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V Miércoles de Pascua

Angel Moreno -

 

YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS; EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL, ÉSE DA FRUTO ABUNDANTE; PORQUE SIN MÍ NO PODÉIS HACER NADA.

Era una mañana de Pascua. Los discípulos se habían marchado de Jerusalén a Tiberiades, no se sabe del todo si por obediencia, ante la noticia que les dieron las mujeres de parte del Maestro de que fueran a Galilea que allí lo verían, o por el movimiento de retorno a su lugar de origen, a sus trabajos acostumbrados, a su vida anterior, un tanto desanimados y tristes, por los sucesos acaecidos en Jerusalén.

Lo cierto es que aquellos hombres, expertos en pesca, que habían crecido entre las redes, y a quienes no se les resistía ningún pez -de ello habían vivido-, se ponen a faenar con dos barcas en el lago de su infancia y juventud, pasan la noche entera en los trabajos de la pesca sin ningún resultado. Al amanecer, agotados, humillados, estériles, deciden volver hacia tierra con las redes vacías.

Entre dos luces escuchan una voz, desde la orilla, que les pregunta por lo que más les podía doler en ese momento: “¿Tenéis pescado?” El sonrojo, el vacío, la decepción, la inutilidad laten en la respuesta. Pero Aquel que les preguntó por el fruto de la brega no lo hizo por herirlos, sino para hacerles comprender de dónde viene la fuerza y la fecundidad en la tarea. Jesús, desde tierra les indica: “Echad la red a la derecha”. Y muy pronto se apoderó de aquellos hombres el sobrecogimiento, cuando al obedecer la orden del desconocido se les llenaron las redes de peces. Entonces comprendieron que era el Señor.

La consigna de la parábola de la vid y los sarmientos, que se nos propone hoy para meditar, es concreta: “Permanecer unidos a la cepa”, permanecer unidos a Cristo. De ello depende el fruto de la tarea o el agotamiento estéril. “Sin mí no podéis hacer nada”. Pocas veces se escucha un pensamiento tan claro y contundente, sin paliativos endulcorados. 

DISCERNIMIENTO

¿Haces las cosas por tu cuenta o por obediencia a la llamada escuchada, a la misión recibida? ¿Te descubres independiente, voluntarista, pretencioso, o pones tus manos en la tarea a la que se te ha enviado? El éxito en tu trabajo, ¿lo reivindicas como fruto de tu esfuerzo o como don de quien te ha dado la capacidad? ¿Eres consciente del principio evangélico “Sin mí no podéis hacer nada?”

TESTIMONIO

Pedro, ante la sugerencia del Maestro, respondió: “En tu nombre, por tu palabra echaré las redes”. San Pablo nos indica: “Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo en el nombre del Señor”.

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