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Un justo en el infierno

Josep Rovira, cmf -

En Italia (como, me imagino, en otras muchas partes) hay toda una serie de sacerdotes metidos en los apostolados más dispares y difíciles del mundo de la marginación: la prostitución, la droga, la mafia, el sida, las cárceles... Quisiera recordar algún nombre más conocido por aquí: Don Giuseppe Puglisi (asesinado por la mafia en los años 90, porque “estorbaba” con su actividad entre los jóvenes de su parroquia...), el claretiano P. Angelo Cupini (fundador de la llamada“Comunità di Via Gaggio”), Don Luigi Ciotti (fundador del “Gruppo Abele”, para ayudar a quienes quieren salir del mundo de la droga), Don Antonio Mazzi (fundador de la “Fundación Exodus”), Don Vinicio Albanesi (responsable de la “Comunità di Capodarco”), Don Pierino Gelmini, Don Andrea Gallo, etc... Entre ellos está Don Oreste Benzi: una especie de abuelito que, a sus ochenta años sonados, continúa impertérrito, como un huracán de Dios, en su intento de salvar a esclavas de la prostitución. Un justo en el infierno. A él dedico hoy estas líneas.

Hace pocos días, el dicho Don Benzi fue entrevistado por una revista italiana (Rogate Ergo, 2005 n.12, pp. 24-30). Saco de allí y comento algunas de sus frases.

Don Oreste fundó la primera “Comunidad Papa Juan XXIII” en 1968. Como suele suceder mcuhas veces en la historia, él no quería fundar nada; fué el encuentro brusco, más aún, brutal con los explotados lo que le llevó a comenzar a crear lo que él llama “Casas Familia”. Actualmente tiene 246 esparcidas por el mundo.

Como digo, todo comenzó inesperadamente. Había ido –cuenta él mismo- a visitar un grande instituto que albergaba a 400 enfermos. A un cierto momento, un muchacho tetraplégico, Gennaro, le miró y le dijo: “¡Sácame de aquí, también yo quiero vivir!”. “Me pareció –cuenta- como si fuera la voz de Dios”. De este modo nacieron las casas-familia. Y de la misma manera nacieron las comunidades para tóxicodependientes. De éstas dirige toda una serie en 22 países del mundo.

En su primera experiencia sacerdotal, Don Oreste dió clases de religión en un Liceo Científico en los años en que estalló la contestación juvenil. Trataba de ponerse en la visual de sus alumnos para comprender sus posibles motivaciones. Discutía con ellos, para darles razón en lo que creía que la tenían y hacerles razonar en lo que juzgaba que se equivocaban. Total, que a veces sus clases duraban tres horas... Dice que a quien le soltaba, pretendiendo ofenderle: “Cura, ¡yo no creo en nada de todas esas pamplinas!”; él le contestaba sin inmutarse: “Cristo no te pide que creas en Él, sino que le sigas”; y comenta: “Una broma clerical, ¡pero eficaz!”.

Pero, Don Benzi es sobre todo famoso por haberse metido en el peligroso mundo de la prostitución con la idea de liberar a esclavas de esta situación y desafiando a sus protectores. En particular, se ha dedicado a las que tal vez son las más abandonadas y explotadas: las prostitutas nigerianas y de otros países africanos. “Me llaman ‘baba’, que quiere decir ‘papá’. Y si un padre tiene a un hijo o a una hija de noche por la calle, ¿puede ir a dormir tranquilo? ¡Tú estás tranquilo viendo la televisión y ellos están en la calle! ¿Cómo puedes resistir? ¡Yo no! No pasa semana que no vaya a encontrar algunas; y desde luego voy a las tantas de la noche, a ciertas calles, donde están esperando a los clientes, tal vez calentándose junto a un brasero en estas noches de invierno. Si nuestros obispos nos dicen: Id a dónde sea para dar una mano a quien la necesite, ¡yo voy... adonde sea! Voy a donde están las prostitutas, voy a las discotecas, y he llevado allí incluso a algunos obispos...”. Y comenta: “Eso es posible hacerlo si tienes un corazón limpio (Bienaventurados los limpios de corazón, dice el Evangelio, ¿no?); y tu corazón permanece limpio si tu mirada se encuentra siempre, no con el pecado de otro, sino con un hermano o hermana”.

Don Benzi y los que le ayudan miran de entrar en contacto con las muchachas que se prostituyen, auténticas esclavas, víctimas del miedo de sus apoderados y de las necesidades de sus familias lejanas. Se entabla conversación con ellas: de qué país vienen, cómo es su familia... Suelen ser religiosas: “Les pregunto: ¿Crees que a Dios le gusta la vida que haces? A lo que me responden: ¡No!. Entonces, ¿por qué lo haces? La respuesta es siempre la misma: Porque estamos obligadas; si no, la pagan mis padres”.  Se las invita a orar un momento juntos. Al principio no se fían; creen que es una trampa más para explotarlas. Si quieren (no todas quieren), la asociación “Juan XXIII” les ofrece acogida 24 horas al día. Otra de sus iniciativas ha sido la de adoptar a una prostituta: “Que cada parroquia adopte una, la ayude; ¡nosotros tenemos a más de 300 adoptadas!”. Se les da habitación, comida, un trabajo, un pequeño salario...

A la pregunta, de dónde saca su valentía, Don Benzi responde: “¡De las rodillas...!”, es decir, de la oración; y añade: “En pocas palabras, cuando uno quiere hacer una cosa encuentra mil maneras para hacerla, y cuando no la quiere hacer encuentra mil excusas para no hacerla... ¡Cuántas veces tengo miedo! Una vez me encontré frente a una pistola. Sucedió en la ciudad de Rímini. Comprendí que la valentía no está en no tener miedo, sino en vencer el miedo con un amor más grande”. 

Se hicieron famosos algunos de sus encuentros con Juan Pablo II. El 16 de Mayo del año 2000 fue a Roma con la comunidad “Juan XXIII” para celebrar el Jubileo. Cuando estaba en la Plaza de San Pedro, durante la audiencia pública del Papa, se le acercó uno y le dijo: “¡Venga arriba, a donde está el Papa! Puede traer además a otra persona, si quiere”. Junto a él estaba Ana, una exprostituta nigeriana, gravemente enferma de sida: “¡Ven conmigo!, le dije”. Cuenta: “Cuando llegamos ante el Papa, nos arrodillamos, nos presentamos e inmeditamente Ana comenzó a decirle: Papá, papá, la vida en la calle es fea, asquerosa...; y estalló en un llanto incontenible. Y añadió: Papá, ¡libera a las muchachas! En la calle hay tantas muchachas, incluso niñas; papá, ¡libera a las niñas!...; y continuaba llorando”. El Papa la acariciaba como a una hija. Al final dijo sollozando todavía: “¡Papá, en la calle me he enfermado, tengo el sida!”. Juan Pablo trataba de consolarla. Ana murió poco tiempo después.

En el 2001 se celebró en Asís el encuentro entre todas las religiones. El Papa había subido en su “papamóbil”, y Don Oreste se encontraba cerca. A un cierto momento, oyó que alguien le decía: “¡Don Benzi, suba!”. Era el Secretario pontificio, Don Estanislao. No quería subir: “¡Don Benzi, le he dicho que suba!”. Subió y le hicieron sentar junto al Papa. Éste le cogió las manos y le dijo: “Continúa, continúa...”. El 15 de Mayo del 2002 fué de nuevo a una audiencia con otra prostituta. La joven comenzó a decir a Juan Pablo II: “Papá, fuí violada a los 12 años”. Luego, le contó al Papa su historia. Al final de la audiencia pidieron a Don Oreste, de parte del Papa, una información escrita sobre la prostitución.

Oreste es un cura incómodo, sin pelos en la lengua. “Una vez me dijo un ministro del gobierno que hay que mirar cómo reacciona la gente; y yo le respondí: ¡No! ¡Usted no puede hace leyes calculando los votos que recibe o los que pierde, sino en función de la justicia! Yo no callo nunca en estas cosas. Martin Luther King decía: No tengo miedo a la maldad de los malvados, sino al silencio de los honestos. Suelo decir a los jóvenes: ¡Salid del rebaño de los honestos! ¡No tengáis miedo del mal que existe, sino del bien que falta por hacer!”. Otra vez presentó un proyecto de ley a parlamentarios de varios partidos contra la esclavitud de la prostitución; pero, le dijeron: “Padre, ¿quién quiere que apruebe semejante ley? ¿Qué partido quiere ir contra sus clientes? ¿Quién desea exponerse a perder diez millones de votos? Yo respondí: ¡Eso es horroroso! ¡Es la prostitución de la política por el voto!”.    

Hace poco comenzamos el 2006, todavía estamos a tiempo para decir ¡Feliz Año Nuevo! Pero, que lo sea para los más posible...; también para quienes se sienten forzados a vivir al borde de nuestras calles y carreteras, esperando ser explotados por cristianos o no, que los esclavizan... De todos Dios es igualmente Padre: ¡No tenemos más que uno, y todos los demás somos hermanos!, dice el Evangelio (Mt 23, 8-9); también la prostituta africana que, aunque muchos no abusemos de ella, frecuentemente sin embargo la dejamos en su esclavitud cuando finjimos no verla, o la  despreciamos o la condenamos sin más.

Arrivederci!

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