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VII Sábado del Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

(Ecco 17, 1-13; Sal 102; Mc 10, 13-16)

Lectura  creyente

Normalmente, al meditar un texto bíblico, acudimos a referencias paralelas en la Biblia, para comprender mejor el sentido del relato. Así, desde la conexión posible con las mismas palabras en otros pasajes, se puede ahondar en la enseñanza revelada y percibir mejor la inspiración del texto.

En el texto que hoy nos propone la Liturgia, encontramos un ejemplo especial, ya que el autor sagrado nos sirve no sólo un relato, sino su reflexión orante sobre el momento de la Creación y de la Alianza, y nos ayuda, de este modo, a relacionarnos con la Sagrada Escritura de manera sapiencial.

Al leer los versículos del libro del Eclesiático que nos propone la primera lectura, nos vienen a la memoria las escenas del Génesis, que hace muy pocos días eran motivo de nuestra meditación; ahora ser no presentan convertidas en verdadera relación orante y en una perspectiva mayor.

Dentro del cántico al Creador y el reconocimiento de que el ser humano es hechura divina, a imagen de Dios, el escritor sagrado destaca la fugacidad de la existencia, fuente de sabiduría. “El Señor formó al hombre de tierra y le hizo volver de nuevo a ella; le concedió un plazo de días contados”. O como canta el salmo: “Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo, que el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a ver1a”.

Otra descripción sobresaliente es la que hace de los sentidos corporales: “Les formó boca y lengua y ojos y oídos y mente para entender; los colmó de inteligencia y sabiduría”. Esta descripción nos invita a despertar la sensibilidad para ser receptores más conscientes de la obra de Dios, como vemos que lo es el autor sagrado: “Les mostró sus maravillas, para que se fijaran en ellas, para que alaben el santo nombre y cuenten sus grandes hazañas”.

Si los sentidos no los tenemos abiertos a la relación con Dios, y en orden al bien hacer, y a cantar sus maravillas, vocación esencial de la criatura, según el texto: “Sus ojos vieron la grandeza de su gloria y sus oídos oyeron la majestad de su voz”, entonces la capacidad sensorial se nos convierte en fuente idolátrica, como señala el salmista que son los “seres de polvo que no pueden salvar”, pues “tienen ojos y no ven, oídos y no oyen, boca y no hablan, no tiene voz su garganta” (Sal 113b).

Desde la perspectiva creyente, con la que se nos describe la creación del ser humano, y de alguna manera el principio y fundamento ignaciano -“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima”-, la respuesta adecuada es crecer en sensibilidad, en percepción consciente de la realidad que nos rodea, saber leer en ella los vestigios del Creador, su actuación providente y elevar el canto de las criaturas, a la vez que desarrollar los dones recibidos. “Les concedió inteligencia y en herencia, una ley que da vida”.

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Comentarios

raxenic raxenic
el 27/2/11
Señor que acoga tu misericordia y tu gracia y desee volver a tí siempre con la limpieza y la sencillez de un niño. Haz que vea siempre desde la esperanza. Cada vez que nos perdonas se abre en nosotros un nuevo comienzo, la posibilidad de conversión. Y como con la inocencia de un niño puedo volver a asombrarme con la maravilla de tu inmenso amor.
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