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Símbolos de los sagrado

Ciudad Redonda, Ciudad Redonda -

Inter-cultutalidad y experiencia
Culturas de la palabra, culturas de la imagen

ANA MARÍA LEYRA:
Nació en Madrid el año 1947. Doctora en filosofía por la universidad Complutense de Madrid. Profesora de estética en la facultad de filosofía de la Complutense. Es directora del seminario permanente sobre «escritura e imagen» y de la revista «Escritura e Imagen». Sus investigaciones se enmarcan en el ámbito de la estética. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: La mirada creadora. De la experiencia artística a la filosofía, Barcelona 1983; Poética y transfilosofía, Ma-drid 1995; Discurso e imagen. La paradoja de lo sonoro, Madrid 2004. Es coautora de otras publicaciones.


Resumen de la ponencia

La Misa no es acaso una ‘reificación’ de gestos encaminados hacia la transubstanciación?», se preguntaba Marcel Jousse, el gran antropólogo francés, estudioso del «gesto y del ritmo». Es la pregunta subyacente en la primera ponencia de la tarde del día 18 de abril, a cargo de la profesora Ana María Leyra. La Eucaristía, efectivamente, ‘rei-fica’. No debemos dar al verbo ‘rei-ficar’ una acepción creadora, pero tampoco se reduce al mero recuerdo nostálgico del pasado; se trata, más bien, de hacer presente aquí y ahora la entrega del Señor, según aquello que preceptúa Jesús: «Haced esto en memoria mía». «Siempre la gran apelación trágica a la memoria del hombre. Todo está ahí. Entended esta mimo-dramática –continúa diciendo Marcel Jousse– en todo el Evangelio y tendréis el verdadero método global de la recitación del Evangelio».

La profesora Leyra iniciaba su ponencia sobre los «símbolos de los sagrado» trazando una semblanza de Marcel Jousse: el hombre, el religioso, el investigador. No exponía el pensamiento de este sacerdote jesuita francés por capricho, sino por la influencia que ha tenido en la comprensión del gesto: «sus estudios, los del P. Marcel, nos interesan sobre todo por la novedad con que aborda el tema y por la indudable influencia que sus lecciones… ejercieron en su entorno cultural», afirmó la profesora Leyra. Al fin y al cabo la Eucaristía, antropológicamente considerada, es gesto, es un «mimo-drama», el «memorial» de la pasión-resurrección del Señor. Los que celebramos la Eucaristía somos una «corporeidad expresada en el gesto»; la expresión verbal, por lo demás, lleva necesariamente la impronta gestual. Dicho de otro modo, los que celebramos la Eucaristía somos un «‘complexus’ de gestos». Desde el macro-gesto que es el ser humano brotará la palabra denominativa que es posterior a los seres nominados. En el principio existía el gesto o la realidad denominada; después vino la palabra o el signo denominativo: «Las palabras vienen después de los nombres mimados, son los modos por los que han sido sustituidos los gestos/nombres originarios».

El gesto está abierto a la interacción con otros gestos, creándose un universo gestual. Pongamos un ejemplo, «el volar del pájaro o el nadar del pez no quedarán reducidos a mimar su condición de volador o de nadador, sino que se interactuarán en miríadas de acciones transitorias: por ejemplo, se podrá hablar del volador comedor del nadador, en tres gestos que se muestras sin solución de continuidad. Son tres gestos mímicos íntimamente relacionados, el segundo prolonga al primero y el tercero al segundo». Se crea de este modo la frase gramatical: «el pájaro come al pez», llamada por Marcel «el gesto proposicional». Reducida la frase a esquema, se obtiene el siguiente:

Pájaro (volador)
Comer (comedor)
pez (nadador)
Agente
Actuando
sobre el que actúa

De modo similar podemos seccionar esta otra frase: «Mi cuerpo es entregado por vosotros»: el cuerpo, como sinécdoque de la persona, es el agente donante y el don; la acción es la entrega; el «vosotros» es el receptor del don. La palabra, como puede advertirse, es denominativa y generada por el gesto real. Esta hermenéutica libera la palabra bíblica de la estrecha cárcel en la que estuvo encerrada, el «mundo de la verdad surgido de la cultura griega», para sacarla al amplio campo de la libertad que es el mundo del símbolo. Se rescata así la genuina intencionalidad de la Palabra «que mira más al hombre que al mundo», terminó diciendo la profesora Leyra.


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