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Tiempo saludable. (8 de Diciembre de 2012)

Angel Moreno -

Sábado I de Adviento
Tiempo saludable

Al inicio del Adviento, la fiesta de la Inmaculada Concepción reaviva el sentido entrañable de este tiempo litúrgico. Si consideramos por un lado la solemnidad en honor a la mujer escogida para ser la Madre de Dios, y por el otro, los textos del primer sábado de Adviento, nos sorprendemos con la providencia de una Palabra llena de ternura, que de alguna forma nos permite imaginar los sentimientos de la mujer gestante hacia el Hijo que lleva en su vientre, y la ternura de Dios para con todos.

“Cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe” (Is 30, 26). El Señor sana los corazones destrozados, venda sus heridas (Sal). “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias” (Mt 9, 35)

Meditación

Quizá, sólo cuando uno está enfermo valora lo que significa la mano bondadosa. Sólo cuando uno está herido, percibe el consuelo del bálsamo en la llaga. Sólo cuando sangra el corazón, se agradece la cercanía del amigo. En la extrema soledad alegra la mirada amorosa, materna.

Quizá, en la providencia del Señor, nos acontecen hechos dolorosos para que nos abramos a la necesidad de dejarnos curar, de dejarnos ayudar. Hay momentos en que nos duele más tener necesidad de auxilio que la misma razón de pedirlo. Y es justamente cuando actúa la pedagogía de Dios, llamándonos como Buen Pastor, llevándonos sobre sus hombros a la posada “samaritana”, para ungirnos con el aceite de la misericordia.

¡Cómo se agradece la palabra compasiva, aunque no pueda resolver del todo la causa de la dolencia! El pueblo de la antigua alianza tuvo que sufrir exilio, destierro, sed, mordeduras de serpientes, llanto y dolor. En esas circunstancias se elevó la voz de los profetas: “Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá»” (Is 30, 19).

Experiencia

¿Puedes testificar la extraña paradoja de habar sentido el alivio de la bondad de Dios en los momentos más recios de tu vida? ¿Tienes experiencia de la mirada maternal de María?

¿Podrías describir, al menos para hacerte más consciente de ello, alguna situación  en la que te ha llegado la ayuda necesaria en el momento oportuno? ¿Has percibido el auxilio del cielo? A María Dios la colmó de gracia. ¿Sientes tú la gracia?

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