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Una Pascua diferente

Alejandro J. Carbajo, cmf -
La verdad es que todos los años, la Pascua es diferente, porque nosotros somos distintos, y hemos cambiado (aunque solo sea porque hemos envejecido un año), han cambiado las circunstancias y es muy difícil que se repita todo lo que pasamos de año en año.
 

Este año, en vez de ir a Santa Catalina, me pidieron que echara una mano con las confesiones en la parroquia de la Asunción de nuestra Señora, iglesia catedral de San Petersburgo. Es que aquí la gente se confiesa mucho, sobre todo en Semana Santa. De hecho, el Jueves Santo empecé a las 17.45 y estuve hasta las 18.55, y después de la celebración, desde las 20.15 hasta las 22.00. El Viernes tuve menos trabajo, pero porque había otro sacerdote confesando.
 
Así las cosas, me había hecho a la idea de resucitar en esta iglesia, cuando hete aquí que el sábado por la mañana nos llama el Decano del Arciprestazgo, y nos pregunta que si alguno puede celebrar la Vigilia Pascual en la ciudad de Luga. Si no quieres pinchar el enlace, te digo brevemente que esta ciudad está a 120 kilómetros de San Petersburgo, su población es de 40.000 habitantes, y en 1996 la iglesia fue consagrada de nuevo, después de los años tristes del comunismo.
 
Ciento veinte kilómetros en España no son lo mismo que en España. Aquí las carreteras no son tan “lisitas” como en la Madre Patria. En algunos tramos, hay 3 carriles, uno para ir, otro para venir, y el tercero se comparte para adelantar. Así que ¡ándate con ojo, que lo mismo empiezas tú la maniobra y sale otro contra ti de repente! Por otra parte, la carretera pasa por muchos pueblos, si bien a veces “pueblo” es una palabra demasiado grande para las casas aisladas que te saludan a un lado y otro de la carretera. Es decir, la velocidad se limita a 60 kms/h. O sea, es decir, no sé si me explico, que no puedes correr, porque hay muchos controles de velocidad. Otrosí, digo que los baches te obligan a estar ojo avizor todo el trayecto. Vamos, que no te duermes…
 
Total, que dado que los otros padres de la Comunidad lo tenían más difícil para cambiar sus planes, después de varias llamadas de teléfono, me decidí a viajar a Luga. Avisé al párroco de la Catedral, para que no me esperara, recogí las llaves de la iglesia y del apartamento parroquial de manos del Decano, me fui a mis clases de español y al terminarlas, tras una comida rápida, hice el macuto y me fui para Luga. Tardé 2 horas y media, sobre todo por los atascos a la salida de San Petersburgo. Pero llegué bien.
 
Veinte minutos antes de las ocho de la noche, estaba a las puertas de la iglesia. Me recibió Irina, una señora que tiene las llaves y atiende el templo. Con ella, empezamos a preparar la hoguera, buscar las hostias y el vino (que no había, y tuve que darle dinero para comprar una botella), el leccionario, el misal, vamos, todo lo que hace falta para la celebración de la Vigilia, que no es poco.
 
Estaba yo buscando las cosas, cuando se me acercó un chico, Mijaíl, y a bocajarro me preguntó: Padre, ¿en qué se diferencia la Ortodoxia del Catolicismo? Yo, un poco descolocado, le contesté como pude, mientras buscaba las cosas. Que si 1054, que si el cisma por motivos políticos, que si la Iglesia Ortodoxa y nosotros tenemos los 7 sacramentos, veneramos a la Virgen María… Se acercaba la hora de empezar, y el chico no paraba de preguntar, así que le remití al domingo siguiente, cuando ya estaría el cura que atiende con regularidad la Parroquia. Se fue el muchacho, y quedé yo en el templo.
El templo registraba una temperatura de 4º positivos. En la calle, había 10º. O sea, hacía mejor en la calle que dentro de la iglesia. Pensé celebrar con abrigo, pero… Un cierto pudor litúrgico me lo impidió. Así que me revestí, salí y vi a las 6 personas que estaban allí, dispuestas a resucitar. Fuimos a la parte de atrás de la iglesia, donde estaba la hoguera, y con el Cirio Pascual, bajo la lluvia (empezó a llover cuando salimos) comenzamos la Vigilia.
 
Como puede deducirse, había más lecturas en la celebración que personas en el templo. Por eso, alguno tuvo que repetir lectura. Poco a poco, fuimos llegando al momento de la consagración. Estas personas tienen hambre de Dios, y no siempre hay curas los domingos. Por eso, aprecian mucho cada momento de la Liturgia. Comunión, oración y el grito de “Ha resucitado el Señor” tres veces, y la respuesta de la gente: “Verdaderamente ha resucitado.”
 
Dormí en la casa parroquial, y a la mañana siguiente celebré la misa del Domingo de Pascua. Éramos 11, incluidas mujeres y niños, y dos luteranos que pasaban por allí, para preguntar dónde se reunía la comunidad luterana. Seguía haciendo frío en el templo, pero había calor en los corazones.
 
Me volví para San Petersburgo, y al entrar en la ciudad me pararon los guardias de carretera. Era un control rutinario, creo que el guardia quería un complemento crematístico adicional al bajo sueldo que tienen (siempre hay algún motivo por el que te pueden complicar la vida, aunque no hayas hecho nada), pero yo iba con el clergyman, y al ver que era sacerdote, dudó, y acabó preguntándome cuándo celebrábamos la Pascua los católicos. Este año, la Pascua ortodoxa y la nuestra han coincidido, así que nos felicitamos las Pascuas y me dejó ir.
 
Ha sido una Pascua diferente. Por ser en otra ciudad, con poca gente, en una iglesia donde hacía mucho frío, y de forma inesperada. Las abuelas se alegraron mucho de poder resucitar dignamente. Y yo me alegré de haber aceptado. A ver qué pasa el año que viene.
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