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VIII Viernes del Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

 

(Ecco 44, 1.9-13; Sal 149; Mac 11, 11-26) 

Las lecturas de este día nos ofrecen la posibilidad de reflexionar trayendo a la memoria el testimonio de los que nos precedieron.

La invitación que nos hace el texto del Eclesiástico: “Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados”, nos posibilita reavivar el recuerdo de tantos que nos han precedido y han sido ejemplo y testimonio de sabiduría, bondad y santidad.

¿Quién no tiene en su historia personas que han sido motivo de edificación? El recuerdo de vidas ejemplares mueve a emulación, a superar situaciones complejas, y las palabras que nos dijeron se convierten en referencia de sensatez y prudencia, o en estímulo de sagacidad y valentía.

En el posible elenco de nombres venerables, los hay que han llegado a la cumbre de la perfección y se convierten en verdaderos ejemplos a la hora en que debemos responder en las encrucijadas. Es distinto tener como referente una idea que una persona. Sin mitificar a nadie, pues sólo Dios es Dios, la Palabra nos aconseja el acompañamiento de aquellos que nos han precedido en la fe, y son tenidos como personas de bien.

Precisamente respecto a la mitificación, el Evangelio nos ofrece una de las escenas más extrañas y aparentemente injustas, cuando describe que en una ocasión, Jesús sintió hambre, y al desear comer se acercó a una higuera que no tenía higos, porque no era época. Los discípulos observan que aquella higuera se secó como efecto de la sentencia que pronunció contra ella el Maestro: “Nunca jamás coma nadie de ti”.

El suceso, según la cronología de San Marcos, sucede muy próximo a los días de la Pasión del Señor, cuando Jesús se disponía a alcanzar el fin por el que había venido a este mundo: ofrecer a todos los hombres la salvación. La escena muestra uno de los momentos más violentos, cuando Jesús se encara con los vendedores del templo y reivindica la identidad del santuario como casa de oración. Del mismo modo, ante la higuera, la maldición señala que se termina la justificación ritualista del cumplimiento de la ley por la ley, que simbolizaba el árbol, bajo el cual se encontraba Natanael, un israelita de verdad.

Llega el momento de no tener otra referencia esencial que Jesucristo. Si el recuerdo de los que nos han precedido en la fe ayuda y estimula en orden al bien, ¡cuánto más debieran animar nuestra vida las palabras y hechos de Jesús!

Por tantos que nos han hecho bien, entonemos el canto del salmo:

“Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras, Porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes”.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Joaquin Joaquin
el 4/3/11
Agradecido por la ayuda ante la Pala bra de cada dia.En general me guustan los comentarios y me sirven de aayuda para la predicación de cada día. Gracias. Doy mi voto.
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