Comentario al Evangelio del

Pablo Largo

Queridos amigos:

    Jesús no tiene problemas solo con los fariseos. También le dan quebraderos de cabeza los discípulos, que no acaban de entender. El evangelista Marcos insiste una y otra vez en esa falta de comprensión: malinterpretan las palabras de Jesús, como sucede en el relato de hoy con el dicho de la levadura; no captan el sentido de sus gestos, como ha pasado con las dos multiplicaciones de los panes; no entienden su camino y sus decisiones, como ilustra la reacción de Pedro ante el anuncio de su destino. En ese sentido, se podría poner este título a la obra de Marcos: “Una larga historia de incomprensión”. A aquellos seguidores no les resultaba fácil entrar en la desconcertante lógica de su maestro y a Jesús no le resultaba fácil abrirse paso y abrir paso al evangelio en la cerrada mente de los discípulos.

    El tercer evangelista, san Lucas, nos propone, al comienzo y al final del evangelio, lo que procede hacer cuando tampoco nosotros comprendemos. El relato de la primera pascua de Jesús (lo que solemos llamar misterio del niño perdido y hallado en el templo) presenta un diálogo entre María y Jesús. A la pregunta de su madre, Jesús responde: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?». Comenta el evangelista que ellos no entendieron aquellas palabras; pero añade a renglón seguido: María «guardaba diligentemente todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,51), y las meditaba (cf Lc 2,19).

    Al final del evangelio, cuando narra la Pascua de Jesús, su muerte y resurrección, Lucas relata dos apariciones del Señor. A los discípulos de Emaús, después de reprocharles su necedad y torpeza de corazón, les explica todo lo que las Escrituras anunciaban sobre él; a los Once y acompañantes les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras.
Pidámosle que nos la abra también a nosotros, guardemos en el corazón su mensaje y toda su historia, pidámosle un corazón sabio, como el de María, aplicado a meditar el evangelio que proclaman sus palabras y encarnan todos los gestos y actos de su historia.

Vuestro amigo
Pablo Largo

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