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VII Jueves del Tiempo Ordinario

Ángel Moreno -

Como el agua


Si recordamos los relatos del libro del Génesis, y consideramos la sabiduría que debiéramos haber adquirido, al contemplar el desenlace que supuso la emancipación del hombre de su Creador, la osadía de quererse hacer como Dios y la prepotencia de intentar llegar hasta el cielo con las fuerzas humanas, nos será más fácil comprender la enseñanza del texto del libro del Eclesiástico que hoy se nos ofrece en la Liturgia para meditar.

El aviso del autor sagrado resultaría excesivamente negativo si lo leyéramos sin el contexto de la experiencia que recuerda el pueblo de Dios que le sobrevino siempre que se obstinó en vivir a la manera pagana.

“No confíes en tus riquezas ni digas: «Soy poderoso»; no confíes en tus fuerzas para seguir tus caminos; no sigas tus antojos y codicias ni camines según tus pasiones. No digas: ¿quién me podrá? , porque el Señor te exigirá cuentas; no digas: «he pecado y nada malo me ha sucedido», porque él es un Dios paciente; no digas: «el Señor es compasivo y borrará todas mis culpas»~.No te fíes de su perdón para añadir culpas a culpas, pensando: «es grande su compasión y perdonará mis muchas culpas»; porque tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados. No tardes en volverte a él ni des largas de un día para otro; porque su furor brota de repente, y el día de la venganza perecerás. No confíes en riquezas injustas, que no te servirán el día de la ira.”
 
Pocas veces nos encontramos con tantas negaciones juntas, doce preceptos negativos, que implican haber superado la idolatría del poder, del tener y del placer.

Se nos advierte del riesgo temerario de quien intenta manipular la conciencia y hasta la identidad divina, convirtiéndose en juez y parte. Si es injusto proyectar la identidad de Dios como alguien terrible, vengativo, matón, también se incurre en deísmo cuando se manipula la verdad revelada para presentar la bondad de Dios y así abusar de ella y de la paciencia y compasión divinas.

Según el salmista, lo justo es poner la confianza en Dios, sin seguir el consejo de los impíos. Quien así lo haga no sufrirá la esterilidad, ni la sequía, sino que dará fruto, como el árbol plantado junto a la corriente, que mantiene su frondosidad.

En el Evangelio se destaca que ante Dios nada queda perdido, ni siquiera un vaso de agua dado al prójimo por ser discípulo del Señor. El agua es símbolo humilde a la vez que vital de la creación.

Si en vez de estar buscando cómo escamotear la ley, nos comportáramos con generosidad, ningún detalle sería inútil.

La llamada que hoy recibimos es a la responsabilidad, pues si Jesús nos ha declarado que somos sal, no debiéramos perder la propiedad saludable, como lo es la sal para los alimentos.
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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

vazecx vazecx
el 24/2/11
Vaya, creo que lo he entendido! Yo siempre me he acogido a la certeza de la misericordia de Dios. Cometo muchos errores y vuelvo a empezar porque sé que Dios es compasivo conmigo. ¿Pero porqué siempre vuelvo a caer en los mismos fallos? Me doy cuenta que la mayoría de las veces acudo a la misericordia no por un arrepentimiento sincero sino por el miedo a las consecuencias de mis errores, cuando mi inconsciencia y mis justificaciones no quisieron verlas antes. Es muchas veces mas el miedo por mi mentira, que el arrepentimiento sincero. Queremos ir de listillos con Dios y El nos descubre, nos desarma. Así con todo pongo esas contradicciones en sus manos para que él las trasforme, las cure, las comprenda y me enseñe a vivir en la verdad.
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