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Una distancia social ¿insalvable?

Por Caterine Galaz -

Ya no es un término desconocido. La «brecha digital» es una preocupación hace más de una década y se han desarrollado muchas investigaciones y proyectos sociales para democratizar el acceso a las nuevas tecnologías y a la Red. Sin embargo, pese a los esfuerzos, esta forma de distancia social persiste y se expresa «camaleónicamente» en diversas facetas. Cada vez queda más claro que el acceso a la información es una herramienta de poder en este mundo globalizado.

Esta neo-diferencia no sólo se puede ver en la dificultad para acceder a las tecnologías y en la brecha de conocimiento que deja a su paso, sino también afecta las posibilidades de desarrollo de los países ya que gran parte de los procesos económicos, bursátiles y también de intervención social se basan en medios tecnológicos. En algunos sectores que no disponen de acceso, muchos sienten cierto «analfabetismo digital», configurado por la diferencia en las oportunidades que otorga la tecnología ya sea por razones físicas (discapacidad), políticoculturales (diferencias de género), económicas o educacionales.

Otro matiz de esta brecha digital tiene que ver con la creciente tendencia de la Red a cobrar por servicios que antes eran gratuitos. Esto supone una nueva forma de desigualdad, pues no todas las personas podrán acceder a un mismo tipo de conexión. Así, hay quienes pueden asumir diversos gastos que genera la Red y quienes tienen que limitarse a los servicios sin costo. Y no sólo se trata de acceso al dinero, sino también de mecanismos de pago como las tarjetas de crédito.

El nivel económico de cada familia se transforma así, en una nueva frontera para la disminución de la brecha ya que mientras en los países desarrollados aumenta el número de personas que dispone de Internet en casa, en los países más pobres incluso es deficiente el acceso comunitario a la Red.

En los países-punta se comienza a distinguir esta brecha. En Estados Unidos le llaman «Digital Divide» por el nivel de distancia que poseen algunos grupos sociales de las tecnologías digitales como las familias de bajos ingresos, las poblaciones rurales, las minorías étnicas y las personas con poca educación.

Pero ¿qué hacer ante un horizonte donde las diversas iniciativas parecen quedar en nada con el veloz avance de las tecnologías y el alto nivel de acceso a éstas de ciertos estratos sociales? La brecha digital es sólo un síntoma más de la macro-desigualdad que vive el planeta, fruto de un sistema económico asfixiante. Por esta razón, para combatirla se deben implementar acciones enmarcadas en una estrategia más general orientada a superar las distancias sociales actuales.

Así por ejemplo, en los países más pobres, la brecha digital pierde protagonismo pues existen otras temáticas sociales más básicas y notorias que siguen pendientes como el acceso al trabajo, los salarios justos, la vivienda y la salud digna, el acceso a una educación básica, entre otras. Ante la escasez de recursos, los Estados tienden a priorizar estas desigualdades dejando lo tecnológico como una tarea de futuro que nunca llega; o bien, se trasladan recursos de un lado a otro, «desvistiendo un santo para vestir a otro», lo que en definitiva no resuelve nada. En algunos casos, se está intentando equilibrar ambos frentes a través de una alianza entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil para combatir la desigualdad social producida por las nuevas tecnologías. Para ejemplo, un botón: Muhammad Yunus, quien ha luchado contra la pobreza, apunta actualmente al desafío de la brecha digital. El protagonista de la revolución de los microcréditos, ha encabezado iniciativas de conectividad y telecomunicaciones para los más necesitados en Bangladesh, sin descuidar por ello su preocupación central por la disminución de la pobreza.

Algunas de las alternativas ya son conocidas, como el acceso comunitario a la Red. Éste no resulta un esfuerzo en vano, porque no sólo posibilita el acceso a Internet de sectores marginados sino que también genera dinámicas sociales que apuntan a relaciones interpersonales basadas más en la cooperación que en el individualismo.

Así también, en algunos sectores se comienza a abogar por el subsidio a la conectividad domiciliaria como parte de la canasta básica actual que requiere una familia para vivir. Cabe destacar, en ese sentido, la ley de telecomunicaciones que se estudia en México, donde se plantea la incorporación de Internet como una necesidad primordial para los habitantes de ese país. Otro caso es el de Brasil, donde se han instalado telecentros gratuitos en diversas ciudades.

Pero los esfuerzos no sólo deben venir desde los sectores más débiles, sino también de quienes disponen de más recursos para disminuir esta diferencia tecnológica. Italia ha asumido parte del liderazgo en el G8 (que reúne a los ocho países más ricos del planeta) en el diseño de mecanismos de «e-government» para trasladarlos a países en vías de desarrollo. La idea central es contribuir en la tecnificación de las administraciones estatales de los países más pobres.

En la misma línea, existen también algunas iniciativas privadas muy interesantes, como por ejemplo «Geekcorps», un cuerpo de voluntarios multinacional que viaja a los países en desarrollo para cooperar en la lucha contra la brecha digital.

«La cumbre mundial sobre la sociedad de la información, recientemente reunida en Túnez, es la entidad internacional encargada de promover políticas que tiendan a la eliminación de la brecha digital. Para hacerlo, los países participantes firmaron una declaración en que se comprometen a expresan una serie de objetivos de mediano plazo orientadas a lograr una conectividad total mundial antes del año 2010 (http://www.itu.int/wsis/docs2/tunis/off/6rev1-es.html)».

Mientras tanto, el camaleón digital toma nuevos matices: algunos científicos plantean su preocupación porque esta distancia social pueda aumentar en el futuro, debido a que los avances científicos estén difundiéndose en medios tecnológicos y por tanto, concentrándose en los países con más acceso a las NNTT.

Otro aspecto de la brecha es el de las minorías lingüísticas. Muchas personas están en desventaja porque en la Red existe un claro predominio del inglés, seguido de muy lejos por otros idiomas «fuertes» como el francés, el alemán o el chino, por lo cual, el espacio para las lenguas nativas o locales resulta muy limitado.

No se sabe hacia dónde se diversificará está distancia digital. Por ahora, queda hacer esfuerzos para aminorar no sólo esta brecha tecnológica sino también la social… en un esfuerzo mancomunado entre las fuerzas sociales internacionales, locales, estatales, empresariales y del tercer sector. Al menos para que el camaleón no siga acrecentando las divisiones sociales tan evidentes en el Globo.


Páginas de interés:


Una exposición clara sobre los orígenes de la brecha.

Artículos sobre las consecuencias de la brecha digital:

http://www.smh.com.au/articles/2002/02/26/1014471636690.html

http://www.itu.int/newsarchive/press_releases/2002/05.html

http://atimes.com/ind-pak/DE21Df01.html


Internet requiere programas de educación.

Brecha digital y Genética


Compromiso de Túnez de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información.
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