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Un día cualquiera con Benedicto XVI

Josep Rovira ,CMF -

En el artículo anterior traté de hacer una especie de balance de este primer año de pontificado de Benedicto XVI. Expresamente dejé algo en el tintero para esta vez. De manera que hoy quisiera completar un poco lo que entonces escribí.

Quizás más de una vez nos hemos preguntado: ¿cómo es la jornada cualquiera del Papa, la de la monotonía de cada día? O, con otras palabras, ¿qué hace el Papa todo el día, cuando no tiene encuentros y audiencias especiales, viajes, etc.? He tratado de mirar por ahí e informarme, sin meterme excesivamente en su “vida privada”. Como verán, al final resulta una jornada muy sencilla y humana.

Empecemos describiendo su despacho en el que va a pasar muchas de sus horas. Sobre la mesa, siempre ordenadísima (¡es un alemán!), tiene un san José de madera, regalo de los cristianos de la “Val Gardena” (norte de Italia) y un vaso de flores que las “señoritas” encargadas del piso le cambian cada día. Dichas “señoritas” se llaman Carmela, Manuela, Loredana y Cristina; pertenecen a la asociación “Memores Domini”, que es una rama de consagradas contemplativas del movimiento “Comunión y Liberación”.

Sobre la escribanía hay una lámpara moderna, un despertador francés, algunos libros esenciales, como el “Código de Derecho Canónico”, un volumen de citas bíblicas y un pequeño plato de cristal con algunas piedras de río (hay quien dice que las ha recogido en las orillas del Inn, el río que baña las afueras de su pueblo natal).

Pero, el objeto que las “señoritas” tienen que cuidar con particular atención es una pluma estilográfica de mesa, “Mont Blanc”. Desde siempre a Ratzinger le ha gustado escribir a mano. Y de hecho ha llenado miles de páginas de lo que después han sido sus numerosos libros y artículos con una caligrafía minúscula y ordenada, con poquísimas correcciones y repensamientos. Caligrafía que Uds. habrán podido comprobar cuando aparece su firma en algunos documentos.

Pasemos a la jornada propiamente dicha. Comienza muy pronto. El despertador suena a las seis de la mañana, contemporáneamente con el de sus dos secretarios. Como ya saben, su “sombra” es el sacerdote alemán Georg Gaenswein, cercano ya a los cuarenta años, el cual, hasta que el Papa le llamó para ser su secretario personal, era profesor de Derecho en la Universidad de la Santa Cruz (Opus Dei) de Roma y... ex-maestro de esquí, por afición, de jóvenes seminaristas. Este carácter deportista hace que tenga buena presencia y que incluso suscitara la admiración de la bisabuela Franca Ciampi, esposa del que fue hasta hace pocas semanas Presidente de Italia, el senador Carlo Azeglio Ciampi, en uno de los encuentros entre el Papa y la pareja presidencial. El segundo secretario lo heredó de Juan Pablo II, y  es el polaco Mieczyslaw Mokrzycki. Finalmente, forma parte de la “comunidad del tercer piso” del llamado palacio apostólico un “ayudante de cámara”, un tal Paolo Gabriele, “Paoletto” para los amigos.

Después de un rato de meditación por parte de toda la comunidad, sigue a las siete y media la Santa Misa presidida por el Papa en su capilla privada. La capilla es tal como la dejó Wojtyla, excepto un cuadro de Nuestra Señora de Czestokowa, que ha pasado a la capilla del arzobispado de Cracovia. Raramente participan huéspedes de fuera a la celebración eucarística.

El desayuno es de tipo italiano: café, leche, pan, mantequilla, mermelada, miel y galletas. Luego el Papa se retira a su despacho un par de horas para preparar las audiencias del día que suelen tener lugar entre las once y la una de la tarde: obispos, cardenales, personajes políticos o de todo tipo... Benedicto XVI las ha reducido drásticamente de número para poder dedicarse más detenidamente al estudio de los varios dossiers y cuestiones que le van presentando. Si algo privilegia es el encuentro con los obispos que vienen a la llamada “visita ad limina”, esa visita que todo pastor hace al Papa y a la Curia cada cinco años para informarles de la marcha de su Iglesia local.

La comida de mediodía es a la una y media. Come con sus secretarios y no es frecuente que participen otros huéspedes. Quien es siempre bienvenido es su hermano mayor, el último que le queda (eran dos hermanos y una hermana), don Georg Ratzinger. Incluso tiene siempre preparada una habitación encima del tercer piso, donde están también las habitaciones de los secretarios y demás miembros de la comunidad. También el menú del mediodía suele ser italiano: pasta, carne o pescado, ensaladas o verduras, que suelen llegar todos los días del huerto de la finca veraniega de Castelgandolfo. Benedicto es prácticamente abstemio.

A continuación suele descansar un poco sentado en un sillón. Luego, siguiendo la costumbre que tenía ya Pío XII, y si lo permite el tiempo, suele salir a pasear de las tres a las cuatro en los jardines vaticanos. Por la tarde alterna el trabajo en su despacho con encuentros con el cardenal Secretario de Estado y sus ayudantes. Los martes lo suele dedicar a preparar el texto que leerá al día siguiente en la audiencia general con la gente. Los viernes hacia el atardecer recibe a su sustituto, el cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Hacia las siete y media se encuentran todos los de la comunidad para una cena más bien ligera. Es el momento también de ver algún telediario, y dar un rápido vistazo a algún programa que pueda interesar a este tipo de público, según el responsable de escogerlo, el secretario don Georg. A las nueve y cuarto la pequeña comunidad se disuelve  con un último momento de oración en la capilla.

Luego, Benedicto XVI vuelve generalmente a su estudio a trabajar. Pasando por la Plaza de San Pedro se puede ver la luz encendida de su despacho, que se suele apagar hacia las once. Lástima que, debido a que las ventanas son dobles, no se puedan oir desde la plaza las notas del piano, cuando, aprovechando algún momento de pausa, se sabe que el Papa se acerca a su instrumento preferido y se concede un breve descanso musical...   

Luego, evidentemente, están los días con horarios diversos y más pesados, las audiencias extraordinarias (¡que tan extraordinarias no son, dada su frecuencia!), las visitas fuera del Vaticano, por ejemplo a alguna parroquia, los viajes (sólo este año en Polonia, España, Baviera, Turquía...), etc. Todo lo cual no es poco para un hombre con tanta responsabilidad y setenta y nueve años de edad...

Arrivederci!

J. Rovira, cmf.

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icono comentarios 2 comentarios

Comentarios

Robin Manfred García Araya. Robin Manfred García Araya.
el 25/11/09
Tengo 18 años y apoyo a la Iglesia Católica y también al Papa y me gusta conocer sobre la Iglesia y también quiero llegar a ser Sacerdote en Alemania ¿Me podrían ayudar?
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España España
el 26/1/10
Éste Papa...!nos tiene a todos locos de contentos!
Buena es esta información que se nos aporta, Gracias Josep.
Y abrazos para todos,ser felices.
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