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Un verano como Dios manda (o casi).

J. Rovira cmf. -
Estamos acabando el verano. Como siempre, ha sucedido de todo durante estos meses estivos. Ahí van algunas muestras. Comenzaré con algo que parece increíble, sucedido en USA; y luego algunas cosillas romanas. \'\'La noticia salió en el periódico los días pasados. Se trata de la historia de un pobre desgraciado, sin importancia personal a nivel político, económico o eclesial; pero sí como botón de muestra de hasta donde puede llegar la incongruencia (¿estupidez?) humana. Daryl Atkins es un negro norteamericano de 27 años, que cuando tenía 18 años rapinó y mató a un tal Nesbitt. Fue condenado a muerte en 1998. En el año 2002 la Corte Suprema de USA suspendió la pena por considerarlo “disminuido mental”, y a ese tipo de reos no se les puede ajusticiar. La sentencia fue elogiada por el mismo Presidente Bush. Por primera vez se ponía un límite a la pena de muerte. Así se salvaron docenas de condenados. Ahora un tribunal ha decretado que nuestro Daryl ya puede ser ajusticiado porque en la cárcel ha logrado mejorar y, una vez hecha toda una serie de tests, resulta que tiene ya un coeficiente mental suficiente: “Ya no es un retrasado mental”. Por lo tanto, ha sentenciado el juez: “Ya es hábil para morir”. Durante el debate uno de los abogados dijo que, durante el período en la cárcel Daryl incluso se echó una novia; al oir estas palabras Daryl asintió y sonrió satisfecho. El próximo mes de diciembre será ejecutada la sentencia capital. Como ha comentado su abogado Burr, ha necesitado siete años y la ayuda de varios psicólogos para mejorar y ser apto para el verdugo... ¿Será verdad aquello de que el sentido común es el menos común de los sentidos? Hay un proverbio musulmán que dice: Aláh dividió la misericordia en cien partes: noventa y nueve se las reservó para usarlas Él, y una se la dió a los hombres para que la distribuyeran entre ellos. Se ve que era demasiado poco; menos mal que quedan las noventa y nueve partes de Dios... \'\'Este verano han matado a un santo. No se trata de un católico, sino de un protestante calvinista: Roger Schutz. Fue el pasado 16 de agosto. Una mujer, al parecer desequilibrada, le hirió mortalmente durante la oración vespertina en la “Iglesia de la Reconciliación” de Taizé, ante 2.500 personas. Junto con otro amigo suizo, Max Thurian, se había ido a Taizé (Francia) a comenzar una experiencia de vida contemplativa y acción ecuménica. Era el 1940, en plena guerra mundial. Un tiempo en que los cristianos de las varias Iglesias se ignoraban, cuando no se despreciaban u odiaban. En su pequeña casa fue acogiendo a gente que escapaba: judíos, agnósticos, católicos, protestantes..., sin cuestionarles su fe o su ateismo, sin pedirles que participaran en la oración del grupo, ni mucho menos que se “pasaran” a su fe cristiana protestante. Pronto se les juntaron otros “hermanos” cristianos, y el grupo fue creciendo a lo largo de estos decenios, con sencillez, humildad, casi timidez. Su influjo, a nivel internacional, ecuménico y de atracción de jóvenes ya sea creyentes ya sea en busca de un significado de la vida, ha sido incesante. Ahí se inspiró Juan Pablo II para sus “Jornadas Mundiales de la Juventud”. Roger fue un hombre sencillo, austero, que no admitía dones de ninguna clase. Un empresario le dijo una vez que, dado que tanta gente iba a Taizé, pensaba construir ahí hoteles y ayudar con ello a la comunidad en sus necesidades económicas. A Roger le faltó tiempo para replicarle tajantemente: “Sepa que, apenas Ud. comience su obra, nosotros nos iremos a otra parte”. La misma sencillez con que se puso en fila como otros muchos, llevado en silla de ruedas, durante la misa fúnebre por Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro el pasado mes de abril, para recibir la comunión de manos de quien presidía la ceremonia, el entonces cardenal Ratzinger (come se pudo ver claramente en televisión). Ha tenido una muerte digna de un santo y, aunque pueda parecer contradictorio, plenamente en consonancia con toda su larga vida de noventa años. Efectivamente, él, un hombre pacífico, ha muerto asesinado; presidiendo un momento multitudinario de oración; el 16 de agosto, día en que comenzaba la XX Jornada Mundial de la Juventud en Colonia. Este mismo día le llegaba a Benedicto XVI una carta personal del anciano calvinista en la que le pedía poder encontrarle en Roma apenas sus achaques le permitieran viajar; y concluía de su puño y letra: “Santo Padre, le aseguro mis sentimientos de profunda comunión. Hermano Roger de Taizé”. \'\'Vamos ahora a noticias de por aquí. Willy de Moura es un joven seminarista brasileño que, como otros jóvenes, presta unas horas de servicio ante la tumba de Juan Pablo II. Ha manifestado sorprendido: “Hace ya más de cuatro meses que este río de gente comienza a hacer la fila a las siete de la mañana, incluso ahora en agosto; una procesión que no se interrumpe hasta las seis de la tarde en que se cierra la zona de las tumbas debajo de la Basílica”. Otro de los guardias, Fabio Cortellesi, ha confirmado el hecho. Desfilan italianos y extranjeros, gente devota que se para a rezar y simples curiosos, caras conmovidas y turistas que sólo piensan en sacar la foto-recuerdo con el teléfono celular. Hay quien llega con una rosa, quien con la foto de un enfermo entre las manos, quien quisiera dar una limosna. “El Vaticano –contaba Cortellesi- ha tenido que quitar los dos grandes vasos que había uno a cada lado del sepulcro porque muchos, creyendo que eran para recoger limosnas, lo habían llenado de billetes, incluso de cincuenta euros”. Según Susana Hochwieler, alemana, guía turística de Roma, ha venido mucha más gente que otros años. “El Vaticano –dijo otro guía, Gino Mazzone- ha tenido que pedir refuerzos porque sus guías no bastaban, y se ha dirigido a otras agencias romanas”. Las explicaciones del hecho pueden ser varias: miedo del terrorismo, dificultad de ir a otras partes, debido a lo cual no poca gente ha decidido venir a la Ciudad Eterna. Pero, aseguraba Susana, ciertamente hay muchos que dicen: “Hemos venido a Roma porque ha muerto el Papa”. Como si hubiera sucedido ayer; y, en cambio, ya han pasado más de cuatro meses... Sin embargo, en Roma sucede de todo. Por eso les cuento lo que sigue. A un compañero mío, claretiano, le robaron en el autobús la cartera donde llevaba dinero y documentos. A los pocos días le llegó por correo la cartera con los documentos, pero evidentemente sin el dinero. La abrió y se dió cuenta de que, además de los documentos, había un papel escrito. Lo leyó. Se ve que el ratero era un católico “bueno y honesto”, y sobre todo un asiduo lector del Evangelio. Efectivamente, en el papel estaba escrito: “Señor cura, he visto que Ud. es sacerdote. En el Evangelio Jesús dijo que había que elegir entre Dios y el dinero. Ud., como sacerdote, ha escogido a Dios. Por eso a mí me ha tocado quedarme con el dinero”. No deja de ser una exégesis actualizada, aunque tal vez no del todo exacta... Me imagino que si el Señor Jesús le encontrara le diría: “Amigo, yo, cuando dije lo que está escrito en el Evangelio (¡porque es verdad que lo dije –Mt 6, 24s-, y en esto tienes razón!), no intentaba justificar tu comportamiento; por lo tanto, has hecho mal y tienes que devolver lo que no es tuyo. Pero, te confieso que tu picardía ma ha hecho sonreir...”. ¿Será que la compasión es una mezcla de justicia y sentido del humor? Arrivederci! J. Rovira cmf.
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