Comentario al Evangelio del

José M. Vegas cmf

 

Mirad mis manos y mis pies 

El testimonio de fe que los discípulos han de darse unos a otros, y que nunca debe darse por descontado, genera la presencia de Jesús en medio de la comunidad. Ahora bien, igual que junto al sepulcro y de camino, esta presencia no siempre es inmediatamente evidente, también en el seno de la comunidad puede ser una presencia no reconocida. ¡Cuántas veces lo que domina en la vida comunitaria de la Iglesia es el miedo, las dudas y la caza de fantasmas! Si la verdadera fe compartida hace posible ver al Señor y escuchar su Palabra que nos pacifica y vincula, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras incoherencias nos hacen ver fantasmas que nos asustan y dividen. Para espantar esos fantasmas y hacer palpable la presencia de Jesús, que se encarna en la comunidad, es necesario sentarse con Él en torno a la mesa y comer juntos. Caigamos en la cuenta de que una cosa son los fantasmas (que tenemos que ahuyentar por medio del pan partido y compartido) y otra son las heridas de los pies y las manos de Jesús, que Él no nos oculta. Para construir la comunidad eucarística (memorial de la Pasión del Señor Resucitado) hay que ver y hasta tocar las heridas de Jesús: las heridas del cuerpo de Cristo que es la Iglesia (los problemas y los conflictos hay que afrontarlos en fe, en comunidad y de cara), y las heridas del cuerpo de Cristo en los que sufren y que merecen nuestra especial atención. Cuando hacemos esto último, forma esencial del testimonio de fe ante el mundo, somos invitados a explicar con qué poder hacemos eso: no con el nuestro, ni siquiera con el de nuestra virtud, sino con el poder de la fe que se prolonga y expresa en la caridad. Aunque las palabras de Pedro en los Hechos, que estamos leyendo durante este largo día pascual, tienen, en principio, la apariencia de una acusación (“matasteis al autor de la vida”), no son, en realidad, sino la introducción de una Buena Noticia, una exhortación a la conversión, al perdón, y una llamada a participar de una bendición. Así tiene que ser siempre el testimonio de los cristianos constituidos en comunidad eucarística; la denuncia, que a veces puede ser necesaria, tiene que introducir a una exhortación positiva y esperanzada: la bendición y el perdón son una realidad de parte de Dios; por parte del hombre, la conversión es siempre una posibilidad abierta.

Saludos pascuales
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

Comentarios
Bulmaro Bulmaro
el 8/4/10
Los Hechos de los Apòstoles es el detonante que instaura nuestra iglesia, de un puñado de hombres y mujeres somos ahora una gran multitud, pero no es lo cuantitativo sino lo cualitativo lo que importa
Hoy como al inicio debemos recuperar esa Fe que motiva, renova y obra milagros
Los Salmos oraciòn ideal nos abre la pauta para entonar en coro como los pàjaros un nuevo amanecer
En la actualidad los excesos hacen ver alucinaciones y cada dìa son màs los adictos
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Necesitamos la Paz del Resucitado para entender la Eficacia de la Resurrecciòn y no solo vivir la celebraciòn de esta
Los apòstoles y discìpulos en ese momento tenian sus dudas este acontecimiento rebasaba toda expectativa religiosa, igu » ver comentario
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