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Siete discípulos

Ángel Moreno -
Es conocido el simbolismo de número siete como medida perfecta en diversos cánones arquitectónicos, pictóricos y filosóficos. Al repasar las escenas de Pascua, encontramos en el relato del Evangelio de San Juan, el número de siete discípulos en el Lago de Tiberiades: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.” (Jn 21, 2)

Puede pasar desapercibido que el autor sagrado haya completado la lista de los discípulos con nombre propio, con la presencia de otros dos, cuya identidad desconocemos. Sin embargo, con ello se explicita una referencia a la totalidad. Aunque en otros textos se hable de los “once” o de los “doce”, a la hora de aludir a los Apóstoles, en éste, la presencia de siete discípulos de Jesús significa una experiencia colegial de la resurrección de Cristo.
 
El número siete está remecido de significado. La creación se desarrolla en siete días; siete veces al día ora el salmista (Sal 118, 164), siete semanas dura el tiempo de Pascua.
 
La orquesta de Nabucodonosor está compuesta por siete instrumentos: “El cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música” (Dn 3, 5). La música tiene siete notas. Siete son los colores del arco iris.
 
Sorprende que los árboles que anuncian los tiempos mesiánicos sean siete: “Pondré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivares. Pondré en la estepa el enebro, el olmo y el ciprés a una” (Isa 41, 19). Los ángeles del Apocalipsis con sus trompetas, anunciando el final de los tiempos, son siete.
 
Con siete panes, Jesús dio de comer a la multitud (Mt 15, 34). Siete son las obras de misericordia y los sacramentos. Setenta veces siete deberemos perdonar (Mt 18, 22). «Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", le perdonarás». Dijeron los apóstoles al Señor: «Auméntanos la fe». (Lc 17, 4-5)
 
Jesús pronunció siete palabras en la Cruz. Al Cordero degollado se le debe: “poder, riqueza, sabiduría, fuerza, honor, gloria y alabanza (Ap 4, 12). Los dones del Espíritu Santo son siete: “sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios” (Is 11, 1-2).
 
Estamos llegando al final de Pascua, tiempo colmado de luz, de cánticos de Aleluya, de haber sellado con siete sellos nuestra pertenencia al Señor, de habernos reconciliado y perdonado, de sabernos enteramente de Él, no en vano este tiempo dura cincuenta días, para consolidar nuestra adhesión a Cristo resucitado, nuestra fe en Él.
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