Comentario al Evangelio del

José M. Vegas cmf

 

Bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos 

Este largo día de Pascua, que la liturgia prolonga por toda la semana, nos habla también de un largo proceso no exento de dificultades. Estas son de dos tipos. Las primeras son dificultades internas a la comunidad de discípulos. La muerte de Cristo produce la dispersión de la misma. Aunque, como vemos en el Evangelio de hoy, la dispersión no es total, pues algunos de ellos siguen juntos, parecen, no obstante, haber emprendido un camino de regreso al viejo mundo anterior al seguimiento: es un camino de dimisión, que les devuelve a su vieja condición de pescadores sólo de peces; una condición que se antoja estéril, como la pesca de esa noche que están viviendo. Convencerse del triunfo de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas no es cosa fácil. En realidad, es imposible, si el mismo Jesús no nos sale al encuentro y nos interpela. Lo que nos abre los ojos a esa presencia puede ser una fecundidad inesperada, que supera toda expectativa. Sólo entonces los ojos se abren, el amor anuncia “es el Señor”, y el discípulo, tentado de dimitir de su vocación (despojado, desnudo, sólo Simón), se reviste otra vez de la túnica de su misión y recuperada su identidad de Pedro, pierde todo temor y se lanza al mar al encuentro del Maestro. El mar inabarcable es el mundo que ha de ser abarcado por la misión universal de la Iglesia. En ella han de caber todas las naciones del mundo (153, según los cómputos de la época), sin que una variedad tan extraordinaria pueda romper la red, la comunidad de la salvación.

Pero también esta misión encuentra dificultades, esta vez externas. Nos habla de ellas el relato de los Hechos. El entusiasmo de la Resurrección no las evade. Y si había continuidad entre Jesús de Nazaret y el Cristo resucitado, también la hay entre los que se confabularon para acabar con él y los que se oponen a la misión de la Iglesia. Pero, a diferencia de lo que ocurrió antes, ahora los discípulos no se arrugan, no se dejan vencer por el miedo ni salen corriendo, sino que hacen de esta dificultad ocasión para anunciar a las claras y sin amargura a los propios perseguidores el único nombre que puede salvar, a nosotros y a ellos; pues, si de un modo u otro, todos hemos sido solidarios en la muerte de Jesús a causa de nuestros pecados (no es posible atribuir responsabilidades sólo “ajenas”), también todos, sin excepción, somos llamados a participar de la victoria de Cristo por medio de la conversión y del bautismo.

Saludos pascuales
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

Comentarios
nila cachay nila cachay
el 9/4/10
Gracias Padre Jose por ayudarnos a Orar con la Palabra y asi este dia poder echar las redes por donde el Señor nos sugiere, caminar y volver a empezar por la fuerza de su presencia resucitada y resucitadora.
Dios lo bendiga.
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vicente condori vicente condori
el 9/4/10
Pedro y Juan fieles a Jesús manifiestan con mucha fé que él es la piedra angular de la Iglesia y en su nombre sanan y perdonan. El evangelio nos relata la tercera aparición de Jesús ya resucitado a sus discípulos no le reconocen pero él sigue dando su ayuda y los acompaña siempre.
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Gustavo Egüez Gustavo Egüez
el 9/4/10
“Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos” dice Pedro.

¿Será que en la vida cotidiana podemos actuar al margen del Señor? ¿Aún hay quienes creen que se puede vivir desechando la presencia viva de nuestro Señor?, la respuesta tristemente es si; porque aún existen personas que no toman en cuenta ni a Cristo Jesús ni a la Iglesia que Él fundó. Las consecuencias de ello es el mundo que tenemos, donde reina el pecado, la adoración del dinero, del poder, de los placeres mundanos, y las consecuencias son las guerras, las faltas de motivaciones para vivir, los abortos y la muerte.

Pero, así como existen personas que desec » ver comentario
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Bulmaro Bulmaro
el 9/4/10
Los acontecimientos y las celebraciones no son lo suficiente para un cambio de vida, el mundo nos atrapa, carne y alma sustraen al espìritu
La Luz del Resucitado a veces no es suficiente para contemplar la Misericordia de Dios
Los consagrados a vivir una vida espiritual caen en la tentaciòn de una actividad material porque a final de cuentas es lo que cuenta en una vida institucional pero no para Dios
La presencia fìsica de Jesùs ya no era permanente, a Pedro y su equipo no les quedaba clara la misiòn de su elección
La llegada de Jesùs en momentos de desànimo es para ellos tonificante les da Paz y alegrìa, igual sucede con nosotros
La Fortaleza es uno de los 7 dones y bien lo necesitamos si hemos emprendido una actividad contra corriente
La Sabiduría es absolutamente ne » ver comentario
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