Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

 

Alegraos y no tengáis miedo

La Octava de Pascua no es la primera semana después de la Resurrección, sino que es una prolongación del mismo día pascual: veinticuatro horas no pueden contener tanta luz, y, por eso, la liturgia prolonga y dilata el día durante siete más, para poder recorrer con detenimiento las experiencias intensas de los discípulos en sus primeros encuentros con el Resucitado. Son experiencias inclusivas, que nos invitan a entrar en ellas y hacerlas nuestras. Esto es posible por la fe. Y es que, embargados en la luz pascual, asistimos al paso del acceso puramente histórico a Jesús, abierto a todos, creyentes y no creyentes, discípulos y enemigos del maestro galileo, al que sólo es posible por la fe. Jesús de Nazaret, profeta galileo que vivió en determinado tiempo y lugar, era accesible a todos los hombres de su tiempo, independientemente de cuál fuera su actitud hacia él, positiva o negativa, de aceptación o de rechazo. Lo mismo sigue sucediendo hoy: son muy distintas las actitudes (admiración, simpatía, rechazo, indiferencia…) que se pueden adoptar ante ese maestro de Nazaret que nos habló del amor y que acabó sus días ejecutado en la cruz. Pero que Jesús de Nazaret es el Mesías, el Ungido de Dios, “el que tenía que venir al mundo”, y que, tras su muere ignominiosa en la cruz, resucitó de entre los muertos y vive para siempre, esto es sólo accesible para quien tiene fe. Sólo estos pueden encontrarse con él y verlo, alegrarse de su presencia, superar el miedo (“no temáis”) y recibir de él una misión. Este envío tiene como primeros destinatarios a los propios discípulos. En esta Octava de Pascua se insiste continuamente en el testimonio interno que los creyentes deben darse unos a otros, compartiendo sus propias experiencias del Resucitado, para fortalecer así la fe de cada uno y de la comunidad. Así, hoy, las mujeres son enviadas a “mis hermanos” (los apóstoles), a los que se invita a volver a Galilea, el lugar del amor primero, para allí verle de nuevo. 

El testimonio interno de la fe compartida en la presencia del Resucitado se proyecta también fuera de la comunidad. La muerte y resurrección de Jesús, fuente de alegría y superación del temor, es una buena noticia para todos, pues todo ser humano está llamado a la fe. Y es en este testimonio “ad extra”, en este “quinto evangelio” que es el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde comprendemos la conexión viva entre la fe y la historia. La experiencia del Resucitado es accesible sólo a la fe. Pero esta no es una alucinación colectiva. El Cristo vivo, proclamado por Pedro el día de Pentecostés, es el mismo “Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros… y que vosotros matásteis en una cruz”. La fe no falsea ideológicamente la historia, sino que la reinterpreta a la luz del Espíritu de Dios. Lo que, desde una lectura puramente histórica, sería una acusación inculpatoria (lo matásteis), desde la fe se convierte en un testimonio y en anuncio de salvación para todos. 

Saludos pascuales

José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

Comentarios
Bulmaro Bulmaro
el 5/4/10
Para muchos reinicia el trabajo para otros continua las vacaciones el comentario acaparador es como nos fue de diversiòn o como nos esta yendo
para unos pocos como vivimos la semana Santa y la Pascua y el mìnimo la experiencia de Cristo Resucitado
Esta experiencia nos amanece con el deseo de comunicar a Jesùs Vivo de espìritu a espìritu porque las cosas de Dios no es tanto de historia ni de literatura sino de ESPIRITU
La vuelta a Galilea es reiniciar los acontecimientos con un PURO CORAZON Y UN NUEVO ESPIRITU.
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Gustavo Egüez Gustavo Egüez
el 5/4/10
Pedro les dice a los Judíos: “Vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte.” Esta gran verdad, no solamente es válida para los Judíos, sino también para todo pagano que no cree en Dios, ó para todos los que aunque dicen creer no viven con verdadera Fe y Compromiso. Toda mentira termina en pena y sufrimiento, le pasa no solo a los Judíos, sino también a los paganos que no reconoce la presencia viva de Jesús entre los hombres.

En el evangelio, está claro que siempre es Jesús el que nos sale al paso y nos encuentra y ese encuentro siempre es con Alegría. «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.» dice el Señor, “Alegraos” ¿Cómo no creer en Dios, que » ver comentario
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