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Unid vuestras manos

Bonifacio Fernandez -

Es doloroso. Y decepcionante. Da mucho que pensar. Con mucha frecuente al sacerdote le llega la noticia: aquella pareja cuyo matrimonio preparasteis y celebrasteis con tanto entusiasmo, ya se ha separado. Y uno se pregunta: ¿qué está sucediendo? ¿Cómo es posible? ¿Qué  pasa con el amor matrimonial en nuestra sociedad? ¿Se ha vuelto tan frágil? Me cuentan la anécdota de tres adultos, dos mujeres y un varón. Está de vacaciones. Los tres son separados de sus respectivos cónyuges. Tienen consigo  6 niños. En virtud de la patria potestad y la custodia compartida  les toca hacerse cargo de sus hijos esa semana de vacaciones. Cada persona es padre o madre de dos. Puede ser una imagen representativa de la situación de muchas familias en nuestra sociedad.  Y los niños lo padecen. Y marca su futuro.

Pensando en estas situaciones, y en las preguntas que suscitan,  me viene a la mente un detalle del ritual del matrimonio que pide a los contrayentes para expresar su consentimiento: “Unid vuestras manos y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia”.

El tacto de las manos se une a la palabra y resulta intensamente expresivo. Una bella comparación, que escuché y contemplé en un video de Henri Nouwen, enlaza bien con este detalle. Hablando de la relación, Nouwen la compara con la unión de las manos. Y lo explica.  Podemos unir nuestras manos simplemente juntando las yemas de los dedos. Se trata de una relación de contacto de piel, de sensibilidad. Podemos unir nuestras manos juntando las palmas, una sobre otra. El contacto es más amplio y persistente.

Podemos unir nuestras manos entrelazando los cinco dedos de una   con los cinco de la otra mano.  Constatamos  que encajan perfectamente; se complementan. Forman una unidad. Una mano refuerza a la otra, la embellece, multiplica su capacidad expresiva y simbólica. Somos capaces de llevar más peso entre las dos manos.

Me parece una buena parábola de la relación matrimonial. La unión hace la fuerza. La unión requiere ajustes, encontrar cada  persona su espacio; hacer sitio al otro; dejarle entrar en el territorio personal e íntimo. Implica configurarse mutuamente. La imagen de las manos muestra que hay distintas calidades de relación de pareja. Hay parejas que se unen por la epidermis. No tienen en la mente un claro proyecto común. No sueñan con una sólida y persistente relación. No añoran apasionadamente una biografía  en común. Cuando, en cambio, los sueños diurnos de ser felices y hacerse felices se convierten en la motivación más persiste de sus vidas, la relación hace nacer lo mejor de cada persona. Su mejor amor conyugal de hombre y de mujer.

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Comentarios

tomasa cuxim tomasa cuxim
hace 3 semanas, 1 día
nosotros llevamos 36 años de casados delante de Dios y damos platicas inmediatas al matrimonio, lo primero que les preguntamos a las parejas ¿porque se quieren casar por la iglesia?con que fin, ya que al casarse por la iglesia es para siempre, no es un juego, si solo es para que lo vea la sociedad no tiene caso, porque delante de Dios es algo serio y no hay divorcio y que lo piensen muy bien, ya que lo que Dios une que no lo separe el hombre, respeten lo que dios une, hay matrimonios que han querido separarse, pero nosotros les hablamos y les comentamos cual es el problema y a veces solo son cosas vanas de esta vida, el ser humano se ha vuelto muy materialista y no se dan cuenta que el amor es lo mas importante que une a un matrimonio para siempre y estar siempre en vida de oración, est ... » ver comentario
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Antonio Díaz Antonio Díaz
hace 4 semanas, 2 días
Ciertamente, es triste, aunque ya estamos tan "acostumbrados" que lo que nos resulta anormal es ver que haya parejas que permanezcan unidos después de ¿diez?¿quince?¿treinta? años...
Mi esposa y yo, que vamos a hacer cuarenta años de casados el próximo mes de diciembre, impartimos las charlas prematrimoniales en nuestra parroquia y observamos con tristeza este hecho. Pero la costumbre de casarse ante la imagen de la devoción de la familia y la presión social hace que esas parejas lleven el compromiso matrimonial cogido con alfileres. Y nada más llega una leve contrariedad, se va al garete ese matrimonio. Sólo se piensa en lo material y en vivir bien, sin pensar en la felicidad del otro.
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