Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

 “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen”. Este es el mandato del Señor que él ha practicado desde lo alto de la cruz. Y siguiendo su ejemplo, todos los mártires cristianos. Los mártires claretianos de Barbastro dejaron escrito en los muros de la cárcel: “Perdonamos a nuestros enemigos… A los que vais a ser nuestros verdugos, os enviamos nuestro perdón”.

    El texto bíblico de hoy nos enseña que la venganza debe dar paso a un amor sin medida y que el amor al prójimo se refiere a todos los hombres sin distinción.

    ¿Cómo han practicado los cristianos a lo largo de los siglos este mandato del Señor? Bien podemos decir que en medio de las luces y las sombras los cristianos han luchado por poner en práctica ese ideal de vida que Jesús propone a sus seguidores.

    Los recuerdos de mi infancia están sembrados de palabras de odio y de perdón. Mi padre murió a consecuencia de un accidente. Justo por entonces dentro de la familia  había surgido un gravísimo malestar a causa de las particiones de la herencia. Papá, antes de morir, ofreció perder su parte de herencia para que volviera la paz entre los hermanos. Por eso cuando leo estos textos del evangelio me siento profundamente afectado.

    ¡Cuánto cuesta el perdón! Resentimientos y odios entre las personas, entre las familias que duran años y años, que se pasan de padres a hijos. Son heridas de los sentimientos más sagrados que solamente el perdón puede curar. Y es entonces cuando vuelve la paz a la conciencia, una paz que en más de una ocasión ha producido un bienestar incluso físico sanando dolencias orgánicas.

    Es una chica de 25 años. Lleva años sufriendo ataques de asma. Sigue tratamiento médico para salir de esa situación. Quiere sanar a toda costa y no sabe dónde recurrir.
    Alguien le pregunta:

- ¿No tienes rencor contra nadie?
- No, contesta ella.
Por tres veces se le hizo la misma pregunta, casi sin saber porqué; sus ojos brillaban.
- Sí, tengo un odio muy profundo que viene desde mi infancia. Y es contra papá que pegaba a mamá y yo la oía llorar y gritar...
En aquel momento algo muy hermoso sucedió en el corazón de la joven. Dijo:
- Sí,  perdono a mi padre.


    La cuaresma es tiempo de renovación espiritual, de conversión. No es sólo un trámite, un maquillaje, algo superficial. Se trata de entrar dentro de nosotros mismos y confrontarnos con la Palabra de Dios para que sea realmente medicina que cure nuestras heridas, nuestros recuerdos, nuestros sentimientos. Entonces estaremos preparados para resucitar con Jesús a una vida nueva en la Pascua.

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