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Tres clases de espiritualidades

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Todos nosotros luchamos, y luchamos de tres modos. Primero, a veces luchamos simplemente para mantenernos,  para permanecer sanos, estables y normales, para no caer a pedazos, para no tener nuestras vidas desatadas en el caos y en la depresión. Cuesta un verdadero esfuerzo mantener nuestra normal salud, estabilidad y felicidad.

Pero, incluso mientras sigue esto, otra parte de nosotros está siempre tendiendo hacia arriba, luchando por crecer, para llevar a cabo cosas más altas, para no gastar nuestras riquezas y dones, para vivir una vida que sea más admirable, noble y altruista.

Después, a otro nivel, luchamos con una amenazante oscuridad que nos rodea y sujeta. Las complejidades de la vida pueden abrumarnos dejándonos con una sensación de amenazados, pequeños, excluidos e insignificantes. Por esta razón, algunos de nosotros somos conscientes de que pasamos por una época, una crisis, una relación perdida, un empleo acabado, una muerte de un ser querido o una cosa que ni siquiera podemos prever, al margen de una caída en una paralizante depresión, una enfermedad o un oscuro caos que no podemos controlar.

En resumen, luchamos para mantenernos a nosotros mismos, luchamos para crecer, luchamos para tener acorraladas la depresión y la muerte.  Porque luchamos a estos tres niveles, necesitamos tres clases de espiritualidades en nuestras vidas.

A un nivel, necesitamos una espiritualidad de mantenimiento, esto es, una espiritualidad que nos ayude a mantener nuestra normal salud, estabilidad y normalidad. Demasiado frecuentemente, las enseñanzas espirituales descuidan este vital aspecto de la espiritualidad. Más bien, nos desafían siempre a crecer, ser mejores personas, ser mejores cristianos, ser simplemente  mejores de lo que somos ahora. Eso es bueno, pero da por sentado ingenuamente que ya estamos suficientemente sanos, estables y fuertes para ser desafiados. Y, como sabemos, muchas veces no es ese el  caso. Hay ocasiones en nuestras vidas en que lo mejor que podemos hacer es agarrarnos, no caer en pedazos y luchar por recuperar algo de salud, estabilidad y fuerza en nuestras vidas, poner simplemente un pie delante del siguiente. En estos momentos de nuestras vidas, el desafío no es exactamente lo que necesitamos; más bien necesitamos que nos den permiso divino para sentir lo que estamos sintiendo y necesitamos que nos den una cálida mano para ayudar a tirar de la riendas de nuevo hacia la  salud y fortaleza. El desafío a crecer viene después.

Y ese desafío viene con una invitación a subir, hacia una espiritualidad del ascenso. Todas las espiritualidades dignas de tal nombre insisten en la necesidad de hacer un cierto ascenso para crecer más allá de nuestras inmadureces, nuestras perezas, nuestras lesiones y el perenne hedonismo y la superficialidad de nuestra cultura. El énfasis aquí es siempre tender hacia arriba, más allá, hacia los cielos y hacia todo lo que es más noble, altruista, compasivo, digno de ser amado, admirable y santo. Mucho de la clásica espiritualidad cristiana es una espiritualidad del ascenso, una invitación a algo más alto, una invitación a ser fiel a lo más profundo de nosotros, esto es, la imagen y semejanza de Dios. Buena parte de la predicación de Jesús nos invita cabalmente a algo más alto. Confucio, uno de los grandes maestros morales de todos los tiempos, tenía una pedagogía similar, invitando a la gente a mirar la belleza y bondad y a tender siempre en esa dirección. En nuestro tiempo, Juan Pablo II usó esto muy eficazmente en su llamada a los jóvenes, desafiándolos siempre a no traicionar sus ideales, sino buscar siempre algo más alto y más noble a lo que entregar sus vidas.

Pero el desafío al crecimiento necesita también una espiritualidad de descenso, una visión y una serie de disciplinas que nos señalen no sólo hacia el sol naciente, sino también hacia el sol poniente. Necesitamos una espiritualidad que no evite ni niegue las complejidades de la vida, la loca conspiración de las fuerzas que están más allá de nosotros, los paralizantes fracasos y depresiones de la vida y la amenazante realidad de la enfermedad, el debilitamiento y la muerte. A veces, sólo podemos crecer descendiendo a ese temeroso infierno, donde, como Jesús, pasamos por una transformación al enfrentarnos al caos, al debilitamiento, a la oscuridad, a las fuerzas satánicas (cualesquiera que éstas puedan ser) y la muerte misma. En  algunas culturas antiguas, esto se llamó “sentarse en las cenizas” o “ser un hijo de Saturno” (el arquetípico planeta de la depresión). Como cristianos, nosotros llamamos a esto “pasar por el misterio pascual”. Cualquiera que sea el nombre, todas las espiritualidades auténticas te invitarán, en algún momento de tu vida, a hacer un doloroso descenso al temible infierno del caos, la depresión, el fracaso, la insignificancia, la tiniebla, las fuerzas satánicas y la muerte misma.

La vida misma se revela más allá de nosotros y en el llano campo de la normalidad. Ninguno de éstos puede ser ignorado. De este modo, siempre necesitamos mantenernos y fijarnos, incluso mientras tendemos hacia arriba y a veces nos permitimos descender a la oscuridad.

Y aún hay tiempo de hacer todo esto. Como Rainer Marie Rilke escribió una vez:

“Todavía no estás muerto. No es demasiado tarde
para abrir tus profundidades, zambulléndote en ellas;
y bebe en la vida
que allí se revela calladamente”.

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icono comentarios 6 comentarios

Comentarios

Martha Martha
el 4/11/14
La vida es una lucha diaria para sobrevivir, para no -
derrumbarse a pedazos por los continuos escollos que
encontramos en el camino. Me llama la atencion el ar -
ticulo del P.Ron en el dia de hoy, en su contexto encon
tramos que luchamos por mantenernos estables y nor-
ma;es a tres niveles, por tanto necesitamos con verda-
dera urgencia tres tipos de espiritualidad, una para per
manecer estables, otra para cuando sintamos el desa -
fio de subir, pero este crecimiento necesita logicamen
te una espiritualidad que sea capaz de ver que no siempre se puede ascender sin tener que descender,
debido a todos los obstaculos que llegan sin tener que
buscarlos y no todos tenemos la virtud de poder cre -
cer en el descenso. Pero no debemos preocuparnos
con este jeroglifico, sigamos el ca ... » ver comentario
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eleazar eleazar
el 5/11/14
Cuando leí el artículo me dejó un poco perplejo, tres espiritualidades cuando me esfuerzo por intentar ser un poco espiritual. Leyéndolo más detenidamente entiendo lo que quiere decir, aunque la visión y las disciplinas para algunos queden lejanas, por lo menos mentalmente, pero considero que lo que llama espiritualidad del descenso es muy importante, puede ser para muchos el crisol, porque al final es un abandono, la noche oscura, pero es dura y hay que estar muy convencido que el sol siempre triunfa, la oscuridad solo se presenta donde no está Él. Hay que pedir su presencia siempre.
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aoaoaoao aoaoaoao
el 4/11/14
Me ha gustado y ayudado esta reflexión. Me ayuda más entenderla pensar que son tres estados y no clases de espiritualidad. Tres estados de la condición humana en la que la espiritualidad puede darse. Si pienso en el credo cuando decimos que Jesús descendió a los infiernos entiendo que en cualquier situación de descenso está la posibilidad de encuentro con cristo. El nos ayudará a subir. El hijo prodigo lo encontró durmiendo entre los cerdos.
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Miguel Sánchez Miguel Sánchez
el 4/11/14
Gracias Padre, por la redacción de esta maravillosa nota, el día de ayer hablando en este mismo contexto - encontré un texto redactado por el Padre Anselm Grün donde habla de las experiencias espirituales que tuvieron los Padres del Desierto -, me gusto el contenido porque habla de cómo en la quietud de nuestra mente podemos enfrentar muchos problemas cotidianos, resolverlos y entrar en contacto con nuestra verdadera esencia Humana y con Dios a su vez. Personalmente la vida para mí como considero que es para todos es una experiencia mayormente maravillosa para perfeccionarnos como personas en todos los ámbitos, la vida me gusta siempre pensarla como una experiencia de crecimiento, en la que como todo principio encontraremos problemas, injusticias, beneficios, ascensos y descensos. E ... » ver comentario
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MirnaMa MirnaMa
el 7/11/14
Buen día, esta reflexión llego hoy justamente en mi vida, porque con tantas adversidades, y tantos desafios en la salud, la familia,el matrimonio y la vida misma; al leer que existen tres esperitualidades podríamos llamarlos tres desafíos, pero que el centro de todo esto es nuestro Señor porque no importa que tan aturdidos estemos siempre lo encontramos a él, y nos da miedo porque la esperitualidad para llegar a ella es muy dura y díficil, ya que sus caminos son rectos y para nosotros sin su gracia se nos hace díficil seguirla como verdaderamente debemos hacerlo, ánimo y adelante Dios nunca nos deja solos, siempre nos da una luz de aliento, como la que encontré el día de hoy al leer este texto.
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maria elena maria elena
el 18/11/14
Buen dia padre; hoy con el deseo de tener un mejor entendimiento de la PALABRA DE DIOS, hw encontrado esta preciosa pagina; y si efectivamente anlizo que la vida esta llena de distintas facetas, lo que comunmente llamamos "ALTIBAJOS, y es lo acertadamente nos ensenyan los estados de espiritualidad. Pienso que a mis 70 anos he vivido todos esos estados y con la ayuda de nuestro Senor aqui sigo en el mundo, con la esperanza puesta en Dios que EL nunca nos deja solos. Infinitas Gracias y Bendiciones para Uds y su obra misionera.
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