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Una vida 'especialmente' consagrada

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Severino María Alonso, cmf - Jueves, 30 de octubre de 2008
LA CONSAGRACIÓN RELIGIOSA

    Cuando se habla de vida consagrada -y, sobre todo, de la vida consagrada, con artículo determinado-, para designar el modo propio de vida de los religiosos y de los miembros de Institu­tos secula­res, no se hace por exclusión, como si no hubiera en la iglesia otras formas de consagración, o como si ella expresase exhaustiva­mente y hasta agotase en sí misma toda la consagra­ción cristiana. Porque es cierto que la vida cristiana es también vida consagrada, y lo es en sentido propio. Más aún, la consagración bautismal es la base, la raíz y el fundamento de toda otra consagración. Por eso, sería mejor y más exacto hablar de vida especialmente consagrada. El adverbio de modo -especialmente- sirve para evitar dos equívocos o dos perspectivas erróneas: la de creer o inducir a creer que sólo la vida religiosa es vida consagrada, lo cual es un verdadero error; y la de pensar o dar a entender que la consagra­ción religiosa se confunde con la consagración bautismal, o no implica ni supone ninguna especificidad o distinción cualita­tiva, lo que sería otro error. Ni monopolio exclusivista, ni tampoco confusión niveladora; porque quien excluye no integra ni comprende; y quien no distingue adecuada­mente, confunde.

    La consagración, en sentido propio y hablando en lenguaje cristiano -es decir, en la más rigurosa teología- debe entenderse siempre en referencia explícita, inmediata y hasta exclusiva a Cristo, como una real configuración con él. Por eso, siempre que se dé esa auténtica configuración, un real parecido con Cristo en una dimensión esencial de su misterio -y no sólo en un simple 'aspecto' de su vida-, se da una real y verdadera consagración. Y según sea la distinta dimensión del misterio de Cristo con la que uno se configure -o, mejor, sea configurado por la acción del Espíritu Santo-, será la distinta consagración. De modo que éste es el criterio decisivo para saber cuándo existe consagración en sentido propio y formal, en sentido teológico-teologal, y en qué consiste esencialmente la consagración.
    
    Las distintas formas de vida cristiana ‑las distintas 'voca­ciones', en sentido estricto‑ sólo pueden entenderse e inter­pretarse teológicamente desde el seguimiento evangélico de  Jesu­cristo.  Y la vida especialmente consagrada ‑también en sus diversas y múltiples for­mas‑ es un modo peculiar y específico, original y propio, aunque no exclusivo, de seguir e imitar a Jesucristo. Porque es seguirle e imitarle en su manera histórica de vivir totalmente para los demás, o sea,  en el misterio de su proexistencia: en su virginidad-castidad, pobreza y obediencia, que constituyen su modo histórico de existir y de actuar en favor de los otros, de Dios y de los hombres, del Padre y de los hermanos.
    
    La consagración, en sentido teológico-teologal, es esencialmente configuración real con Cristo, que es "el Consagrado", es decir, la consagración personi­fica­da, origen y principio de toda otra consagración. Ser llamados (=vocación) a vivir con Cristo (=comunión) implica y es vivir como Cristo (=consagración). Y esta consagración tiene tres expresio­nes fundamentales:
  • Configuración real con Jesucristo en su filiación ‑divina y mariana‑ y en su fraternidad universal, viviendo esta doble condición, filial y fraterna, en el mundo -en las 'normales' circunstancias familiares y sociales (cf GS 31)- para transfor­marlo desde dentro. Esta es la consagra­ción bautismal, ‑realizada por Dios, mediante el sacramento del bautismo y 'confirmada' mediante el sacramento de la confirmación‑ que constituye la identidad y la misión esencial del seglar‑cristiano.    
  • Configuración real con Jesucristo en el misterio de su sacerdocio, para re‑presen­tarle sacramentalmente, es decir, para  hacerle de nuevo visiblemente presente entre los hombres como único sacerdote y permitirle ejercer su sacerdocio de una manera connatural a los mismos hombres. Esta es la consagración sacerdotal ‑realizada por Dios mediante el sacramento del orden‑, que consti­tuye la identidad y la misión esencial del cristiano‑sa­cer­dote. Esta consagración no es, para el sacer­dote, algo accesorio o extrínsecamente sobreañadido, sino su manera específica e histórica de ser cristiano. Es decir, para él, la vocación cristiana es esencialmente 'ministerial'; y la vocación sacerdotal es su forma peculiar de vivir la filiación y la fraternidad, es decir, la vocación cristiana.     
  • Configuración real con Jesucristo‑virgen‑pobre‑obe­diente, que vive en comunión de vida-misión con los apóstoles, para re‑presentarle sacramen­tal­mente en la iglesia y para el mundo, es decir, para hacerle de nuevo visiblemente presente entre los hombres y para los hombres, en el misterio de su proexistencia, o sea, en su modo histórico de vivir enteramente para el Padre y para los hermanos (para el reino), adelantando el modo celeste de vida propio del reino consumado. Esta es la consagra­ción religiosa ‑rea­liza­da por Dios mediante la profesión religiosa‑, que constituye la identidad propia y la misión específica del cristiano‑reli­gioso en la iglesia. Esta consagración no  es, para el reli­gioso, algo extrínseco o accesorio, algo secundario o meramente 'funcional', sino algo esencial y constitutivo, porque es  su manera histórica de ser cristiano. Es decir, para él, su voca­ción cristiana es esencialmente 'religiosa' (implica una espe­cial consagra­ción); y la vocación religiosa es su forma pecu­liar de vivir la filiación y la fraternidad, o sea, la vocación cristiana: Ser testigos y profetas apasionados de la filiación-fraternidad. 
    Y hay que recordar que la más esencial misión del cristiano-seglar, del cristiano-sacerdote y del cristiano-religioso consiste en vivir de verdad esta respectiva consagración. Porque, hablando con rigor, la verdadera misión no es algo sobreaña­dido a la propia identidad, sino la misma identidad en su sentido dinámico y ope­rativo. Es decir, sin identidad, no puede haber misión. Y sin misión, la identidad se desvanece. Por eso, es un dilema falso y carece absoluta­mente de sentido establecer una alternativa entre ambas.


(Cf S. Mª Alonso, C.M.F., La vida consagrada: Síntesis teológica,Madrid, 2001, 12ª ed., pp.XVI-XVIII)
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Comentarios
Gracias Severino por este aporte se necesita mucha claridad todavía de este termino de "Consagrados" en especial en las familias de los misioneros No lo crees?. Nos hacemos más curas de clero que a lo que hemos sido llamados a ser . O también mucho activismo e individualismo..y se nos olvida el llamado a vivir en Comunión. Un abrazo y expero todo lo que tengas sobre vida de Misioneros en la vida conssagrada me lo compartas. Que el Diosa de la vida nos encamine a un verdadero testimonio de segguidores de Cristo. Guillermo
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Severino Maria Alonso Severino Maria Alonso
el 2/11/08
Me gustaría que ampliara el tema de la proexistencia, sobre todo referido a Jesús y luego en la vida consagrada.
José Santos
0
José Santos José Santos
el 22/8/09
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