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Signos de Presencia

Bonifacio Fernandez, cmf -

Hay juegos de cartas que admiten las señas. Son gestos, movimientos en rostro que tienen un significado. El compañero de juego sabe interpretar.

Cuando leemos un texto escrito nos encontramos también ante una serie de signos. Son letras que hacen sílabas.  Les ponemos voz y pronunciamos palabras;  las palabras escritas son signos que remiten a la voz; y ambos tienen un significado: remiten a cosas, ideas, incluso a imágenes y metáforas de la realidad.

Nuestra vida cotidiana está vinculada a los signos; los necesitamos  para movernos en las calles de las ciudades y en las rutas de las montañas. Los necesitamos para tomar conciencia de la línea del tiempo que atraviesa nuestra existencia desde la cuna al sepulcro. Las historias de amor están marcadas por hechos significativos: conocerse, declararse, comprometerse, pedirse.

Evocación

Nuestras biografías personales  están llenas de realidades significativas: fotos del bautizo o de la boda, libros del colegio, recuerdos de personas, de lugares, de las etapas de nuestro itinerario personal. En un sentido amplio podemos hablar de los sacramentos de la vida. Se trata de objetos de la vida cotidiana que hacen referencia a momentos, relaciones y experiencias de nuestra vida. Cuando los contemplamos con atención transparentan secuencias de nuestra historia: nacimiento de los hijos, muerte de los padres, final de la formación  profesional.

La metáfora de la vida

Esos mismos recuerdos pueden adquirir nuevos significados. Esto acontece cuando los miramos con ojos de fe en el sentido  humano y cristiano. Los percibimos en la medida en que  la fe cristiana entra en simbiosis con la vida humana. La historia personal se convierte en narración creyente; habla por sí misma de otra dimensión. Todas las acciones individuales y las interacciones  relacionales  forman parte de ese relato de la vida cotidiana. Nuestras historias de vida están entretejidas de acciones e interacciones, pero también de intenciones y finalidades, de crisis y nuevos comienzos. Se inscriben en una trama que le confiere su  unidad, manifiesta su alcance espiritual, la sitúa en el tiempo, tanto en el tiempo humano como en el tiempo cronológico.

Provocación

Las historias de vida manifiestan la memoria creyente. Y también los olvidos de cómo Dios se ha ido haciendo presente con su palabra creadora. Pueden ser memorias peligrosas, tanto si  evocan el dolor como si actualizan la alegría. Desde ambas laderas remueven y conmueven el presente que se aísla sobre sí mismo  en forma de identidad cerrada. Los acontecimientos no han sido así por casualidad. Podemos descubrir cómo el Espíritu de Dios ha ido configurando  nuestra existencia. Podemos descifrar la presencia escondida de Dios en la historia y en el presente personal, conyugal, familiar.  Para ello se necesita afinar la escucha de la Palabra bíblica que hablan también de nosotros. Se necesita agradecer y orar la vida cotidiana en contacto con las grandes historias bíblicos de amor y desamor.  Seguros de que ese ejercicio es siempre una buena noticia.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

el gato el gato
el 3/8/17
Esos mismos recuerdos pueden adquirir nuevos significados. Esto acontece cuando los miramos con ojos de fe en el sentido humano y cristiano. Los percibimos en la medida en que la fe cristiana entra en simbiosis con la vida humana. La historia personal se convierte en narración creyente; habla por sí misma de otra dimensión. Todas las acciones individuales y las interacciones relacionales forman parte de ese relato de la vida cotidiana. Nuestras historias de vida están entretejidas de acciones e interacciones, pero también de intenciones y finalidades, de crisis y nuevos comienzos. Se inscriben en una trama que le confiere su unidad, manifiesta su alcance espiritual, la sitúa en el tiempo, tanto en el tiempo humano como en el tiempo cronológico. bonito no?
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