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VIII Martes del Tiempo Ordinario: Sacrificio de acción de gracias

Angel Moreno -

(Ecco 35, 1-15; Sal 49; Mc 10, 28-31)

Sacrificio de acción de gracias

El salmo interleccional de la Liturgia de este día reza: “Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios”.

Si tenemos en cuenta el sentido y significado de la Eucaristía, encontramos una correspondencia entre la invitación que nos hace el salmista y el Sacramento de la Eucaristía, sacrificio de alabanza, ofrenda de acción de gracias.

Pero es sobre todo la primera lectura la que describe estas dimensiones y las enriquece de una manera especial con el aspecto social. “El que observa la ley hace una buena ofrenda, el que guarda los mandamientos ofrece sacrificio de acción de gracias, el que hace favores ofrenda flor de harina, el que da limosna ofrece sacrificio de alabanza”.
Podríamos interpretar que la celebración de la Eucaristía es un acto de culto a Dios, y un ejercicio de piedad, en contraposición con el simple bien hacer, la responsabilidad laboral, la sensibilidad social o la compasión. Sin embargo, el texto sagrado afirma que cumplir los mandamientos es sacrificio de acción de gracias, y hacer favores es la ofrenda de flor de harina, y la limosna, sacrificio de alabanza, expresiones explícitamente eucarísticas.

El amor a Dios no es divisible, no amamos a Dios si no amamos a los hermanos. A su vez, el que ama no queda sin respuesta. Aunque no haga su ofrenda de manera especulativa, Dios siempre da más que pide: “Da al Altísimo como él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más”.

Jesús, en el Evangelio, aún es más desbordante: “Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más”.

Ofrecer la Eucaristía implica los sacrificios de alabanza, la ofrenda de acción de gracias, el pan de flor de harina, que es la misma vida de Jesucristo. Si queremos asociarnos a su sacrificio no podremos reducirlo a un acto de piedad individualista, ni a un acto de culto, al margen de la implicación solidaria que exige. En definitiva la eucaristía es la expresión de la mayor entrega como culto a Dios y como amor a los demás.

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