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Triunfo o Tragedia

Hno, Bill Firman (Trad. Paula Merelo Romojaro) -

Esta es la última semana de las ocho que dura el programa de formación para profesores en ejercicio que estamos desarrollando en Yambio, Malakal y Leer. Por primera vez hemos podido utilizar nuestras propias instalaciones, construidas a tal efecto, en Yambio y Malakal y contamos con mejores instalaciones en Leer, lo cual ha supuesto una gran mejora en la calidad de lo que podemos ofrecer.


En cada lugar, los profesores han recibido siete horas de formación a la semana de manos de los tutores de SSS. El progreso no siempre es rápido pero se han dado importantes pasos para mejorar la calidad de la educación primaria. También pudieron residir en cada centro algunos de los participantes, a pesar de que las instalaciones están todavía por finalizar. De esta forma, hay que gestionar las comidas y facilitar alojamiento improvisado. Sobra decir que los profesores que residían allí respondieron muy bien en términos de asistencia así como la gran mayoría de los que venían todos los días desde sus casas. He tenido la posibilidad de visitar todas las sedes y me ha alegrado mucho constatar el excelente espíritu que se percibía entre los profesores y los tutores de SSS. Teniendo en cuenta todas las incertidumbres que existían en Sur-Sudán a principios de febrero cuando el programa comenzó, creo que tanto los profesores como sus tutores se están dando cuenta de que se ha conseguido algo importante y de gran valor. Quizás se nos pueda perdonar el tener un sentimiento de triunfo al haber salido todo tan bien.


El programa de Malakal fue interrumpido cuando estallaron revueltas y nos vimos en medio de las disputas entre fuerzas militares rivales. Tanto los profesores como sus tutores tuvieron que resignarse durante algunos días hasta que las luchas cesaron. Después, se retomaron las clases y el número de participantes se fue recuperando progresivamente a medida que la amenaza de saqueo desaparecía.


Por desgracia, el número de disputas y enfrentamientos en las filas de las fuerzas militares del Sur han ido creciendo sistemáticamente. Los obispos se reunieron en Juba esta semana y el consejero del Presidente que se dirigió a ellos, les habló abiertamente de la preocupación que tiene el Presidente porque las antiguas divisiones están resurgiendo y existen incluso amenazas de muerte contra algunos de los miembros del gobierno de Sur-Sudán. El gobierno quiere la ayuda de los obispos, que están dispuestos a colaborar. Ciertamente, pueden aportar gran autoridad moral a la causa de la convivencia pacífica de todos en Sur-Sudán, pero las rivalidades tradicionalmente conflictivas son difíciles de suavizar. Hace unos días, en Boma, una tribu tomó represalias contra otra tribu rival porque había percibido hostilidad por su parte y encerraron a todas sus mujeres en los tukuls (casas con techos de paja) y les prendieron fuego. Por el momento, este problema está ocurriendo principalmente en zonas remotas pero muestra una hiriente falta de respeto por el valor de la vida humana. El ataque en Malakal fue cuidadosamente orquestado por generales deshonestos y egoístas y existen incluso rumores de un posible ataque en Juba, la capital. Por todo esto, yo sigo siendo testigo y experimentando una confianza tranquila entre la mayoría de la gente. Sería un error tremendo si la ambición egoísta de unos pocos dirigentes volviera a sumergir en la violencia a la vasta mayoría que quiere seguir viviendo en paz.


¿Nos sentimos en peligro? Realmente no. Está claro que existe un respeto por la gente de Iglesia y por los servicios que estamos ofreciendo a muchos que han llegado a vernos como amigos. Aunque las disputas en Malakal estaban cerca, fue evidente que ni nuestros trabajadores ni nuestras propiedades eran parte de los objetivos. Al contrario, yo siento que la gente en cierto modo es bastante protectora hacia nosotros y verdaderamente aprecian lo que estamos tratando de hacer. Nosotros continuamos rezando para que el bien de la paz triunfe sobre el gran mal de la guerra. Continuamos planificando, viviendo y actuando en el convencimiento de que el futuro de Sur-Sudán está todavía por construir. Hay mucha gente, tanto local como expatriados, que se han unido en el esfuerzo de alcanzar esta meta. Sería una tragedia si las acciones de una minoría armada destruyeran los intentos de una gran mayoría por conseguir una transición pacífica y evitar los conflictos con el norte. Yo estoy convencido de que, a pesar de los crecientes casos de violencia, existe todavía esperanza y optimismo para pensar que la paz prevalecerá.

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