Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf
Queridos hermanos:

El comportamiento de Jesús que nosotros solemos contemplar como admirable y edificante no pudo resultarlo para muchos de sus contemporáneos. En aquella sociedad, no ya muy religiosa sino totalmente religiosa, el hombre de Dios debía ajustar su vida a una serie de convencionalismos indiscutidos. Y aquí viene el desconcierto causado por Jesús. Él, que no cesa de pregonar la voluntad del Padre e invitar a vivir de acuerdo con ella, a veces parece alejarse, escandalosamente, de ella.

En aquel ambiente socio-religioso se establecía una separación nítida entre justos y pecadores, puros e impuros, con unos claros patrones para asignar su puesto a cada uno. Los “publicanos” o recaudadores de impuestos pertenecían inconfundiblemente al sector de “los malos”, y no sin motivo. Su oficio los exponía a la tentación constante de trampear, cobrando más de lo legalmente establecido y quedándose con una parte de lo recaudado. Eran además traidores a la patria, pues estaban al servicio del poder romano de ocupación. Y el contacto con los representantes de dicho poder, paganos, los hacía incurrir en “impureza”.

En la escena evangélica de hoy, el escándalo producido por Jesús es mayúsculo: no es un hombre “prudentemente” amplio, que tolera que algún publicano se le acerque; es él mismo quien llama a Mateo a su seguimiento y quien, para exasperación de todos los “observantes”, parece complacerse en que “publicanos y pecadores” se sienten a la mesa con él. La coplilla se la gano a pulso: “comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Mt 11,19).

Ayer veíamos a la multitud admirada de la “autoridad” de Jesús, que perdonaba pecados. Hoy esa autoridad se torna libertad que descoloca. Ya no se sabe dónde está lo santo y dónde lo apestado. El Jesús que tiene halo inconfundible de profeta, de hombre de Dios, opta por los pecadores, por los que todos entendían como “desagradables” a Dios. Su inmenso manto de misericordia arropa a “los otros”, a quienes correspondía “estar fuera”. Indudablemente el proceso religioso contra Jesús no se originó de la noche a la mañana. La desorientación causada por su proceder queda bien de manifiesto en la conocida pregunta-admiración de los guías religiosos de Israel: “¿hasta cuándo nos vas a tener en vilo” (Jn 10,24).

Y Jesús sigue descolocando hoy a su Iglesia, a cada uno de nosotros, que desde niños fuimos enseñados a huir de las “malas compañías”. Muchos cristianos, por diversos motivos, a veces bien razonables, se están quedando fuera. Los ensayos de pastoral de alejados, de atención a excluidos de los sacramentos, o a excomulgados, no acaban de adquirir carta de plena ciudadanía. Si nos fijamos en Jesús algo queda claro: en caso de equivocarnos, es preferible que se deba a exceso de misericordia.
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios
ignacio ignacio
el 2/7/10
De verdad muy iluminadoras las palabras. Gracias.
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Irendegut Irendegut
el 2/7/10
Especialmente bueno y agudo su comentario P. Severiano, sobretodo el útimo párrafo. Ojalá muchos católicos tomemos conciencia de lo que dice y seamos fieles al estilo de Jesús. En mi tierra se diría: "hay que embarrarse las manos". Gracias por tocar ahí donde pocos se atreven.
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vicente condori vicente condori
el 2/7/10
Hoy Jesús mismo se define como Médico que cura y sana el cuerpo y el espíritu de los enfermos de los pecadores. Nos exige que tengamos misericordia con ellos para acogerlos con cariño y no despreciarlos. Es una tarea muy difícil porque siempre deseamos alejarnos cuanto más podamos del pecado y de los pecadores. Pidamos a Dios para que siempre nos llene con su amor para dar a los que más lo necesitan.
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breenda:) breenda:)
el 2/7/10
Muy linda la palabra. me llamo brenda temgo 13 años estudiante de secundaria
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