad, de las otras personas. Pero nada puede tapar del todo y para siempre el amor de Dios. 

Comentarios
vicente condori vicente condori
el 14/8/10
Debemos ser como los niños: humildes y receptivos a la palabra de Dios, alegres y positivos para encarar los problemas, sinceros y agradecidos de Dios por lo que nos da ...
Me gusta 0
Macadenen Macadenen
el 15/8/10
nodotros debemos de tener el corazon de un niño con ese mismo nivel de pureza y de inocencia, debemos de confiar en los demas a si como lo hace un niño con un desconocido
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.