Comentario al Evangelio del

José M. Vegas cmf

 

Id al mundo entero y predicad el Evangelio

El texto de Marcos es un sumario de todas las apariciones que hemos ido considerando en esta semana de Pascua, “el primer día de la semana”, primer día de la nueva creación. Marcos subraya con extraña insistencia en la incredulidad de los discípulos. Sí, no es fácil creer de verdad en este acontecimiento. Marcos nos lleva a examinarnos sobre nuestra propia fe. Porque la verdad de la Resurrección de Jesucristo puede ser en nosotros sólo un “artículo de fe”, parte de nuestra “cosmovisión” cristiana del mundo, pero, tal vez, también algo que no acabamos de creernos del todo, que no se transforma en alegre noticia, en la certeza de que la nueva creación ya ha comenzado y de la que nosotros somos parte por la fe y el bautismo. Con los ojos abiertos, sin negar en ningún momento la evidencia y la dureza del mal, que con tanta fuerza nos golpea, como se ha manifestado en la cruz, la muerte, la derrota de Jesús, no podemos, sin embargo, dejarnos abrumar por la tristeza, el pesimismo, el desaliento, y llorar lo que podría haber sido y no fue. Los planes de Dios no son los planes de los hombres. Dios ha manifestado su poder al vencer a la muerte pero pasando por su amargo trance. Nosotros, hombres y mujeres de poca fe, renuentes para ver al que vive, somos, pese a todo, destinatarios no sólo de la luz de su resurrección, sino de la misión de transmitir a todos esta buena noticia a la creación entera, pues toda ella está llamada a hacerse literalmente nueva.

Hombres de poca fe y duros de corazón, no especialmente sabios e instruidos, como recuerda hoy el texto de los Hechos, la fuerza que nos habilita para realizar una misión tan universal y extraordinaria es sólo el ser “compañeros de Jesús”. Es un título magnífico. Compañero es el que comparte el pan. Si compartimos el pan que Jesús parte para nosotros, nuestra fe se fortalece y nuestro corazón se abre, adquirimos la sabiduría del amor, comprendemos que, por poco que podamos, podemos hacer el bien en el nombre de Jesús, y podemos y debemos decir, esto es, anunciar, que lo que hacemos lo hacemos precisamente en el nombre de Jesús. Y no hay prohibiciones, amenazas ni presiones que puedan hacer callar esa voz.

Somos, tenemos que ser, testigos de la resurrección. Pues, si creemos de verdad que Jesús ha resucitado, “no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído”.

Saludos pascuales
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

Comentarios

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jorgeguerra
jorgeguerra

el 10/4/10
Muy profunda la homilía. Muchas gracias. Que el esplendor del Rey Resucitado destruya las tinieblas de duda que hay en nuestro corazón
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Bulmaro
Bulmaro

el 10/4/10
Nuestra religiòn es más de mujeres que de hombres, pero dirigida celosamente por hombres
Es Marìa Magdalena quien percibe primero la gracia de la Resurrección, pero no le creen [es difìcil creer a una que fue pecadora]
Luego se aparece a dos discípulos pero como estos son subalternos tampoco les creyeron
Se aparece a los once y los reprende por su poca Fe
El Espìritu Santo sopla a quien quiere pero seguimos pensando que solo los instruidos tienen la exclusividad y solo a ellos se les puede creer
El Reino es para los pobres tambien para los que trabajan para el bien y son perseguidos
El Consuelo es para los que estan enfermos y sufren
La herencia de la Palbra es para los Mansos y Humildes
La justicia es para los que tienen hambre de ella
La Misericordia es para los que sa » ver comentario
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