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V Domingo de Pascua

Angel Moreno -

 

“YO SOY EL CAMINO Y LA VERDAD Y LA VIDA”

El domingo pasado, Jesús se presentaba como Pastor bueno, como puerta por la que entrar, mediación insoslayable para quienes deseen avanzar por el camino como hijos de Dios, acompañados por la presencia invisible, pero real del Viandante de Emaús, el Peregrino incansable que va a nuestro lado por el sendero de la vida. Este domingo, Jesús personaliza una triple referencia, se ofrece como Camino, como Verdad y como Vida. 

YO SOY EL CAMINO

El primer hombre, expulsado del jardín, debe caminar errante por el desierto, sin meta. El ángel del Señor se ha interpuesto para guardar el camino que conduce al árbol de la vida (Gn 3, 24). El sentimiento de andar perdido, sin rumbo fijo, expuesto a todas las inclemencias es la forma de describir el modo de actuar del ser humano que se aparta de Dios. 

Una recomendación del Precursor, ante la venida del Mesías, fue la de preparar el camino al Señor (Mt 3,3). Jesús abre el camino al árbol de la vida, Él es el Camino y el Árbol. La humanidad tiene a su alcance el sendero y el horizonte de sentido. Ya no tiene por qué avanzar con pasos perdidos, sino hacia la meta que se le ofrece a través de quien se revela mediación y cumbre del deseo.

YO SOY LA VERDAD

Adán y Eva sintieron el deseo de la sabiduría, de conocer todo, y ante la propuesta del Tentador: “Se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”, comieron del árbol prohibido y cayeron en el error, en la mentira, en la oscuridad de la mente (Gn 3, 5-7).

El salmista suplica: “Muéstrame el camino de la verdad” (Sal 24). Sólo el que busca la verdad habitará en el Monte Santo, en la Tienda sagrada (Sal 14). “La gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1, 17). Jesús se ofrece como Verdad, quien lo sigue no caminará en tinieblas. Él abre los ojos al ciego. Él nunca engaña.

YO SOY LA  VIDA

Los primeros padres recibieron del Creador toda clase de bienes; sólo les puso una limitación: “Del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte». Pero el Tentador replicó: “De ninguna manera moriréis”. Y la desobediencia arrastró a la humanidad al abismo de la mortalidad (Gn 3, 3-4).

Jesús reconoce: “¡Qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!” (Mt 7, 14). Pero a su vez Él se ofrece como Vida, y se entregará a la muerte para que el hombre viva. Él es la resurrección y la vida (Jn 11, 25).

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