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Si Deus nobiscum, Quis contra nos?

Francisco Carin -

    La situación de la Iglesia Católica en China es, cuanto menos, controvertida. Como con todo lo que trata de China, todo el mundo opina, todo el mundo es maestro y doctor aunque nunca haya pisado estas tierras, o de haberlo hecho no ha salido de la “sota, caballo y rey” que son Beijing, Shanghai y Xian (esta última la puedes cambiar por cualquier otra ciudad turística habitual, como Lhasa, Hangzhou...). Y es que atreverse a hablar de China es como querer hablar de Europa, un “continente” (por no ofender diciendo apéndice de Asia) bastante más homogéneo cultural y socialmente que China.


    En 1949 se produjo, de acuerdo a la mitología oficial del Partido Comunista Chino, la “liberación” de China; ciertamente, fue la primera vez en milenios que el pueblo Chino conquistó su libertad más allá de estructuras imperiales y de servidumbre semejantes, salvando distancias, a las existentes en la Europa de la Edad Media; y, en cierto modo, lo que fue para Europa la Revolución Francesa y el fin del Ancien Regime, tan denostada entonces por la Madre Iglesia (la despojó de sus muchos privilegios en Francia), ha sido para China el nacimiento de la República Popular China (RPP) y la liberación. Cierto que los inicios no fueron de lo más augur, con las múltiples campañas de concientización, el Gran Salto Adelante, o la tragedia aún sin enfrentar de la Revolución Cultural; sin duda aún le queda mucho camino por andar al pueblo Chino.

    Pero hay que ser humildes y no olvidar que la actual situación de armonía social europea (que tampoco está como para tirar cohetes) no fue algo conseguido inmediatamente tras la Revolución Francesa –inaugurada con decapitaciones. Poca historia hay que saber para no ser consciente de las tragedias que progresivamente se fueron desenvolviendo en Europa de 1789 a 1945, incluyendo dos Guerras Mundiales y la colonización-depredación de 2/3 partes del planeta. Si se contara la cifra de muertos directos e indirectos sobrepasaría con creces la de cualquier régimen tiránico actual; es más, en el caso de China, habría que verlo en numérica perspectiva; esto es, hay que considerar la abismal distancia entre la  población europea incluyendo Rusia entre 1792 [200mill] - 1945 [500mill] y la de China entre 1949 [500mill] - 2009 [1600mill], así como la diferencia entre 150 años de historia y los meros 60 que lleva China en esta nueva andadura histórica. Cierto que ellos no parten de cero, que se alzan sobre las espaldas de las conquistas políticas y sociales de la modernidad occidental y que por lo tanto el paso al que pueden marchar es más acelerado -he aquí la razón de cómo han conseguido tanto en tan poco tiempo, sin quitar mérito a su esfuerzo, que no les ha faltado. Sin embargo, para que el desarrollo de una sociedad sea adecuado, las transformaciones que la afectan necesitan de tiempo para terminar calando y convertirse en un nuevo paradigma social y ético, en algo tan inherente a esa sociedad que si no lo tuviera no podría concebirse a sí misma. Esta misma experiencia la hemos vivido en nuestra amada Iglesia Católica; históricamente ha sido de las organizaciones más reaccionarias en lo que se refiere a la aceptación de los derechos humanos –incluidos libertad de pensamiento y religiosa, igualdad de la mujer, igualdad racial, democracia- de los movimientos obreros de reivindicación, de la ecología… sin embargo, y pese a que aún queda en la Iglesia mucho que depurar “ad intra” (allí donde los fantasmas y demonios se esconden en quasi-acertijos  de leyes naturales y divinas), es cierto que hoy en día la mayoría de los católicos conciben los derechos humanos, la ecología, la democracia… (y su defensa) como algo inherente a las exigencias de la fe cristiana. Nos costó llegar, pero lo hemos conseguido… con sus más y sus menos.

    Los cien años previos al establecimiento de la República Popular China, son años que en China se consideran de oprobio a mano de las potencias colonizadoras. Imperios en declive como Portugal, Francia y otros en ascenso Estados Unidos, Japón, Rusia, Gran Bretaña, Alemania… mangoneando a la nación-pueblo Chino, y la Iglesia, por desgracia, aprovechando en muchos casos el río revuelto para hacer ganancia; es que a pescadores no nos gana nadie. De hecho hay que esperar hasta el 20 de Octubre de 1926 para por fin ver ordenados los primeros obispos Chinos ¡tras 300 años de labor evangelizadora! Para que nos hagamos una idea, se solía decir en China “un cristiano más, un Chino menos”. Evidentemente, el momento en el que un partido como el comunista obtuvo el poder, se acabo lo que se daba y todos los extranjeros, incluyendo clero y religiosos católicos, fueron declarados persona non grata y tuvieron que abandonar el país.

    Hoy en día la Iglesia Católica China es una Iglesia que busca ser fiel al Evangelio y a la Iglesia Universal sin olvidar su historia y el pueblo donde está encarnada y es llamada a anunciar la Buena Noticia. Querer que la Iglesia China vuelva a la situación pre-1949 en las relaciones Estado-Iglesia es como querer que en Europa se haga una Constitución Europea que hable de Monarquía Absoluta, unión Trono-Altar o que considere a la mujer un ciudadano de segundo orden. La Iglesia China ha dado un paso peligroso por lo delicado que es y es un paso consecuencia del intento de eliminar toda posible intromisión de poderes extranjeros en la sociedad China, incluido el nombramiento de obispos por parte de un Jefe de Estado extranjero (que casualmente es el Obispo de Roma y Primado de Occidente… ¿o es al revés, primero Primado y luego Jefe de Estado?). Es más, viendo el poder que pretenden algunos obispos en las esferas políticas (España sin ir más lejos), no es de extrañar que desde China se mire con sospecha a una jerarquía Católica nombrada desde el extranjero; algunos católicos de occidente miran con envidia la elección episcopal  en China (teóricamente los obispos son elegidos democráticamente por representantes del clero, religiosos y laicos de la diócesis), aunque no es para tanto, ya que aquí el tejemaneje lo realizan diversos organismos gubernamentales Chinos. Al final el que sufre es siempre el mismo: el Santo Pueblo de Dios, la Iglesia.

    Hace poco que se reunieron en el Vaticano obispos , sacerdotes, religiosos (espero que laicos también) que están trabajando en China para hablar de la situación de la Iglesia allí. Es una pena que no hubiera nadie del Continente y que la representación “China” de Hong Kong, Macao o Taiwán sea, en general, bastante anti-dialogante cuando el interlocutor es el Gobierno Comunista de China; cierto que el Partido Comunista tiene mucho que mejorar pero hasta que no lo reconozcamos como válido interlocutor todo esto no es más que un diálogo entre besugos. Nos guste o no el Partido Comunista Chino gobierna China.

    Así pues… ¿qué hacemos aquí? En mi caso ver para poder juzgar con acierto, y ayudar a otros a hacerlo con algo más de conocimiento de causa. Actuar para que los pilones de eclesialidad que aún quedan en este puente maltrecho no terminen de romperse, intentar tenderme allí donde hay herida para que, cual célula madre, poco a poco se restaure el tejido de la oikumene eclesial, una restauración que va a necesitar de odres nuevos, pues el vino que se esta produciendo en esta Iglesia China es vino nuevo, una experiencia nueva que necesita ser acompañada y cuidada, podada en lo que puedan ser excesos y apuntalada en lo que necesite aún refuerzo. Desde mi experiencia puedo decir que amor y comunión con la Sede de Pedro no faltan; sospechas en algunos ante posibles agendas políticas ocultas… tampoco. Cierto que para algunos (que creen que al enemigo ni agua) somos traidores, que estamos dando de comer al mismo diablo y jugando con fuego, el fuego del Cisma eclesial. Para otros somos instrumentos para usar y abusar, para justificarse en sus también ocultas agendas de manipulación de la Iglesia Católica China desde el poder político. Para la Congregación creo que somos “pioneros sin causa” y para Dios… ahí no llego; yo se lo pregunto y no responde. De momento me conformo con una frase del evangelio que frecuentemente recordamos en la versión exclusivista de Mateo (Mt. 12, 30), pero yo prefiero la más olvidada de Marcos (Mc. 9, 40), más inclusiva y seguramente la original al ser un evangelio más antiguo: Quien no está contra nosotros está con nosotros. Ciertamente la Iglesia Católica China no está contra la Iglesia Católica Universal aunque para algunos pueda haber ciertas sospechas, históricamente bastantes fundadas, para desconfiar de los manejos que se producen entre las bambalinas de la Madre Iglesia. Mientras tanto… aquí estamos a las duras y a las maduras y seguramente hasta que la muerte nos separe… o nos terminen echando.

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