Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf
Queridos hermanos:

Acerca de algunos apóstoles de Jesús los evangelios sólo nos dan a conocer el nombre. Luego surgió la leyenda antigua o medieval que los convirtió en fundadores de determinadas iglesias, que se buscaban desesperadamente raíces apostólicas. Con Tomás “el mellizo” hemos tenido algo más de suerte, aunque ésta en parte se deba a su escasa prontitud para creer: “si no veo en sus manos…”. Algunas sectas de los primeros siglos, basándose en su nombre-apodo, convirtieron a Tomás en mellizo con Jesús.

El apóstol Tomás guarda un cierto parecido con Pedro, y en algún aspecto hasta le supera. En la noche de despedida, así como Pedro no entiende lo del lavatorio de los pies, Tomás se siente superado por el discurso de Jesús sobre su inminente partida: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14,5). Algún tiempo antes, cuando Pedro se oponía a que Jesús subiese a Jerusalén para sufrir la pasión, Tomás exhortaba decididamente a los compañeros: “vayamos también nosotros y muramos con él” (Jn 11,16).

Pero el más amplio recuerdo que nos ha conservado la tradición evangélica sobre este apóstol es el que nos presenta la liturgia de hoy: Tomás, uno de los Doce, ya ausente ya presente en el grupo, incrédulo primero y creyente después. Probablemente el cuarto evangelista se ha servido de su historia peculiar para ofrecer una lección a la iglesia de todos los tiempos: ciertamente ha sido importante el testimonio y mediación de otros para que a nosotros nos haya llegado la fe; pero a Jesús no basta conocerle de oídas, sino que es preciso entrar en contacto, en comunión con él, esa comunión que aquí se expresa en términos de palpar sus llagas, ya gloriosas. La mística vio en el contacto con la llaga del costado un adentrarse en el corazón de Cristo, lo que se plasmó en la oración: “Lanza de Longinos, mano de Tomás, dejadme a mí también entrar”.

Algún evangelista sale al paso de la confusión entre una aparición de Cristo Resucitado y un fantasma apoderándose de la imaginación de los discípulos. La afirmación del contacto “físico” con las llagas del Crucificado da “objetividad” a las experiencias pascuales e impide que se confunda la fe en la resurrección con la convicción platónica de la “inmortalidad del alma”. El Resucitado es el Encarnado corpóreo; en él lo terreno y material ha sido glorificado por el poder del Padre. Y la confesión de fe de Tomás es el reconocimiento de esa presencia inabarcable y sobrecogedora.

Los apóstoles son mucho más que el mero fundamento histórico de la existencia de la iglesia: son una llamada constante a que ésta haga suya la experiencia de aquellos y un correctivo también permanente a las posibles deformaciones de la fe.
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios

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Teresa García
Teresa García

el 1/7/10
Tal y como lo dices, me queda más humana la duda de Tomás y el pensar la manera de hacercarnos a Jesús de reconocerle para viver como El. Nunca lo pensé así, pero me gusta y lo comparto contigo.
¡Gracias!
Tere
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evencioofm
evencioofm

el 2/7/10
Me gusto mucho la perspectiva de la reflexion. Juntar la experiencia de la fe con la cercania y constatacion fisica le da un valor mucho mayor al encuentro con la persona de Jesucristo, "verdadero Dios y verdadero Hombre". Atraves del aporte de nuestro hermano Severiano, me siento enriquecido en el espiritu. Dios les bendiga.
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anónimo
anónimo

el 3/7/10
"...te conocía de oídas, y ahora te han visto mis ojos"; me recuerda mucho a Job.
Dios que nos supera y no podemos comprenderle al 100%. Danos Señor, la gracia de estar en comunión contigo.
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