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V Viernes de Cuaresma

Angel Moreno -

 

(Jr 20, 10-13, Sal 17; Jn 10, 31-42)

Texto para meditar

“El Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo intimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.

Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.”

Reflexión

El texto del profeta Jeremías, quien en la hora recia de la prueba manifiesta su confianza en Dios, lo aplicamos este día, llamado “Viernes de Dolores”, a María, la Madre de Jesús, que con ojos y corazón entrañables, seguro que intuía el sufrimiento de su Hijo, y forzosamente lo hacía suyo, pero que no cedió en su decisión de acompañar a Jesús hasta el monte de la cruz, como la mejor discípula.

Si los mártires de todos los tiempos han experimentado la fuerza del Espíritu y han dado testimonio de fe y de confianza en Dios, ¡cuánto más ayuda experimentaría la Mujer Bendita en la hora suprema de ver al fruto de su vientre en peligro de muerte! Le vendría a la memoria la profecía del anciano Simeón y a su vez las palabras del Ángel: “No temas, María, amada de Dios”.

El que cree se atreve a dar el paso de la confianza, en total abandono, sin más prueba que la certeza que le da la seguridad del amor de Dios, de Aquel que ha comprometido su Palabra, y es fiel. ¡Cómo ilumina la expresión del profeta en la hora más terrible: “El Señor está conmigo, como fuerte soldado”.

Hoy es día contemplativo, de quedarse mirando a los ojos misericordiosos de la Madre Dolorosa para convertirnos en mediación consoladora para ella y, a la vez, recibir en su mirada la fuerza necesaria en nuestras pruebas.

Oración

“Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.”

Propuesta

En el peligro, invocar al Señor, gritar, si es preciso, a Dios. Él, desde su templo escucha la voz  y el grito llega a sus oídos, y Él es misericordioso.

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