Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

Salvar a la adúltera, salvarnos a nosotros

      La escena es terrible. La mujer está a punto de ser linchada. Algunos, de los que se dicen líderes del pueblo, han hecho de jueces y han determinado que debe ser condenada a muerte. Hay que apedrearla. Y la multitud está dispuesta participar. Nadie se sentirá culpable. Total, una piedra más seguro que no es el golpe definitivo. Es sólo uno más. Luego, una vez que pase el subidón de adrenalina, cuando todos chillan a la vez y se sienten fuertes y capaces de todo simplemente porque están juntos, se retirarán más bien avergonzados. Apenas unos pocos seguirán convencidos de que han hecho bien. Los más preferirán no hablar del asunto. Se han dejado llevar por la masa sin darse cuenta de lo que hacían.

      Podemos estar hablando de la mujer adúltera pero también de tantas personas como son linchadas todavía hoy en nuestro mundo. La fuerza de la masa es incontenible. Y no me refiero sólo al linchamiento físico, terrible por supuesto. También existe el linchamiento verbal, que excluye y margina, que mata casi tanto como el otro.

Nos gusta ser jueces

      La verdad es que nos encanta ser jueces y jurados y verdugos. Todo al mismo tiempo. Siempre estamos preparados a dar nuestra opinión sobre el comportamiento o las actitudes de éste o del otro. Miramos a sus ojos y no vemos una persona sino el objeto de nuestro juicio. Siempre tenemos claro lo que habría que hacer. Y no nos solemos decantar por el lado de la misericordia. Nuestros juicios suelen ser duros y terminan con facilidad en la condena.

      Hoy Jesús se enfrenta a una situación de esas. Pero su actitud es diferente. Primero de todo, mantiene su libertad. No se alinea con la masa. No se deja llevar. No intenta hacerse el simpático. Más bien, busca una manera de salvar a aquella persona. Parece que lo que menos le importa es que sea culpable o no. Lo suyo es salvar no juzgar ni mucho menos condenar. Logra detener a aquellos exaltados que se sentían autorizados por la ley de Moisés –habría que recordar que el mismo Jesús dice en otro pasaje del Evangelio que hay que cumplir esa ley hasta la última tilde–. Lo hace recordándoles que el mundo es una gran comunidad... de pecadores.

      En la Cuaresma ése es un punto que no debemos olvidar. Todos somos pecadores. Todos somos frágiles. Nadie es perfecto. Claro que hay diferencias entre unos y otros. Pero son de cantidad más que de cualidad. Al final, todos estamos necesitados de la misericordia de Dios. Todos necesitamos de la mano amiga que nos levante del laberinto de miseria en que estamos perdidos. El amor de Dios nos crea, nos regala la vida y el amor que necesitamos para llegar a ser plenamente hijos e hijas de Dios, para llegar a ser libres como Dios nos quiere, para llegar a ser personas en toda la amplitud de la palabra.

Jesús salva, no condena

      Para Jesús lo importante no es el pecado. Eso no pasa de ser la superficialidad. Lo importante es lo que hay por debajo, la verdadera realidad de la persona: nuestro ser hijos e hijas. Por eso, donde se encuentra a una persona su objetivo es salvarla, dignificarla, invitarla a que viva según la dignidad que tiene por nacimiento, por don de Dios.
      Ahora podemos entender mejor la primera lectura y el salmo responsorial. Jesús inaugura una nueva etapa en la historia del mundo: la etapa de la misericordia. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. No es para menos. Jesús inaugura el Reino y nos abre unas posibilidades infinitas de crecimiento, de libertad. Nos miramos unos a otros y reconocemos la presencia del Padre en cada uno de sus hijos e hijas, por muy perdidos que parezcan. Como dice la primera lectura, “ya está brotando, ¿no lo notáis?”.
      Nada es importante frente al conocimiento de Cristo que nos hace mirar la realidad de una manera nueva –segunda lectura–, que nos invita a vivir como hijos e hijas de Dios. No somos perfectos. Estamos en camino. Pero sabemos que para alcanzar la meta, para ganar el premio, el camino es el de la misericordia, la cercanía, la piedad, el cariño, la reconciliación. El camino es valorar a la persona por lo que es y no por lo que aparece. Ni siquiera por lo que la persona ha podido hacer de sí misma, como fruto de su comportamiento. Los hijos e hijas de Dios siempre tienen y tendrán un puesto a la mesa. Nosotros no estamos para excluir sino para acoger, recibir y acomodar.

Comentarios

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Anonimo
Anonimo

el 18/3/10
Una vez màs noto la gran misericordia que tiene Jesùs por los demàs, muchas veces he juzgado el comportamiento de los demàs, condenando tambièn, sin detenerme en pensar por què son asi, comportàndome como los exaltados que querian apedrear a esa mujer adultera...pero el comportamiento noble de Jesùs me admira, ya que El no la condena ni la juzga, solo le importa su persona y quiere salvar, y eso es lo que yo siento cada vez que pido perdòn a Jesùs por alguna falta, siento que me perdona, me salva con su inmensa bondad, y me reconcilio con El, Gracias Jesùs.
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nancy__pucca@hotmail.com
nancy__pucca@hotmail.com

el 18/3/10
es facil ,jusgar es comodo,vemos la paja en el ojo ajeno no vemos la biga que tenemos en el nuestro ,somos tan imperfectos a los ojos de dios.
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Héctor Miguel
Héctor Miguel

el 18/3/10
Es impresionante cómo a Jesús no le importa el pecado si al final llegamos a sus pies a esperar de su misericordia y estamos a la espectativa de un refugio mientras el malo nos condena y azuza a los demás a condenarnos. No le importa nada de éso mientras esperamos salvación de su parte.
De alguna manera lo más fácil es estar del lado de la multitud, creyéndonos mejores que las personas que fallan de manera notable, de quienes a todas luces juzgamos como malos, olvidándonos que para Dios nada está oculto y conoce también nuestros pecados más íntimos, pero el ejemplo que nos da Jesús de tener criterio propio y no dejarse llevar por nadie sino sólo por el amor nos hace ver lo valioso que somos como hijos de Dios, sin importar cómo nos portamos, pero esperando de él la miseri » ver comentario
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ROSA MARIA
ROSA MARIA

el 19/3/10
Pienso en la misericordia de Dios,en su grandeza como ntro.Sr Jesús salva a la mujer, y le pregunta ¿dónde están los que te acusaban? ¿nadie te ha condenado? y Jesús le dice"tampoco yo te condeno.vete y ya no vuelvas a pecar" Dios nos perdona cuando nos arrepentimos de corazón dandonos una oportunidad, tener un cambio de mentalidad, no recordando lo pasado ni pensar en lo antiguo, confiando en la misericordia de DIOS. !FELICIDADES¡ por la renovación de la cd,redonda
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luis trigue.
luis trigue.

el 20/3/10
realmente solo escuchando nos podemos dar cuenta como Dios leda oportunidades al hombre y no solo una, sino muchisimas, eso es lo que hace con esta mujer que se ganava la vida de una mala manera. levantarla y desirle que hay alguien que si cree en ella y ese seria el DIOS Jesus. por eso dejemos lo malo por que EL cree en ti.
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Luis Seoane
Luis Seoane

el 21/3/10
Podemos cambiar la forma de mirar a cada persona, como Jesús. ¿Queremos? ¿O preferimos seguir mirando desde las apariencias y haciendo juicios? Qué bien nos viene esta llamada para renovar las relaciones con Dios y con los hermanos!!!
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estefania
estefania

el 21/3/10
mui bonito... me ayudo mucho por el momento en el q estoy pasando...
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desde Haiti
desde Haiti

el 21/3/10
Solo imaginaros los que puede significar leer esto despues de haber sobrevivido al terremoto de Haiti.
Por el lo perdi todo... pero no miremos atras, mirad que esta brotando algo nuevo, no lo veis? Me lanzo a lo que esta por delante, no se lo que es, pero..hay que continuar con El.
Es dificil creer en la reconstruccion? Pues si, pero es lo unico que tenemos ahora. Solo tenemos a ese Cristo que salva.
desde Haiti, un abrazo
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gemmas
gemmas

el 21/3/10
...esta palabra de hoy, me ha puesto en mi sitio.... llevo tiempo juzgando a una persona y condenandola, sabia que hacia mal, pero seguia, hoy el Señor,me ha abierto los ojos, y me ha dejado ver mi miseria, la PALABRA ,es lo unico que nos puede cambiar el corazon....
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Gustavo Egüez
Gustavo Egüez

el 21/3/10
Es propio de la época, en que se relata este evangelio, que es la mujer la única acusada del adulterio, pero ¿en dónde está su acompañante? ¿Acaso ella puede ser acusada de adultera si nos está con alguien? Verdaderamente somos pecadores, pecamos de palabra, obra u omisión y por allí a debido estar mimetizado entre la gente el causante de su pecado. En estos días podríamos dudar si fue hombre o mujer, pero eso ya no importa, Dios en su grandeza solo nos muestra su perdón. Debemos presentarnos ante Él (en la confesión) y pedirle perdón, pero comprometernos a no pecar más. Señor Jesús, perdona nuestros pecados y danos tu espíritu de fortaleza.
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lenning
lenning

el 21/3/10
al ver la actitud te JESUS su amor incompareble que tiene para con cada uno de sus hijos e hijas, nos da una razon mas para ser un ejemplo de amor y no de juicio,perdonar y no jusgar, aceptar no rechazar,porque hoy puede ser otro pero mañana puede ser por ti,hacer a tu hermano lo que JESUS hace por ti,AMAR
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jose cortes r
jose cortes r

el 21/3/10
hoy mas que nunca debemos estar consientes de que al juzgar a nuestro projimo no solo estamos haciendonos daño nosotros sino que herimos profundamente la fe que debemos profesar para al menos llegar a se un dia como jesus que todo lo perdona quienes somos nosotros para pretender tomar la justicia con nuestros labios, mejor dejemos a un lado esa piedra y demos a nuestro hermano confianza y amor y seremos libres, de recibir a dios como nuestro gran salvador
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antonela
antonela

el 22/3/10
que esta muy bonito me ayudo mucho a reflexionar y agradezco a todas las personas que nos estan apoyando en esto que debemos ser concientes de no juzgar a las prsonas sin saber antes como son
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Mi reflexion
Mi reflexion

el 23/3/10
Al igual que la mujer adultera todos hemos cometido muchos pecados y buscamos el perdón de Dios porque somos conscientes de nuestro error nadie esta en condición de condenar ni ser condenado ya que como dice el que este libre de pecado que lance la primera piedra ¿realmente somos conscientes de esas palabras? Yo creo que no si vemos a nuestro alrededor hay muchas personas que se creen superiores y que por lo tanto están en posición de juzgar ¿Es eso justo? No condenemos porque nos condenamos a nosotros mismos.
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