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Vacaciones: Para que algo sea distinto

Alvaro Ginel/Enrique Martinez -

VACACIONES:
PARA QUE ALGO SEA DISTINTO

      Y descansó el día séptimo de toda su tarea.  Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque ese día descansó Dios de toda su tarea de crear (Gn 2, 2-3)
      Seis días trabajarás y al séptimo descansarás (Ex 34, 21)
      Vosotros venid aparte, a un paraje despoblado, a descansar un rato (Mc 6, 31)


UN TIEMPO PARA SOÑAR
Se trata de dejar salir los sueños que tenemos sobre lo que deseamos hacer en vacaciones. Por ejemplo: Escribe las cuatro cosas que sueñas hacer en vacaciones, o que tú piensas que haciéndolas pasarías unas vacaciones fenomenales, y si no se te quedarían un poco «tristes».
Deja hablar a los datos.  Proponte actividades posibles, que otros hacen, que tú podrías realizar (aunque suponga algún tipo de esfuerzo).


UN TIEMPO PARA ANALIZAR
Es preciso analizar las respuestas con una «plantilla» de valores: Por ejemplo: esos sueños, ¿qué valores fundamentales revelan?: Formación personal (lectura, cultura, conocimientos de algún tipo, etc), altruismo, deporte, silencio-reflexión, etc
También es un tiempo para sacar conclusiones de lo que llevas caminado últimamente:

    * qué te ha cansado más y qué has hecho con más desgana o descuido...
    * para qué te ha faltado tiempo (y no debiera haberte faltado)
    * en qué has crecido, madurado, mejorado...
    * qué personas te han marcado o han sido importantes para ti y a quién has dedicado tú más atención.  Valóralo.
    * cómo valoras tu ritmo de trabajo: distribución, orden, preparación, priorización...
    * qué ha habido de creatividad, de inercia, de rutina, de esfuerzo...
   


UN TIEMPO PARA HACER: SUGERENCIAS
  • Dejar de lado totalmente el trabajo de cada día, lo que nos ocupa normalmente
  • Imponernos la quietud, la calma, no un ritmo loco de consumir kilómetros, cosas, actividades, entrevistas...
  • Tomarnos algunos días de «no hacer nada» más que lo más elemental y vital
  • No hablar tanto, sino más profundamente: lo que sentimos, lo que nos preocupa, lo que nos da vida, lo que nos la quita... Cultivar las amistades con las que «se puede hablar», y no tanto la gente con la que «toca» por exigencias del tipo que sea.
  • Permitirnos cultivar las dimensiones más espirituales con la lectura (búscate algunos libros apropiados y el tiempo para leerlos reposadamente), el silencio, la contemplación, el paseo solitario o contemplativo, el arte religioso, alguna celebración más preparada...
  • Darnos tiempos familiares de convivencia, de hablar, de «mirar» fotos familiares de ayer, ordenándolas, de practicar alguna afición...
  • Llevar un «diario de ruta» de nuestras vacaciones, donde plasmar lo que vamos viviendo, sintiendo, contemplando... Anotar lo que brota del hondón del alma, lo que te da que pensar, lo extraordinario que descubres en medio de lo ordinario...
  • Pasar algún día, o un rato prolongado en un paraje despoblado, en la naturaleza
  • Ejercitar los sentidos:
    * Escuchar (prestar atención): a una canción, a sonidos, al silencio, a las personas...
    * Oler: las hierbas del campo, las flores, los ambientes diferentes...
    * Ver: la luz del sol en sus diferentes tonos según las horas del día, los colores del cielo, el arte, los detalles, lo que se nos suele pasar inadvertido... Leer despacio la prensa...
    * Gustar: saborear algunas comidas, comer más despacio, preparar yo algún plato... Caer en la cuenta de las cosas que te gustan y disfrutarlas...
    * Tocar con delicadeza las cosas, los seres vivos, lo que está a nuestro lado cada día y «no vemos», quitarles el polvo acumulado, ordenarlas...


    SÓLO EN DIOS DESCANSA MI ALMA (Salmo 62)

Descanso a veces, pasajeramente,
en pequeños refugios:
un paisaje apartado, una buena noticia,
un encuentro feliz, el trabajo bien hecho,
la sorpresa del sol y el aire fresco
al abrir mi balcón por la mañana
y sentir como el soplo de la vida
tu aliento creador sobre mi frente.
Descanso a veces en la gente buena,
en sus palabras limpias,
seguras y esperadas
como una medicina.
Y busco alguna vez como descanso
el pecho de los bienes aparentes
que colman mi vacío y mi fatiga.
Pero me crece pronto la nostalgia
y me vuelvo veloz a tu recuerdo.
Descanso sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza.
Descanso en el deseo de abrazarte
cuando tengo y abrazo tantas cosas
que él acerca a mi pecho.
Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza
subirían más leves que un soplo.
Sólo tu amor eterno y sin fatiga
funda la consistencia de los hombres.
Sólo en tu amor es firme mi descanso.
Sólo tu amor nos salva de la nada.
(J MAULEÓN, Salmos de ayer y hoy, 122)
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