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"Volunturismo" o la inefable experiencia de hacer el bien

A. Einsman - En clave de África, RD -
Lo sabíamos o lo podíamos intuir, pero a veces es difícil cuantificar el daño que se hace, aun sin quererlo. En un devastador artículoIan Birrel del periodico The Guardian se hace eco del creciente fenómeno del turismo de voluntarios a corto plazo que quieren “hacer caridad” en instituciones benéficas, si es posible en algún orfanato de niños enfermos de SIDA o una institución similar. Un reciente estudio revela las consecuencias de tales prácticas:
 
El estudio revela que los proyectos de voluntariado a corto plazo hacen más daño que bien. [La presencia de] los acaudalados turistas hace que trabajadores locales no puedan acceder a un necesario puesto de trabajo, ya que [los voluntarios] pagan por hacer estos trabajos; las instituciones que están ya de por sí bajo presión pierden tiempo cuidando [a estos voluntarios] y mejorando sus instalaciones, y los niños explotados o abandonados crean lazos emocionales con los visitantes y ven incrementado su trauma cuando estos desaparecen y vuelven a casa.

Hay grupos organizados de turistas que llegan a pagar con tal de tener la grata experiencia de poder dar de comer a huérfanos o repartir juguetes que se han traído desde sus países. Algunas agencias de viajes incluyen visitas a orfanatos entre la apretada agenda de estancias en la playa o visitas a los parques naturales. Niños desamparados o acogidos son reducidos poco menos que a la categoría de animales de zoo, fotografiados y agasajados durante unos instantes y dejados luego a su propio destino. Iniciativas que, aunque desde un punto de vista del visitante puedan ser loables, desde el punto de vista de las personas afectadas por la pobreza puede incluso ser lesivo para su dignidad y su futuro. Si es impensable la idea de que en instituciones de acogida españolas un extraño acceda a los niños en su interior, juegue con ellos, les prepare el biberón o los lleve a la cama... ¿por qué tienen derecho a hacerlo turistas (se supone que blancos, responsables y bienintencionados) en el Tercer Mundo? ¿es que una actitud es permitida o es delictiva según en el contexto legal en el que ocurra? Ni quiero ni pensar lo que puede pasar en aquellos casos en los que el turista vaya buscando “experiencias” de esas por las que en su país original le condenarían a severas penas de cárcel...

La cosa ha llegado hasta tal punto que incluso organizaciones profesionales de voluntariado que llevan muchos años organizando estancias largas de profesionales en los países en vías de desarrollo han alzado su voz contra esta nueva moda. Mis oídos apenas podían creer la nueva iniciativa del gobierno alemán que promueve que cientos de estudiantes que acaban de terminar la educación secundaria puedan pasar un año en un país del Tercer Mundo antes de entrar en la universidad y hacer allá “su experiencia en el extranjero” a costa del contribuyente federal.

No dudo que entre ellos haya personas serias y comprometidas, pero – por desgracia – la media emocional y de madurez del joven europeo de diecitantos años no es precisamente para tirar cohetes. De lo profesional, ni hablamos... no les ha dado tiempo a especializarse en algún campo laboral pero llegan a África siendo “maestros de todo y oficiales de nada.” Sin querer hacer un juicio derrotista, tal como veo la situación no creo que sea exageración decir que muchos de ellos tienen – literalmente – la picha hecha un lío en lo que a prioridades se refiere. Las noticias que me llegan de la marabunta de jóvenes teutones que llegan a Uganda al calor de esta novedosa iniciativa no son nada tranquilizadoras: los que llegan en general son gente obviamente joven y despreocupada,más inclinada a buscar los “sitios de moda” donde se pueda beber barato, ligar y disfrutar de buena música que a “perder” tiempo con locales que hablan otra lengua en un barrio marginal. Es normal, después de todo; son hijos de su tiempo y no les culpo por ello. Lo que me parece de juzgado de guardia es que un gobierno sensato apoye experimentos tales con variables tan altas de fracasos y meteduras de pata.
Sea por iniciativas privadas o gubernamentales, el llamado volunturismo es un tema sobre el que hay que reflexionar seriamente, entre otras cosas porque comienza a ser un problema en ciertos países. Se pueden tener las mejores y más nobles intenciones de ayudar, pero la realidad resultante puede ser funesta si alguien viene a África con las prioridades descolocadas, queriendo vivir experiencias “fuertes” en el menos tiempo posible, ignorando la cultura local o sin pensar cuáles son las consecuencias de nuestra “ayuda” a largo plazo para las personas a las que decimos asistir. Quizás debido a la culpa que nos embarga por ser o venir del Primer Mundo nos vemos obligados a recurrir a tales minidosis de solidaridad para aquietar nuestra conciencia, darnos un tranquilizador chute de buenismo y seguir viviendo nuestro frenético ritmo de vida, esa vida de cinco estrellas con comodidades a las cuales – faltaría más - no estamos dispuestos a renunciar. Al fin y al cabo, ese cambio de vida y de perspectiva cuesta infinitamente más esfuerzo y dinero que un vuelo a Bangkok con parada en orfanato incluida.
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icono etiquetas etiquetas : voluntarios, ong,
icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

viartola viartola
el 23/1/11
Felicidades por su artículo. Es claro y valiente. Usted desde la experiencia y muchos desde la intuición, el sentido común y un poco de información opinamos lo mismo. A los que usted llama vulunturistas ( un término muy bien escogido ) a nivel de calle se les denomina oenegeros u oenepijos. No quiero molestar o insultar a nadie, al contrario, me gustaría que se reflexionara seriamente sobre este tema. Creyentes y no creyentes de cierto prestigio en los medios de comunicación han señalado más de una vez la diferencia abismal entre la labor positiva y efectiva de los misioneros frente a muchas de las actuaciones de oeneges, algunas de bastante renombre.
Gracias por su artículo, ha puesto voz a algo que muchos intuímos y pensamos.
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Luis Alberto Luis Alberto
el 26/2/11
Genial el artículo y tu valor para decirlo sobre todo.
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Magda M. Magda M.
el 2/11/14
Siempre he sentido que estos voluntariados no eran más que un tranquilizar las conciencias cara a la galería, algo de que presumir, algo resultaba un tanto blando; no le encontraba sentido. Este hacer el bien con focos y entre aplausos pierde toda su belleza. Es duro realizar el bien en silencio de forma anónima y recibiendo nada, como el mejor de los pagos. Realizar ese voluntariado día a día con el que tienes al lado y ser solidario con lo cercano, cuesta, pero merece no la pena, sino la alegria. de ser cristiano.
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Lizeth Mdz. Lizeth Mdz.
el 26/8/15
Me encuentro cuestionada con el artículo publicado, yo fui misionera en África por 3 años y puedo constatar que no es fácil llegar a un lugar e inculturizarte y dejar una huella positiva en la gente y amar sus raíces y amarlos tal y cuales son, todo este detalle toma tiempo y dedicación y estoy totalmente de acuerdo que el voluntarismo se ha tomado más que como una ayuda como una moda mezquina de creer que se hace el bien en solo un día. La gente que sufre merece el tiempo y dedicación para tener una ayuda verdadera y no todos estamos dispuestos a dar más haya de lo que tenemos y sacrificar más de la cuenta, como lo decía la madre Teresa de Calcuta tenemos que amar hasta que nos duela. Excelente artículo ¡felicidades!
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