Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

 

Queridos hermanos:
 
“Déjame en paz, que no me quiero salvar”, cantábamos hace unos años desde aquella demasiado convencional rebeldía juvenil. Tal vez esa sería la canción adecuada para los habitantes de Gerasa, que no soportan a Jesús llevando la salud a su comarca.
 
No sabemos cuántas tradiciones, unas históricas y otras legendarias, se han entremezclado en la narración evangélica que hoy se nos ofrece. En todo caso, su conjunto sirve al evangelista para dibujar a un Jesús enemigo del sufrimiento humano y cuya cercanía produce salud y reconduce a los trastornados al buen sentido. En la época de Jesús a los dementes se los consideraba víctimas de poderes diabólicos, sobrenaturales; aunque no faltan esfuerzos por buscar explicaciones de índole más “intramundana”, como el influjo de los astros (así el niño “lunático” de Mt 17,15).
 
En el caso que hoy se nos presenta, los enfermos no quieren curarse, tienen un “demonio interior” que clama por sobrevivir (para la mentalidad judía los impuros cerdos eran el más adecuado acomodo de demonios). Por otra parte, alguna economía (en este caso basada en la cría de cerdos; estamos fuera del mundo judío) puede también quedar afectada por la acción sanadora de Jesús, cosa que sucede con tanta frecuencia en nuestro mundo. Y hay que optar entre una “enfermedad rentable” y una sanación que implica desprendimiento.
 
Se nos plantea a nosotros la pregunta radical: ¿hasta dónde estamos dispuestos a dejar que Jesús entre? ¿cuántas estructuras, comodidades, situaciones enfermizas, estamos prontos a permitirle que toque, sane o elimine? En realidad se trata de una obra iniciada hace ya mucho tiempo, en nuestro bautismo y primera opción de fe, pero que necesita siempre ser consolidada. Y por desgracia constantemente experimentamos la fuerza seductora de lo que teníamos superado y que quiere ocupar de nuevo nuestro ser.

Los habitantes de Gerasa no quisieron saber más de salud espiritual. Se cumplió en ellos aquella extraña parábola que cuenta Jesús sobre el espíritu inmundo que abandonó una casa y luego regresó a ella acompañado de otros siete demonios peores que él (Lc 11,24-26); se estableció en ella de nuevo porque estaba barrida y limpia, pero vacía, no habitada por el buen espíritu. Conocemos el chascarrillo de aquella confesión:
 
-Padre, no sé cómo hacer para evitar los malos pensamientos.
-Teniéndolos buenos, le respondió el confesor experimentado.
 
El que constantemente se llena de Jesús y su evangelio está seguro contra invasiones o plagas de malos espíritus.
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios
vicente condori vicente condori
el 30/6/10
Busquemos el bien y aborrezcamos el mal es el remedio para no caer en las tentaciones. Buscar a Dios e Hijo en su palabra y en nuestras oraciones, a María en nuestras plegarias. No hay otra manera de permanecer en Dios y con Dios.
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Tonio Dionicio Tonio Dionicio
el 30/6/10
En estos tiempos muchos no queremos acoger la palabra de Dios porque aun somos esclavos del pecado y Jesus nos invita a salir de esa comodidad, que Jesus me ayude a optar por su mensaje de amor y de verdad
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