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Vísperas Marianas

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Himno al Corazón de María
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(GIF) EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMEN
V/ Tú eres, oh María, la alegría de Israel, la gloria de la Iglesia, el honor de nuestro pueblo.
R/ Todos debemos alabarte y amarte, oh María, Señora en el cielo y en la tierra, Madre de Dios y madre nuestra.

HIMNO:

Eres la tierra inédita que exhala
un perfume de cielo en la figura.
Se hace mar en tus ojos la hermosura,
y un asombro profético resbala
su río por tu carne, que se cala
de Dios y cercanía. Por tu albura
es más verdad la luz. Toda andadura
tropieza en tu mirar. Nadie te iguala.
¡Virgen de Nazaret: retorno al beso
que en la boca de Dios es poesía!
Tu nombre es de violines casi humanos
cayendo por detrás del alma. Preso
de música el sentido está... ¡MARÍA,
dame el arpa escondida entre tus manos!

SALMO I: El mensajero que anuncia a María.

La historia de la salvación encuentra y tiene en María su punto más culminante y su pleno cumplimiento. Ella es, realmente, la "Plenitud planificada" de los tiempos, que nos dará al Mesías, "Plenitud plenificante", de quien todos hemos recibido y recibimos sin cesar gracia sobre gracia. Abrir caminos a María en nuestra vida es abrirlos a la salvación de Dios, que nos llega por medio de esta bendita y singular mujer. Ella sigue siendo el modelo de la Iglesia en su camino hacia Dios.

Antífona: Vengo a traer una nueva de gran gozo para todo el pueblo (Alleluia) (Lc 2,10).

1. Una voz grita en el desierto:
preparad el camino, porque llega María, la nueva Eva;
alfombrad la senda para la Madre y Corredentora del mundo.
Ella es la Virgen profetizada
que nos dará al "Dios-con-nosotros".

2. Que se llenen todas las hondonadas
y se allanen todos los montes y collados;
que los caminos tortuosos se rectifiquen
y se igualen los ásperos senderos.
Y verán todos la salvación de Dios,
de la que es portadora María.

3. Asciende, mensajero, a la montaña:
tú, que traes la buena nueva a nuestro mundo,
pregona la alegría a todos los hombres.
Grita con todas las fuerzas, y lleva la alegría a nuestra casa.

4. Grita sin miedo, mensajero,
y di a todos los pueblos de la tierra:
"Aquí está ya María,
aquí está ya la madre de la Vida,
que viene llena de ternura.
Ella aliviará todos los dolores,
como sólo una madre sabe aliviarlos".

5. Aquí está la siempre-Virgen María,
Madre del "Dios-con-nosotros";
aquí está nuestro apoyo y amparo,
aquí está la Virgen sin par y Madre sin igual.

6. La misericordia y la ternura la preceden,
la acompañan, una tras otra, todas las generaciones.
Como una pastora, cuida de su rebaño,
toma en sus brazos a los corderos
y recoge en el aprisco a las ovejas perdidas.

7. Así es la Madre del amor hermoso,
la madre de la gracia y de la santa esperanza,
llena de delicadezas y de ternura.

8. Gloria al Padre...

Ant. Vengo a traer una nueva de gran gozo para todo el pueblo

(Alleluia).

SALMO II: La Madre merecedora de todo nuestro amor.

La historia de la salvación es llamada incesante a un diálogo y alianza de amor con el Dios que iniciara tal diálogo y alianza con la humanidad y los llevara a su pleno cumplimiento en y a través de María. Concibiendo, mediante la fe, a Cristo en su Corazón, antes que en su seno, María se convierte en Madre de todos los creyentes. Amarla, pues, como m es imitar de alguna manera a Jesús, que la amó como solamente podía amarla un hijo que era Dios y un Dios que era hijo.

Antífona: Amad la luz de la Sabiduría: amarla y guardar sus leyes es la perfecta pureza (Alleluia) (Sab 6,19.23).

1. Te amo, oh María;
te he buscado desde mi infancia,
porque me has seducido con tu gracia y tu hermosura.
Te amo, oh María, sobre la salud y la belleza;
y me he propuesto seas tú mi luz,
porque tu claridad es inextinguible.

2. He resuelto, oh María, vivir cerca de ti:
tú me haces participar de la plenitud de tu gracia;
en mis penas y quebrantos
tú serás mi fuente de consuelo y alegría.

3. En ti hallaré la paz y mí descanso.
pues tu palabra no tiene amargura,
y tu compañía es confortadora.
Por tu albura es en mí más verdad la luz
y me es más cercana la presencia de Dios.

4. Bienaventurados los que te aman, oh María,
porque en tus manos hallarán
las riquezas que no parecen.
Y, guiados por tus pasos, entrarán en posesión de Dios.

5. Por mediación tuya, y en tu escuela,
espero llegar a poseer la sabiduría.
Y, a pesar de mi pequeñez y mis debilidades,
llegaré, con tu ayuda, a obtener la gloria del cielo.

6. Pensar, oh María, en ti, amarte e imitarte
es fuente de paz y felicidad.
Quien se instala y vela en tu corazón
no tendrá nada que temer.
¡Qué gozo en todas mis sendas,
sabiendo que caminas tú a mi lado!

7. ¡Gracias de todo corazón, Señora y Madre,
por tus enseñanzas, tu intercesión y tu presencia!
Me alegro y exulto de gozo contigo,
y contigo canto en honor del Altísimo.

8. Gloria al Padre...

Ant. Amad la luz de la Sabiduría: amarla y guardar sus leyes es la perfecta pureza (Alleluia).

SALMO III: Es bueno alabarte, oh María

María desempeña en la historia de la salvación, y por tanto en la vida de la Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros, una misión excepcional. engendrar y prolongar a Cristo en todos y cada uno. Alabada por la mismo Iglesia como figura y prototipo del nuevo pueblo de Dios, bien merece la alabanza de quienes nos llamamos y somos sus hijos. También aquí nobleza obliga. Amar y loar a María es cooperar al cumplimiento de su profecía de que todas las generaciones la aclamarían bienaventurada.

Antífona: El Señor te ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra (Alleluia) (Jdt 13,23).

1. Es bueno alabarte y glorificarse, oh María,
y celebrar tu nombre, de generación en generación.
Proclamaré por la mañana tu bondad
y por la tarde tu fidelidad,
con el arpa de diez cuerdas,
con laúdes y el acorde de la cítara.

2. Tú eres aclamada por toda la eternidad.
Tu misericordia es grande sobre manera,
y es inmensa tu dignidad.
El insensato no llega a conocerte
y el necio no comprende
las maravillas que Dios hizo en ti.

3. Tú me colmas de regocijo con tus obras;
tú me enseñas con tu ejemplo
a dejar a Dios ser Dios siempre en mi vida.
Te invoco, y tú me escuchas;
tú estás conmigo en mi desamparo.

4. El Señor ha glorificado para siempre tu nombre,
haciéndolo también nombre de salvación:
los que te invocan hallarán la vida
y mantendrán su esperanza en el corazón.

5. Úngeme con óleo de bendición,
y mis ojos verán las maravillas de Dios
y escucharán mis oídos las alabanzas
que te dirigen todas las generaciones.

6. Por ti, oh María, creceré como una palmera;
y como un cedro del Líbano, plantado en la casa de Dios,
floreceré en tus atrios;
y en la vejez seguiré dando frutos de vida.

7. Proclamaré con ardor las misericordias del Señor,
que te ha hecho Arca de la Nueva Alianza
y una fuerza que me salva.

8. Gloria al Padre...

Ant. El Señor te ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra (Alleluia).

LECTURA BREVE:

El benignísimo y sapientísimo Dios, al querer llevar a término la redención del mundo, "cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo hecho de mujer, para que recibiésemos la adopción de hijos"... La Virgen María, que según el anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su corazón y en su cuerpo y entregó la Vida al mundo, es reconocida y honrada como verdadera Madre de Dios Hijo y, por tanto, como hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo. Con un don de gracia tan eximia, que antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Ella está unida, al mismo tiempo, en la estirpe de Adán a todos los hombres que han de ser salvados. Más aún: es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza. Por lo que es también saluda como miembro eminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo el más ilustre en la fe y en el amor a quien la misma Iglesia, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a madre amantísima... Habiendo entrado íntimamente en la historia de la salvación, en cierta manera María une y refleja en sí las más grandes exigencias de la fe y de la caridad... Concretamente, la Virgen en su vida fue ejemplo de aquel afecto materno con el que es necesario estén animados todos los que en la misión apostólica de la Iglesia cooperan para regenerar a los hombres (LG 52; 53; 65).

RESPONSORIO BREVE:

V/ Bienaventurada eres, María, porque has creído (Alleluia)
R/ Bienaventurada eres...

V/ Todas las generaciones te aclamarán bienaventurada,
R/ Porque has creído.

V/ Gloria al Padre...
R/ Bienaventurada eres...

MAGNIFICAT:

Antífona: María guardaba y meditaba la Palabra de Dios en su corazón (Alleluia) (Lc 2, 19).

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

Nadie ha hecho tanto por nosotros como nuestro Dios.
Nos salvó ya desde siempre,
sin ser de ello conscientes nosotros,
hasta pasado algún tiempo.
Nos ha colmado de tantos favores,
que muchos envidian nuestra suerte.
Por eso, con María y como ella, decimos:

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

Nosotros se lo debemos todo a Dios,
que es santo y poderoso,
que es fiel y nunca falta a su palabra,
que está en el corazón de cada ser humano
y desea nuestro bien.
Por eso, exultamos de gozo, y con María le cantamos:

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

A nosotros nos ha llamado Dios a vivir
como testigos del Evangelio en medio del mundo,
como imágenes vivas de Cristo entre los hombres.
El está siempre entre nosotros, animando con su Espíritu
nuestra existencia y nuestra obra.
Por eso, unidos a María le cantamos:

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

El nos ha hecho comprender que su amor reposa
en las comunidades de creyentes,
y nos ha concedido poder compartir con otros,
en espíritu de solidaridad cristiana,
toda la riqueza de su plan de salvación.
Con agradecido corazón, como el de María, cantamos:

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

El nos ha hecho depositarios de su gracia,
de su paz, de su perdón, de su palabra,
y nos pide que lo transmitamos
a todos los hombres de buena voluntad,
de generación en generación.
Por eso, exultamos de gozo y le cantamos con María:

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

El nos ha dado como madre a María,
nunca envejecida, ni olvidada,
siempre joven, como la gracia de Dios.
por eso, con ella exultamos y le cantamos:

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

Ant. María guardaba y meditaba la Palabra de Dios en su corazón (alleluia).

PRECES:

Pidamos al Señor, por intercesión del Inmaculado Corazón de María, que nos haga vivir el sentido profundo de nuestra vocación y misión en la Iglesia:

- Para que nuestra consagración bautismal sea una real y cada vez más plenaria participación en la Pascua de Cristo y en su vida según el Espíritu,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

- Para que nos comprometamos, a ejemplo tuyo, a una forma de vida enteramente fundada en el Evangelio y no en la afirmación de nosotros mismos,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

- Para que nuestra vida sea una profecía viviente del Reino de Dios, que está en nosotros y que, sin embargo, seguimos esperando en su consumada plenitud,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal,  confiamos en tu intercesión, oh María.

- Para que vivamos los valores evangélicos, no como una subestimación de nuestras dotes humanas, sino como una liberación y elevación de nuestra persona,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

- Para que, meditando como tú, oh María, la Palabra en nuestro corazón, podamos anunciar a los hombres la experiencia que, merced a su Espíritu, tenemos de Cristo,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

-Para que, como hijos de la Iglesia, nos entreguemos con fe, generosidad y celo a la obra de la evangelización, en especial para con los más pobres y necesitados,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

- Para que sepamos hacerte conocer, admirar y amar a ti, oh María, la primera creyente, discípula y testigo de Cristo y la primera evangelizadora, Madre del Señor y madre nuestra,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

- Para que los que han muerto en la paz del Señor y nos han precedido con el signo de la fe reciban de Dios la salvación y la plenitud de vida en el cielo,
Nos ponemos bajo tu Protección maternal, confiamos en tu intercesión, oh María.

ORACIÓN CONCLUSIVA:

Eres, oh María, señora de la historia,
porque en ti se cumplió "la plenitud de los tiempos".
Se inauguró contigo una nueva era
en la historia del hombre y Dios.

Nos llena de gozo saberte tan de ayer
y tan de hoy. ¡Tan de siempre!
Nunca envejecida, ni olvidada.
Siempre joven, como la gracia de Dios.

Te cantamos hoy,
como te cantaron ayer y te cantarán siempre
todas las generaciones:
¡Tú eres la flor más hermosa
y el fruto más preciado de la humanidad!

Eres la bendición pura de Dios
en el corazón del mundo y de la Iglesia.
Eres la bendita por excelencia y sin reservas,
sobre quien nunca recayera maldición ninguna.
Bendita, porque creíste y te fiaste de Dios,
porque a Él consagraste, por entero,
las fuerzas de tu alma y de tu cuerpo.

Cada vez que te llamamos bendita,
aprendemos de ti a encontrar
la música y la letra, el tono justo
de las bendiciones que debemos pronunciar
los unos sobre los otros.

Enséñanos a cantar tu Magníficat
bendiciendo a Dios por sus maravillas
sobre ti, sobre nosotros, sobre el mundo. Amén.

Dulce Corazón de María
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