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Viernes de Pascua (29 - Abril - 2011)

Angel Moreno -

«MUCHACHOS, ¿TENÉIS PESCADO?»

¿A qué viene la pregunta de Jesús a sus discípulos de si tienen pescado, si Él ya ha dispuesto el almuerzo sobre las brasas y sabe, además, del trabajo estéril de los suyos?

En la descripción de algunas escenas de los diferentes relatos de Pascua, se puede observar la intención de avivar la memoria de los que acompañaron en vida a Jesús para que lo puedan reconocer resucitado.

Los discípulos de Emaús reconocieron a su Maestro en el gesto de la fracción del pan, el mismo de la noche de la Cena. María Magdalena se sobresaltó cuando escuchó pronunciar su nombre al llamarla Jesús en el jardín, y se echó a sus pies. Debió de recordar la manera que sólo Él tenía de llamarla. Los pescadores de Galilea ya habían tenido una experiencia sorprendente en relación con la pesca, según el Evangelio de Lucas, cuando Jesús dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse” (Lc 5, 4-7). En todos los textos se puede descubrir la misma clave que tuvo el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, por la que un resto de creyentes se mantuvo siempre fiel a su Dios, que fue no olvidar nunca los momentos estelares de la intervención divina en su favor; en este caso se trataba de recordar lo que habían vivido con el Maestro.

No deja de ser sorprendente que la comida que intercambian Jesús y los discípulos sea precisamente pescado. En ello se puede leer la transformación que ha realizado Jesús en los suyos con su muerte y resurrección. Ahora los discípulos pueden darse a sí mismos como se ha dado el Maestro, y si el Resucitado ha preparado un pez sobre las brasas y les invita a almorzar, también los apóstoles, cuando el Resucitado se les presenta en el cenáculo y les pide de comer, le ofrecen pez asado. «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron parte de un pez asado” (Lc 24, 41-42).

DISCERNIMIENTO

¿Te sabes con capacidad de entregarte como Cristo? ¿Descubres en ti la posibilidad de darte como Jesús se te ha dado a ti? Por la Eucaristía somos hechos una sola cosa con Cristo. ¿Te reconoces en la posibilidad de darte como Eucaristía?

TESTIMONIO

La experiencia pascual nos libra de la noche vacía, del cansancio inútil, del esfuerzo prepotente y nos deja el interior remecido de abundancia, de plenitud de vida, capacitados para la entrega generosa, a la manera de los discípulos que trajeron ante Jesús la red repleta de peces grandes. Los primeros cristianos supieron darse como el Maestro.

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