Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

    Ya sabemos que la conversión no consiste en ritos exteriores, sino en actitudes interiores: “misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Si obramos así, entonces sí que Dios nos ayudará, como nos recuerda el profeta Oseas en la primera lectura: “su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz”. No nos viene mal recordarlo.

    La perla preciosa de la Palabra de hoy la encontramos en la parábola del fariseo y el publicano. Jesús expresa magistralmente las dos actitudes ante la oración. No compara un pecador con un justo, una persona buena con una mala, sino un pecador humilde con un justo satisfecho de sí mismo. Ambos son pecadores, aunque uno no lo ve porque su pecado está en su vanagloria, su orgullo que le ciega y su omisión de no hacer la misericordia ni el bien debido.

    El fariseo aparentemente es buena persona, cumple como el primero, ni roba ni mata, ayuna cuando toca hacerlo y paga lo que hay que pagar. Pero no ama a los demás. Aquí está su omisión. Está lleno de su propia bondad. Aquí está su orgullo. Jesús dice que éste no sale del templo perdonado. Es muy claro. Esta es la parábola, pero ¿en qué personaje te sitúas? ¿Con quién te identificas? ¿Somos de esos que «teniéndose por justos se sienten seguros de sí mismos y desprecian a los demás»? Porque esta actitud hay que desterrarla de nosotros. La Palabra nos pone en alerta para que no se nos cuele este peligroso demonio, para que nos examinemos de esta tentación, muy sutil y difícilmente reconocible, pues se esconde bajo apariencia de virtud.

    Próximos al cuarto domingo de Cuaresma, nos preguntamos: nuestra conversión cuaresmal ¿va siendo interior, seria, sincera? ¿O tendremos la misma experiencia de tantos años en que también nos decidimos a volver a los caminos de Dios y luego fuimos débiles y volvimos a nuestros propios caminos? ¿Se podrá quejar Dios de nuestros buenos propósitos diciendo que son «una nube mañanera»? Ánimo, seguimos en este bello tiempo de conversión que nos invita a crecer y a dejarnos transformar por Dios. ¡No perdamos el tiempo!

Vuestro hermano en la fe:  
Juan Lozano, cmf.
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