Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, rmi

    El Evangelio es imparable, queramos nosotros o no. En la primera lectura de hoy vemos cómo los discípulos huidos de Jerusalén tras el martirio de Esteban, siguen empeñados en predicar sólo a los judíos. Cuando no queremos ver, no vemos; cuando nuestra mente se embota, no cambia… Pero algunos -siempre hay algunos-, empezaron a anunciar a Cristo también a los griegos, y “la mano del Señor estaba con ellos”, según el libro de los Hechos. Y gracias a esa apertura y a esa libertad de algunos –siempre hay algunos-, hoy estamos aquí tú y yo saboreando su Palabra, gozando de creer en Cristo, el Buen Pastor.

    El Evangelio nos enfrenta a esta verdad, en lo más profundo de nuestro interior: ¿somos pastoreados por Cristo o no? Me impresiona esta frase de Jesús hoy: “vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna”.

    ¿Somos de sus ovejas o no? En este texto, nuestra pertenencia a Él no viene marcado por la partida de bautismo o por una serie de ritos vividos. No. El mismo Jesús dice bien claro cómo saberlo: Él es tu Pastor si escuchas su voz, si le sigues, si Él te conoce, si vives siempre de su Mano, sin que nadie ni da te pueda separar… Eso es ser de sus ovejas. Eso es ser uno con el Hijo y el Padre. Eso es poder cantar con el salmista: «Todas mis fuentes están en ti.» Todo lo demás es secundario.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, misionera claretiana
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