Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos

 Queridos amigos y amigas:

    Hoy en evangelio anota de forma natural el regreso a casa de los discípulos anteriormente enviados por Jesús de dos en dos como misioneros por pueblos y ciudades. A su vuelta, cansados y contentos, comparten gozosamente con Jesús sus andanzas y desventuras. A continuación, el Maestro les propone retirarse a descansar juntos en un lugar apartado. Pero al intentarlo, se ven sorprendidos por un gentío inmenso e indigente que se lo impide. En este caso, vemos a Jesús tomando una decisión entre dos posibilidades legítimas: O despiden a la gente para descansar o se olvidan de sus merecidas vacaciones, para dedicarse a atender a la masa que les solicita. ¿Hacia dónde se inclina Jesús? ¿Por qué toma esa decisión? ¿Qué se nos enseña con ello?

    Ante todo, hay que subrayar que el descanso es necesario. No lo olvidemos. No hemos sido creados como burros de carga. Sin descanso y sin una cierta soledad no podemos vivir con cierta calidad. El ruido y la confusión erosionan peligrosamente el equilibrio psicológico. Pero, atención, las mini-vacaciones fallidas que Jesús propone tienen dos peculiaridades: Se trata de estar a solas con Jesús y en un lugar apartado.

    Muchos de nosotros o nos sabemos descansar o nos cuesta respetar el clásico “descanso sabático”, tan imprescindible y vital. Ya conocemos las consecuencias de esa carencia: estrés, burn-out, agotamiento espiritual, aparición de una incapacidad progresiva para disfrutar del tiempo dedicado gratuitamente al Señor, sin el cual, quedamos psicológicamente como inconsistentes y espiritualmente como muertos, búsqueda de compensaciones tan falsas y peligrosas como las adicciones. Tomemos nota. Hay que descansar. Lo quiere el Señor.

    Pero, por otra parte, el descanso sólo debe ceder ante la compasión. Ante la avalancha de aquel gentío que buscaba a Jesús “porque estaban como ovejas sin pastor”, El sintió lástima y, sin pensárselo dos veces, canceló sus vacaciones. El servicio a los necesitados, en esta ocasión, anuló el merecido reposo. La elección, según dice el texto evangélico, vino motivada por compasión. Compasión es una bellísima palabra. Significa sufrir juntos, padecer en común, sentir el dolor del otro como si fuera mío. Se ha dicho que la compasión es la primera manifestación de la vida religiosa, porque nos hace semejantes a Dios.

    La conducta de Jesús nos ofrece un criterio claro de elección. No hay desprecio de ninguna de las dos posibilidades. Solo recto orden. Las cosas deben estar claras.

Vuestro amigo y hermano,
Juan Carlos cmf.
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