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XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Angel Moreno -


Las opciones de vida deben estar exentas de razones egoístas o interesadas para probar que se hacen como obediencia a la voz interior y no al gusto o a la ganancia.

En el discernimiento espiritual, es un dato importante que las opciones religiosas no estén determinadas por la necesidad, si se quiere descubrir que responden a una llamada vocacional.

Es posible que la necesidad conceda conocimiento de lo que dan de sí los bienes y las relaciones humanas, pero no se puede optar por Dios de manera permanente por escepticismo y desengaño de lo humano.

Josué ha acompañado a su pueblo hasta la tierra de la promesa; ya pueden cosechar y vendimiar con sus manos, en la heredad que les ha entregado Dios. Ahora pueden decidir su independencia, volver al culto de los dioses paganos o apostar por el Señor, que les ha librado de la esclavitud. Pero ya no lo harán por el hambre.

Las lecturas de hoy nos sitúan en el momento de celebrar la alianza, el pacto, proclamar solemnemente que se es del Señor, y que Él “¡es nuestro Dios!”

Jesús ha dado de comer a la multitud, la ha saciado. Es la ocasión de desvelar la identidad del “pan santo”, lo que encierra y contiene “el pan del cielo”, que es Él mismo. Ante esta revelación, muchos se echaron atrás. La pregunta del Maestro es incisiva: “¿También vosotros queréis marcharos?”. La respuesta del apóstol Pedro, frente a quienes dejan el seguimiento por distintas causas, se convierte en opción de vida. “«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna».

En la liturgia de este domingo se ha escogido el texto de san Pablo sobre el matrimonio, que él refiere al misterio de la relación entre Cristo y la Iglesia. En el contexto de la lectura del libro de Josué y del discurso de Jesús, cabe la interpretación del sentido de pertenencia al que somos invitados. La alianza tiene resonancia esponsal.

¡Somos del Señor! ¡Sólo Jesucristo tiene palabras de vida eterna! ¡Formamos el Cuerpo de Cristo, una sola cosa con Él! La participación en la Eucaristía nos transforma y une con la misma Carne de Cristo.  El salmista irrumpe en alabanza: “Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca”.

El amor es la razón que estabiliza la pertenencia, la garantía de la fidelidad, la posibilidad de reiniciar el camino. “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor!” “Nadie jamás ha odiado su propia carne”. “Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo consagrado por Dios”.

Angel Moreno

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