icono estrella Nº de votos: 0

Y la Palabra se hizo televisión

-
Del 5 al 26 de Octubre se ha celebrado en Roma la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El tema ha sido: “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Dado que estamos celebrando el “año de San Pablo”, excepcionalmente se inauguró con una solemne concelebración en la Basílica de San Pablo Extramuros, en vez de la de San Pedro en el Vaticano.

Con este motivo ha tenido lugar una iniciativa del Director de “Rai Vaticano” (Giuseppe De Carli), inmediatamente apoyada por Benedicto XVI,  en consonancia con el tema del Sínodo:  leer la Biblia desde el principio hasta el final, sin interrupción, día y noche, en la Basílica de Santa Cruz de Jerusalén. Dicha lectura duró desde las 19’00 horas del domingo día 5 de Octubre hasta las 14’00 horas del sábado día 11. En total, 139 horas seguidas de lectura. La prima hora fue televisada por el primer canal de la televisión italiana (Rai 1) y transmitida por Mundovisión; y las 139 por el canal “Rai Educational”, varias emisoras radiotelevisivas católicas sintonizadas, y por Internet “www.labibbiagiornoenotte.rai.it”. Ha sido, entre otras cosas, la maratona más larga hasta ahora realizada por la televisión italiana.

A pesar de que la iniciativa y la organización había dependido de la Iglesia Católica, se quiso que no pareciera algo simplemente “católico”, ni mucho menos “propaganda” de dicha Iglesia, sino pura escucha de la Palabra de Dios. Con esta finalidad, la ambientación fue preparada de manera que nadie se sintiera “amo” ni “forastero”: ni católicos, ni otros cristianos, ni judíos y ni siquiera musulmanes. En el centro del templo (que no es muy grande) había una pequeña tarima y en medio un facistol iluminado en el que se colocó un ejemplar de la Biblia y espacio para depositar cuatro lámparas de aceite. Ni una cruz, ni una imagen; sólo la Palabra. En el fondo había una pantalla en la cual aparecía algo como un oleaje en tranquilo movimiento. Alrededor de la tarima, se acomodó en parte el público que deseaba asistir, un coro y una pequeña orquesta. El orden fue día y noche a cargo de voluntarios y enfermeras de la Unitalsi. Todo centrado en la Palabra de Dios que iba a ser proclamada por todo tipo de hombre y mujer, niño, joven, adulto y anciano.

Con tiempo, la comisión encargada envió propaganda diciendo que se admitía a todo tipo de lector; bastaba prenotarse y decir qué día, hora y parte del texto prefería leer, y se le secundaría en la medida de lo posible. Cada lector iba a leer una de las 1250 partes en que habían sido subdivididos los 73 libros de la Biblia. Durante las 139 horas de lectura, habría, además, 81 breves intervalos musicales ejecutados por 56 grupos diferentes, coros o solistas; en total un millar de músicos que cantaron todo tipo de composiciones: católicas, protestantes, ortodoxas y judías; incluso hubo algunas danzas alrededor del facistol. Los lectores fueron unos 1500 (184.000 habían expresado por internet a la comisión el deseo de inscribirse para leer una parte), originarios de 38 países. Participaron católicos como el Papa Benedicto XVI, los cardenales Carlo Maria Martini (el único filmado precedentemente debido a su estado de salud y proyectado luego en la pantalla), Walter Kasper, Stanislaw Dziwisz, etc...; 40 padres sinodales, entre cardenales y obispos; otros obispos, sacerdotes,  religiosos, y muchísimos laicos (entre ellos, Francesco Miano, presidente de la “acción católica italiana”, Maria Voce, sucesora de Chiara Lubich en la presidencia de los focolarinos, Kiko Argüello, fundador de los neocatecumenales, Andrea Riccardi, fundador de la “comunidad de San Egidio”...); unos treinta ortodoxos, otros tantos protestantes de diversos grupos (destacó la pastora Maria Bonafede, moderadora de la “Tavola Valdese”, órgano central de los protestantes valdenses), quince hebreos, e incluso cinco musulmanes. Entre los laicos hubo personajes de la cultura y del espectáculo (Roberto Benigni, Maria Grazia Cucinotta, Claudia Koll, Carla Fracci, Michele Placido, Paola Pitagora, Beppe Fiorello, Fabrizio Frizzi, Massimo Ranieri...), de la política (tres ex-presidentes de la República Italiana: Francesco Cossiga, Oscar Luigi Scalfaro, Carlo Azeglio Ciampi junto con su esposa, el alcalde actual de Roma: Gianni Alemanno, otros políticos como Giulio Andreotti, el embajador de Israel ante la Santa Sede, Mordechai Lewy...), del deporte (el olímpico Alex Schwazer, Pietro Mennea, Valentina Vezzali...)..., y sobre todo una inmensa mayoría de lectores que eran gente desconocida, normal y corriente, solos o en parejas, y que quería simplemente participar. Los dos últimos lectores fueron: una artista televisiva (Milly Carlucci) y el  cardenal Secretario de Estado (Tarcisio Bertone). La lengua oficial fue casi siempre el italiano, pero también el hebreo, el griego antiguo, el árabe e incluso el arameo utilizado por el patriarca greco-melquita, Laham Gregorios III.

Fue interesante lo que dijo uno de los participantes: “... He visto que se emocionaban incluso personas que están acostumbradas a hablar en público o por televisión; muchos se han preparado para leer haciendo antes un rato de oración o incluso acercándose al sacramento de la reconciliación...”. Efectivamente, por petición de no pocos lectores, hubo constantemente un confesor a disposición.

La celebración comenzó con la introducción procesional del Libro, mientras un coro cantaba algunos versículos del Salmo 119: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero...”.  Dicha procesión estaba formada por un niño y una niña llevando sendas lámparas, un joven con el ejemplar de la Biblia sobre el cual no había imágenes impresas sino una simple “B”, y detrás  una mujer de media edad y un hombre anciano, ambos también con una lámpara cada uno. Las cuatro lámparas fueron depositadas a un lado del facistol.

Acabada la introducción del libro, comenzó sin más la lectura del libro del Génesis. Leyó el primer capítulo Benedicto XVI (en diferido, dado que en aquel momento se encontraba reunido con la presidencia del Sínodo; se le vió por la pantalla puesta detrás), vestido sin ornamentos especiales ni introducciones personales o comentarios: “Libro del Génesis. Al principio creó Dios el cielo y la tierra...”. Al rabino-jefe de Roma (Riccardo di Segni) se le había ofrecido ser el segundo lector, después del Papa, pero renunció por considerar la iniciativa demasiado católica –según él-, aunque animó a los judíos a participar a título personal. Luego, ya en directa, un metropolita (Hilarion) representante del patriarcado ortodoxo de Moscú, el presidente de la Federación de las Iglesias Evangélicas de Italia (Domenico Maselli), un actor italiano (Roberto Benigni), una familia (papá, mamá, un adolescente y un niño: se distribuyeron entre los cuatro la parte que les tocaba), un rabino... Durante aquella hora, transmitida por mundovisión, hubo dos breves interrupciones musicales: la primera, interpretada por un tenor ciego (Andrea Bocelli) que, acompañado por el coro y la orquestra, cantó el himno “Alabad al Señor todos los pueblos de la tierra...”, de Juan Sebastián Bach; y la otra, al acabar la hora de transmisión, en que un niño (un tal Malerba) sonó emocionado y casi siempre con los ojos cerrados, él sólo, sin partitura, con un violoncello que era el doble que él, un fragmento de la Suite III de Bach. Cuando un lector acababa de leer su parte, bajaba sin decir nada y subía el siguiente. Lo demás era silencio: sólo la Palabra tenía la palabra.

¿Cómo ha reaccionado el público y ha sido juzgado el evento? Han habido momentos en que ni se podía entrar en la Basílica, debido a la cantidad de gente que hacía la fila para entrar, hasta muchas veces (sobre todo en los días feriales y en particular durante las noches) en que los participantes eran poquísimos. En total se calcula que han asistido unas 75.000 personas en el templo, y una media de un millón de personas por radio, televisión o internet. Hay quienes se han preguntado a qué servía un espectáculo como éste, a pesar del cuidado que se puso en que fuera sencillo, serio y solemne al mismo tiempo. Hay quien lo ha visto como una iniciativa estupenda (Kasper, Dziwisz, Lewy...),  quienes lo han vivido como una experiencia espiritual muy profunda... Hay quien ha dicho que no es el modo de proclamar y asimilar la Palabra de Dios: así, sin contexto ni pausas de reflexión o invocación, sin comentario de ningún tipo: un mero diluvio ininterrumpido de palabras. Hay quien ha comentado (Franco Zeffirelli) que han habido horas muy aburridas (sobre todo escuchando sin más la lectura de algunas páginas del Antiguo Testamento, como el libro del Levítico o de los Números...), o pasajes difíciles de entender o de darles un significado aceptable al público cristiano de hoy, frecuentemente tan ignorante de la Biblia, incluso entre los practicantes (por ejemplo, ciertos pasajes poco “edificantes” de la historia de Israel, los salmos imprecatorios: 6,11; 31,18; 54,7; 58,11; 83,14; 109,2-19; 137,8-9; 139,19-22...).

El cómico Benigni, al cual el cardenal brasileño Scherer amonestó repetidamente en la sacristía que no hiciera bromas, dijo más tarde en una entrevista que se sentía emocionado porque: “Es un libro que se lee en presencia del Autor”.

Se ha anunciado la publicación de un libro que se titulará: “Los mil rostros de la Biblia”. Una crónica del evento con fotos y anécdotas de estas siete jornadas.

Ojalá se cumpla una vez más lo que dijo Isaías: “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, /  y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, / de fecundarla y hacerla germinar, / para que dé semilla al sembrador y pan al que come, / así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, / sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55, 10-11).

Arrivederci!

J. Rovira, cmf.
Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.