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Solemnidad en honor de la Santísima Trinidad

Ángel Moreno -
Para honor del Misterio de Dios, Quien desde antes de los siglos gozaba en sus relaciones de paternidad y filiación en el mismo y único Amor (cf. Prov 8, 22).
 
Bendecimos a la Trinidad Santa, que en éxtasis de amor creó el universo y creó al ser humano a imagen suya, en semejanza divina, “poco inferior a los ángeles” (Sal 8).
 
El Misterio de la Trinidad es cumbre de la revelación cristiana. Jesús nos prometió que el Espíritu nos guiará hasta la verdad plena (Jn 16, 12-15), a la revelación máxima de Dios. El Espíritu nos desvela el modo de ejercitar nuestras relaciones trascendentes, fraternas y las más íntimas con nosotros mismos.
 
El Misterio de la Trinidad no es una creación teológica, es revelación divina. Jesús nos ha revelado su propia identidad en relación con Dios Padre, y la nuestra, por el Espíritu Santo que se nos ha dado, por el que podemos llamar “Padre” a Dios. El Padre nos ha reconciliado por medio de su Hijo Jesucristo, y ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo, que clama “Abbá”. Por gracia, hemos sido hechos a imagen de Dios, redimidos de Jesucristo y ungidos por el Espíritu.
 
Gracias a la luz del Evangelio, nuestra relaciones teologales, sociales, y personales quedan afectadas. Podemos sentirnos hijos de Dios, por adopción; tratar con Jesucristo como con un amigo o un hermano mayor; sentirnos habitados por el Espíritu del Señor. Tenemos en la Trinidad la razón de nuestro trato filial para con el Padre; fraterno, con Jesucristo; íntimo, dentro de nosotros mismos, con el Espíritu Santo.
 
“A Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo, que está metido en el pecho del Padre, nos lo ha dado a conocer” (Jn 1, 18). Sin poder comprender del todo el Misterio Trinitario, a su luz sabemos interpretar nuestra necesidad de relación. El conocimiento de la paternidad divina nos permite la relación de confianza. La fe en Jesucristo, Hijo de Dios, nos concede celebrar la mutua pertenencia entre nosotros. Al recibir el Espíritu Santo, se nos concede la mayor dignidad.
 
Hoy en España, recordamos especialmente a los que permanecen escondidos con Cristo en Dios, los contemplativos. Ellos mantienen la adoración que merece el Misterio Trinitario. Que los monjes y monjas, a los que tanta veces acudimos para solicitar sus oraciones en la necesidad, sientan nuestro aprecio y valoración de su vida.
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