Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos

 Queridos amigos y amigas:

    De la muerte del Bautista habla también Flavio Josefo («Antigüedades judaicas» 18). Este historiador judío la atribuye al miedo que Herodes tenía de una posible revuelta política incontrolable en torno a Juan. Marcos nos presenta un motivo más concreto: el Bautista fue ejecutado como venganza de una mujer despechada, herida porque el profeta había denunciado públicamente su unión con Herodes: «Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano».

    Observemos hoy la persona de Herodes. El relato nos permite darle por una vez cierto protagonismo. Se constituye en la figura-tipo del malvado que corta la cabeza a los profetas. Unos apuntes de su psicología sugeridos por el texto evangélico nos desvelan con que procedimientos se quita de en medio a los que preparan el camino del Señor.

  • Herodes es el que confunde a Jesús. No le conoce o le conoce tan de oídas que lo toma por otro. Para él el Nazareno es un personaje de periódico, no una persona con la que se ha estrechado una relación. Es escalofriante que, durante su pasión,  Herodes será el único personaje ante el que Jesús calle sin dirigirle ni una sola palabra. Ese durísimo encuentro muestra que ambos se sitúan en las antípodas. Hay ciertos estilos de vida que impiden conocer a Jesús. Y eso es espantoso.
  • Herodes es el que se mantiene a una discreta distancia de Juan Profeta. Ni muy lejos, porque le traería complicaciones de imagen ante la muchedumbre que admiraba a Juan y se dejaba bautizar por él; ni muy cerca porque ponía contra las cuerdas su vida viciosa y libertina. Herodes se sitúa, pues, en el territorio de la mediocridad: ni muy lejos, ni muy cerca; ni caliente, ni frío; ni muy arriba ni muy abajo. Lo cual es estar, de hecho, muy lejos, muy frío y muy abajo.
  • Herodes es el que no quiere contrariar a sus amiguetes. Antes están ellos, aduladores aprovechados; antes están los planes y la “marcha”, las promesas hechas en arranques chulescos,… que la vida de una persona. Pesa más, para gente como él, la tozudez de una frívola promesa, hecha bajo los efectos del glamour, que la verdad representada en Juan Bautista. Los valores de Herodes están vueltos del revés. Y él ni se entera.

    Mirando a Herodes, pienso que hemos de cuidar mucho de nuestra psicología. Nuestra conducta esconde un misterioso rebujo de simpatías y antipatías instintivas que, en muchas ocasiones, saltan hacia fuera y nos enredan en exclusiones, desprecios, celos, rechazos, venganzas... Herodes no es un personaje tan distante de nosotros.

    No debemos desear mal a nadie, ni considerar a nadie como enemigo. Lo enseña Jesús y lo vivió también el Bautista. Aunque eso no garantiza que seremos simpáticos para todos y no tendremos enemigos. Por eso, tal vez nos venga bien hacer lo contrario de Herodes: Conocer personalmente a Jesús y hacernos sus amigos; mantenernos cerca de los profetas y colocar siempre la sensatez y la verdad por encima de nuestros caprichos y justificaciones, aunque nos tomen por tontos. Así sea.  

Vuestro amigo y hermano
Juan Carlos cmf.
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