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Sentir el verano

Bonifacio Fernandez -
    Con un juego de palabras quiero redactar  una  reflexión que pueda ser útil a la hora de situarse ante el próximo tiempo de verano. Un juego de palabras que riman con “sentimiento”, me sirve  como  breve hilo conductor…

1.Sentimiento

    Salir del ritmo ordinario del tiempo es percibido, en principio, como una gran liberación. Liberación de la  sumisión a la agenda, al horario, al ritmo apretado del trabajo y de las prisas. Implica sentir el ritmo de la vida de otra manera: en su viveza, en su euforia o en su angustia. Posiblemente la ruptura de la secuencia apretada de las horas permite que afloren fuertes e intensos sentimientos. En medio de las prisas de las actividades cotidianas se pueden desoír. Quitada de en medio la agenda y el reloj, los sentimientos reprimidos afloran con insistencia. ¿Qué sentimientos prevalecen?

2.Asentimiento

    Se brinda la oportunidad de experimentar la vida  tal como se presenta, de aceptar con espontaneidad los acontecimientos que la van tejiendo. Se trata de aprender a amar la vida. Las estadísticas nos cuentan que es después de un tiempo de verano o simplemente de vacaciones cuando crecen las separaciones, los divorcios, los conflictos familiares. ¡Qué paradoja! Tal vez sucede que sin la defensa de las rutinas programadas, emerge con fuerza la realidad del vacío interior, de la propia soledad o frustración. El tiempo libre y desorganizado brinda la posibilidad del descubrimiento de lo que son simples rituales, rutinas que no sólo esclavizan, sino que defienden de la realidad de la falta de relación cálida y comunicativa en la vida de pareja y de familia.
   
3.Consentimiento

    Lo normal es que en el tiempo de descanso veraniego se ejercitan relaciones nuevas; se traban nuevos contactos; se visita a los amigos y familiares. Se hacen vacaciones con los hijos. Taal vez en grupo. Es un tiempo en que se siente más con otros; se consiente la comunicación, la confidencia; se consiente la memoria, los recuerdos y las promesas. Pero al mismo tiempo,  las vacaciones brindan la oportunidad  y hasta la necesidad de tomar decisiones  de modo imprevisto. Y es ahí precisamente donde aflora con más fuerza la realidad de las diferencias personales y conyugales: diversidad de gustos, de apetencias, de amigos y familias. Y si no se está atento la diferencia se vive como una amenaza. Y termina en conflicto. Y enturbia el gozo deseado.

4.Resentimiento

    ¡Cuidado con el resentimiento! Puede estar al acecho, brotar de manera especial. ¿Por qué yo no puedo disponer de lo que otros disponen? ¿Es que estoy condenado a ser infeliz? ¿No tengo yo derecho a ser feliz? ¡No me permiten gozar, disfrutar…!
¡Estoy siendo un esclavo/a de todos! Tal vez hay alguien que me ha robado alguna etapa de mi vida… y ahora ya no me queda tiempo para disfrutar; tengo sentimientos de frustración y decepción. Y eso se expresa en rabia y en brotes de cólera… Me lamento de que no he aprendido a vivir. Me han negado la felicidad… ¿o me la he negado yo mismo/a?

5.Presentimiento

    El tiempo del descanso vacacional representa la evidencia de que se puede vivir de otra manera, de que las esclavitudes y los gozos del trabajo tienen su efecto de anestesia. Cuando se libera la vida, surgen las ganas de vivir. Se presienten nuevas oportunidades, nuevas relaciones. Se contrasta el lugar donde se vive con el lugar donde se descansa y se disfruta…Se vislumbran nuevas posibilidades, una vida más creativa, más fecunda… Y, sin embargo, se está sometido a la ley del trabajo. Y hay que terminar reconociendo que es una bendición. Estamos en tiempo de crisis.
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